El nacimiento de la perspectiva en el arte: Tintoretto y “El Lavatorio”

Hoy en día el uso de la perspectiva está tan extendido que es un detalle que nos puede pasar desapercibido y no entramos a hacer valoraciones.

Sin embargo, esto no fue siempre así, ya que el uso de reglas y operaciones matemáticas para estructurar el espacio de un cuadro dando sensación de profundidad, se empezó a utilizar con el Renacimiento.

La perspectiva en el arte durante el Renacimiento

Cuadro El Lavatorio Tintoretto perspectiva

De Tintoretto – http://www.museodelprado.es/imagen/alta_resolucion/P02824.jpg, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=16957833

Si bien Tintoretto no fue el primer pintor en reflejar la sensación de profundidad en un cuadro, es en esta época renacentista cuándo se da el salto que transformaría el lenguaje pictórico para siempre en Europa.

El primer pintor que consiguió reflejar con gran fidelidad la realidad que percibía el ojo humano fue el joven Masaccio empleando el punto de fuga consiguiendo una perspectiva lineal de dos dimensiones.

Durante el Renacimiento observamos la influencia de la ciencia en el arte, más concretamente en los cálculos matemáticos de los que parte la perspectiva. En 1434, Filippo Brunelleschi formula las leyes de la perspectiva cónica. Este sistema consistía en la representación gráfica basada en la proyección de un volumen sobre un plano con la ayuda de la proyección de líneas.

“El Lavatorio” de Tintoretto y la perspectiva

Si alguna vez hemos tenido la suerte de ver este cuadro, lo primero que destaca son sus grandes dimensiones.

Se trata de una obra realizada para exponerse en la iglesia de San Marcuola en Venecia. La idea de Tintoretto por la cual situó a los personajes principales a la derecha, era que, una vez situado el cuadro a la derecha del altar, los creyentes verían más cerca la parte dónde estaba Jesús. De hecho, si hoy asistimos al Museo del Prado de Madrid y nos colocamos en la parte de la derecha, vemos que la composición cobra sentido. 

El Lavatorio es una de las obras más importantes de Tintoretto. Representa una escena del Evangelio de Juan, la que se describe que durante la Última Cena, Jesús se levanta, se quitó el manto y se ató una toalla a la cintura. Lleno un recipiente con agua y lavó los pies de todos los apóstoles allí presentes.

Este cuadro levantó ciertos rumores ya que, como podemos apreciar, coloca en primer plano a un perro. Esto llamaba poderosamente la atención, además de la ubicación de los personajes de una forma un tanto desordenada, con espacios entre medias y abandonando cualquier tipo de simetría. Es por ello que en un principio se la catalogó como una obra manierista. Sin embargo, al colocar el cuadro en la posición para la cual fue concebido, podemos asistir a una composición más bien clásica.

Tintoretto quiso adaptar la perspectiva al ojo humano, retocando y adaptando las líneas con el cuadro en su emplazamiento. El cuadro tiene un punto de fuga que es el arco del fondo y, si nos acercamos podemos apreciar todavía un pequeño agujero dónde Tintoretto ancló el clavo del cual tiraría todas las líneas para crear la composición con esa perspectiva.

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