Inmaculada ATRIBUIDA A MATEO CEREZO - Antigüedades Conde de Aranda
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Inmaculada
ATRIBUIDA A MATEO CEREZO

Escuela Madrileña del siglo XVII. Atribuido a , Mateo CEREZO (Burgos, 1637 – Madrid, 1666).

“Inmaculada”.

Óleo sobre lienzo.

Medidas: 55 x 50 cm; 65 x 50 cm (marco).

El fondo celeste de la pintura, con nubes, cuenta con una serie de cabezas de angelitos hacia las esquinas y en la parte inferior. La Virgen, vestida de blanco, resalta contra este paisaje gracias al manto azul que flota al viento. Como es habitual en la iconografía, el cuarto lunar se presenta a los pies de María, con los cuernos hacia abajo como lo sitúan algunos pintores en ciertas obras, y junta las manos en actitud de oración.

También junta las manos la Inmaculada de Mateo Cerezo que se conserva en el Monasterio de Santa Paula de Sevilla, y la composición, con los angelitos en las esquinas y a los pies de la Virgen, recuerda a unas que se encuentran en colecciones privadas española y a la pintada sobre cobre del Hermitage, por citar sólo algunos ejemplos.
El dogma de la Inmaculada defiende que la Virgen fue concebida sin Pecado Original, y fue definido y aceptado por el Vaticano en la Bula Ineffabilis Deus, de 8 de diciembre de 1854. Sin embargo, España y todos los reinos bajo su dominio político defendieron antes esta creencia. Iconográficamente, la representación toma textos tanto del Apocalipsis (12: “Apareció en el cielo una señal grande, una mujer envuelta en el sol, con la luna debajo de sus pies, y sobre la cabeza una corona de doce estrellas”) como de las Letanías Lauretanas rezadas tras el rosario y que contenía epítetos de María tomados del Cantar de los Cantares del Rey David. Uniendo ambos textos y tras una evolución que ya comienza a finales de la época del Gótico, se llega a una tipología muy sencilla y reconocible que presenta a la Virgen sobre el cuarto lunar, con las estrellas en su cabeza y vestida de luz (con un halo en la cabeza sólo o en todo el cuerpo), normalmente vestida de blanco y azul en alusión a la pureza y la eternidad (aunque también puede aparecer de rojo y azul, en relación entonces con la Pasión), las manos sobre su pecho casi siempre y representada joven por regla general.
Mateo Cerezo debió comenzó su formación en el taller de su padre, llamado como él. Se le conoce trabajando en 1659 en Valladolid, donde su estilo todavía era algo tosco, comparando con el posterior. Su estilo muestra una fuerte influencia de Carreño, pintor con el que colaboró en muchas ocasiones y que le mostró el camino que seguía la senda trazada ya por Van Dyck y Tiziano. Sus composiciones muestran complejas y amplias escenografías, que llaman la atención por el refinamiento que lograr plasmar tanto en el conjunto como en los distintos elementos que componen la pintura. Sus magníficos ropajes, su pincelada fluida, sus juegos de luces… se muestran en la mayoría de sus trabajos.
Su variada obra fue muy buscada ya en vida del pintor, apreciado sobre todo por sus pinturas de tema religioso, y destacado también por sus bodegones. Su pintura se conserva sólo en una poscas colecciones privadas, y en instituciones como el Museo del Prado de Madrid, en el Contento de Jesús y María de Valladolid, en el Museo del Louvre de París, en el de Bellas Artes de Budapest, en el de la Fundación Lázaro Galdiano de Madrid.

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