¿Cuándo debemos considerar que tenemos una Antigüedad?

Cómo saber si es una antigüedad o no

valor antiguedadUna pieza antigua no se considera una obra de arte solamente por tener años, hay que reunir una serie de requisitos. Por ejemplo, cuando hablamos de pintura no por tener un cuadro del siglo XX podemos creer que tenemos una antigüedad. Si bien un cuadro ya es antiguo porque pertenece al siglo pasado (tiene más de 100 años desde su creación, que es lo comúnmente aceptado para considerarse antigüedad), con este modo de pensar casi todo el mundo seríamos una antigüedad, ya que nacimos en el siglo pasado, y no es así.

Requisitos para considerar una antigüedad un objeto u obra

Tenemos que decir que una antigüedad ha de tener más de 100 años, pero debe tener un mínimo de calidad. Por lo tanto son objetos que tienen un diseño o grado de artesanía considerable. Como no es algo que se pueda medir objetivamente, lo mejor es que se acuda a algún anticuario en Madrid, Barcelona o en alguna otra ciudad grande para que determine su valor correctamente.

Es verdad que el siglo XX ha dado a artistas muy importantes y valorados, pero esas obras no valen por los años que tienen, si no por su autor.

En el mundo de las antigüedades y del arte se deben de reunir una serie de requisitos.

Hablando concretamente en el mundo de la pintura y la escultura, tenemos en cuenta cuatro cosas para determinar el valor de la obra que son:

  • Autor.
  • Época, ya que hay una diferencia entre antiguo y viejo.
    • Antiguo: esta palabra tiene connotaciones de valor, por lo que el paso de los año le ha otorgado un valor añadido al objeto.
    • Viejo: se refiere simplemente a los años que tiene el objeto en cuestión e incluso muchas veces tiene una connotación negativa. Los años no le han otorgado un valor añadido, más bien, al revés.
  • Temática.
  • Estado de conservación.

 

¿Cuándo un mueble se considera antiguo?

En el mundo del mueble ya no estamos hablando de autoría, si no de antigüedad, y aquí es donde muchas veces hay equívocos sobre las épocas.

Un mueble no es una antigüedad por ser del siglo XX, pues como ya hemos expuesto anteriormente, la mayoría de las personas actualmente seríamos una antigüedad por ser del siglo XX.

Aunque el mueble pertenezca a principios del siglo XX y usted piense que tiene más de 100 años, en el mobiliario, además de tener época tiene que tener calidad obligatoriamente. El anticuario y coleccionista, lo que más busca son piezas de época, y las épocas que busca son lossiglos XVII, XVIII y XIX. En muebles como en las artes decorativas en general, los siglos XVIII yXIX son los predominantes.

Comenzando con en el siglo XVIII, vamos a tener un estilo barroco tardío, rococó e incipiente neoclasicismo, con un romanticismo ya en el XIX en el que destaca el neogótico, historicismo donde interviene el eclecticismo, las arts & crafts y el modernismo a las puertas del XX. Destacamos en el mundo de las antigüedades los predominantes estilos Luis XVI e isabelino.

Con esto queremos decir que si piensa si tiene alguna antigüedad, miren la calidad primero de la pieza.

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Vender antigüedades en Madrid

RELOJ HERMANOS LEROLLE

Consejos para vender sus antigüedades en Madrid

Los objetos antiguos son muy apreciados por un sector de la población que admiramos el trabajo y el esfuerzo de los objetos artesanales que en el pasado se hacían con el mayor de los cuidados.

Si usted tiene la suerte de tener objetos antiguos que quiera vender ya sean cuadros antiguos, muebles u objeto de porcelana de Capadimonte como los que tenemos en nuestra galería, le vamos a dejar algunos consejos para vender sus antigüedades en una tienda especializada.

Cómo vender antigüedades

  1. Investigación. Debemos realizar una pequeña labor de investigación para averiguar de qué objeto se trata. Importante saber la época, el material del que está realizado y en los casos de pinturas antiguas, conocer al autor y título del cuadro.
  2. Comparar. Buscaremos otros objetos similares e intentaremos encuadrar el precio dentro de un margen, para saber cuánto dinero nos darán por vender nuestros objetos antiguos.
  3. Anticuario especializado. Es importante que el anticuario de Madrid o de dónde esté buscando, sea de confianza y tenga experiencia y conocimiento sobre el sector de la venta de antigüedades.

Anticuario en Barrio Salamanca – Conde Aranda

Antigüedades Conde Aranda se pone a su disposición para cualquier tipo de duda o consulta que pueda tener. Estaremos encantados de atenderle ya que el mundo de las antigüedades es nuestra pasión.

Puede llamarnos a nuestro teléfono de contacto de la tienda de antigüedades que tenemos en Barrio Salamanca y le aconsejamos tener una cita personal para que pueda conocernos, visitar nuestra Galería de Arte y asesorarle de la mejor forma posible.

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Anticuario Madrid

Anticuario, tienda de antigüedades en Madrid

Antigüedades Conde de Aranda es una tienda con más de 30 años de experiencia situada en pleno centro de Madrid. Disfrutamos del magnifico entorno que nos proporciona el prestigioso Barrio Salamanca, al que acuden buenos clientes interesados en nuestra pequeña galería compuesta por cuadros, muebles y cerámica de todas las épocas.

Nuestra tradición y compromiso con nuestros clientes nos ha llevado a conseguir un hueco dentro de la compra de antigüedades, a lo que nos dedicamos con pasión y constancia. Nuestro equipo está formado por expertos en antigüedades por lo que nuestras valoraciones suelen ser satisfactorias para nuestros clientes.

Actualmente, nuestra tienda de antigüedades emplazada en la Calle Conde de Aranda 5, se ha convertido en una galería familiar e interesante. Les invitamos a que se acerquen a este espacio ya sea para adquirir algún tipo de antigüedad o si están interesados en, por ejemplo, vender muebles antiguos, cuadros, cerámicas…

Dispondrán de nuestra atención y compromiso siempre que lo necesiten, estaremos encantados de atender y responder a cualquier duda que pueda surgirles dentro del campo de las antigüedades.

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Francisco Javier AMÉRIGO Y APARICI, “Paseo en barca”

Paseo en barca - Francisco Javier Amérigo y Aparici

“Paseo en barca”.
Óleo sobre lienzo.
Firmado en la popa de la barca.
Marco de época.
Medidas: 84 x 115,5 cm; 110 x 131 cm (marco).
Francisco Javier Amérigo nos muestra aquí una alegre fiesta a bordo de una barca de paseo, ocupada por una serie de damas y caballeros ataviados a la moda, uno de ellos con traje de majo, acompañados por varios niños. La barca es dirigida por un hombre de poderosa musculatura, que queda de espaldas a nosotros en una posición magistralmente plasmada, que refleja su esfuerzo y la tensión de su cuerpo. El resto de personajes, en cambio, permanecen ajenos a su presencia, ocupados charlando y bebiendo. Una niña, situada frente al timonel, se inclina para contemplar el agua, y en el mismo lado de la barca vemos a una joven dama que toca con su mano derecha el agua, jugando con los delicados cisnes que nadan junto a la embarcación, un detalle a la vez narrativo y ornamental que enriquece la escena. Las actitudes son pues muy variadas, si bien centra nuestra atención la figura de espaldas del caballero que alza una copa de licor haciendo un brindis hacia las damas. En la proa de la barca, un segundo grupo se sitúa en torno a la figura del majo, sentado de forma despreocupada en una situación elevada, sirviendo gallardamente vino a una de las damas situadas junto a él. La barca aparece en el centro del cuadro, perfectamente equilibrada en el espacio, sobre unas aguas en calma, espejadas, de tonalidad nacarada y ricas en reflejos y matices cromáticos. El río, muy ancho en el primer plano, gira formando un recodo al fondo, en el lado derecho, dirigiendo nuestra mirada hacia el fondo, delimitado por un horizonte azulado, de montañas de cumbres envueltas en nubes. Este horizonte se sitúa a media altura, dejando un amplio espacio para el desarrollo del cuelo, casi completamente cubierto por nubes blancas trazadas con dinamismo y delicadeza.

Francisco Javier Amérigo desarrolló su formación en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos, en Valencia, donde tuvo como maestro a Francisco Martínez Yago. Entre sus compañeros de estudios se hallaba el hijo de éste, Salvador Martínez-Cubells, quien sería su gran amigo el resto de su vida. Amérigo se trasladó posteriormente a Madrid para ampliar sus estudios en la Escuela de San Fernando, y en 1865 partió hacia Roma. Allí conoció a Eduardo Rosales y a Mariano Fortuny, y desde Roma envió el cuadro “Un Viernes Santo en el Coliseo de Roma”, con el que obtuvo segunda medalla en la Exposición Nacional de Madrid de 1876. En 1877 regresa a España, instalándose en Madrid, y ese mismo año participa de nuevo en la Nacional con el monumental lienzo de historia “Del saqueo de Roma”, obteniendo la ansiada medalla de primera clase. Aunque este cuadro se enmarca dentro de un género considerado como el supremo entonces, la pintura de historia, representa sin embargo la corriente más liberal de la misma, opuesta al triunfalismo propagandista que era generalmente premiado en los certámenes nacionales. De hecho, en él Amérigo retrata la devastación llevada a la capital del catolicismo por las tropas de Carlos V en 1527. No obstante, sus éxitos se continuarán, y será de nuevo premiado con primera medalla en 1892 por “Derecho de asilo”. Aparte de estos grandes lienzos de historia, Amérigo cultivó la pintura religiosa (pinturas del techo de la sacristía de la basílica de San Francisco el Grande, Madrid), y también creó escenografías para el Teatro Martín de la capital. Actualmente se conservan obras de Francisco Javier Amérigo (Francia, 1937).

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Escuela flamenca del siglo XVI. “Virgen con Niño”

Virgen con niño

Óleo sobre tabla.
Con marco del siglo XIX.
Medidas: 15,5 x 11,5 cm; 30 x 25,5 cm (marco).

Un fondo oscuro contribuye a destacar las figuras que se muestran. María aparece con los cabellos descubiertos, cayendo por su espalda, y sostiene a Cristo en sus brazos, al que mira entrecerrando los ojos. Jesús, por su parte, está desnudo (como es habitual en la escuela flamenca), sobre un paño blanco, entre los brazos de su madre, y alza una mano a la barbilla de María, para acercar el rostro de ella al suyo, como si la consolara.

La máxima preocupación de los pintores de Flandes fue la búsqueda de la realidad por encima de todo. En relación con este anhelo, se presta una enorme atención a las calidades de los objetos, así como a los más mínimos detalles, dotados además frecuentemente de una carga simbólica. La iconografía sigue siendo principalmente religiosa, y en las escenas predominará un dibujo correcto y preciso, muy minucioso. Del mismo modo, tratan de plasmar una iluminación lo más verídica posible, ya sea artificial o natural, siempre modelando las carnaciones y produciendo claroscuros en mayor o menor grado. Otras características propias de esta escuela derivan directamente de la influencia de Van Eyck, el gran pintor flamenco. Debido a su influencia los pintores españoles con un detalle preciosista, de una minuciosidad casi miniaturista, y se recrean en elementos ornamentales como las joyas o las vestiduras, reflejadas con precisión y suntuosidad. Durante el siglo XV, el estilo realista de los Países Bajos influyó mucho fuera, sobre todo en Italia, pero en el XVI el panorama se invierte. El Renacimiento italiano se difunde por Europa, y Amberes se convierte en el centro de la escuela flamenca, desbancando a Brujas y funcionando como centro de penetración de las influencias italianas. De este modo, llegan a los Países Bajos influencias manieristas que se superponen al estilo del siglo XV. Habrá muchos pintores continuadores del estilo de los primitivos flamencos, pero otros se mostrarán tan abiertos a las influencias renacentistas que incluso dejarán de pintar sobre tabla, soporte tradicional de la pintura flamenca, para empezar a hacerlo sobre lienzo como los italianos.
El tema de la Virgen representada con la el Niño Jesús, y más concretamente con éste en su regazo, sentado o de pie, tiene su origen en las religiones orientales de la Antigüedad, en imágenes como la de Isis con su hijo Horus, pero la referencia más directa es la de la Virgen como “Sedes Sapientiae”, o trono de Dios, en el arte cristiano medieval. Poco a poco, con el avance del naturalismo, la Virgen pasará de ser un simple “trono” del Niño a revelar una relación de afecto, a partir del periodo gótico. Desde entonces las figuras irán adquiriendo movimiento, acercándose la una a la otra, y finalmente desaparecerá el concepto de trono y con él el papel secundario de la Virgen. De este modo, la imagen se convertirá en ejemplo del amor entre María y su Hijo, una imagen de ternura, cercana, pensada para conmover el ánimo del fiel.

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EMILE EDMOND PEYNOT

Hilandera con su hijo en el regazo

EMILE EDMOND PEYNOT
(Le Creusot, Francia, 1850 – 1932)
“Hilandera con su hijo en el regazo”
Escultura de bronce sobredorado
Firmado y fechado en la base. E. Peynot/ Rome 1881″
Medidas: 84 x 34 cm. Base: 27 cm. de diámetro

Peynot fue un destacado escultor francés del neoclasicismo que se dio a conocer por su premio de escultura en Roma en 1880 con su obra “El hijo pródigo” que hizo que aumentaran considerablemente los encargos y trabajos no solo como escultor sino también como grabador de medallas. Su material preferido es el bronce tanto para las esculturas como para las medallas, y la temática la de personajes africanos, en concreto tunecinos ataviados con ropajes populares y generalmente en el desempeño de sus oficios. Este gusto por representar a los personajes de sus obras en el ejercicio de su oficio se repite aquí en esta ” Fileuse et son enfant” en el que la mujer con traje de faena y pañuelo en la cabeza está hilando, el huso en alto en su mano izquierda y la lana en la derecha…el conjunto no deja de tener una connotación de crítica social ya que la mujer a pesar de estar trabajando no puede dejar de lado sus labores de madre, su hijo duerme en su regazo recién alimentado, y de ahí el hecho de que el vestido se abra dejando un pecho al descubierto. Como es habitual en el escultor el material utilizado es el bronce patinado y firmado y fechado en la base: está realizado en Roma en 1881, un año después de que en esta misma ciudad consiguiera un premio que le abriera las puertas para convertirse en pensionado en Villa Medici de 1881 a 1884.
Los bronces de Peynot aparecen catalogados en H.Berman, Bronzes, Sculptors & Founders 1800-1930, Chicago, 1980, vol.IV y en M. Forrest, Art Bronzes, Pennsylvania, 1988.

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Adoración de los Magos

Adoración de los Magos

CÍRCULO DE MIGUEL JACINTO MELÉNDEZ
(1679 – 1734)
Adoración de los Magos
Óleo sobre cobre
Medidas: 43,5 x 33 cm.
En una arquitectura clásica y abierta al paisaje situada a la izquierda de la composición y que hace referencia al pesebre, la Virgen con túnica en rojo bermellón, manto azul y velo blanco, sostiene en sus rodillas al Niño que extiende sus manos hacia Melchor que arrodillado y habiéndose despojado de su corona en señal de respeto, le besa los pies. Aguardan su turno Gaspar y Baltasar ante la atenta mirada de San José en segundo plano a la sombra. La composición se cierra a la derecha con la presencia de los camellos que han traído a los Magos hasta el Niño y un personaje que ataviado según la moda de la época de Carlos II, chaleco rosa empolvado y gola blanca, fija la mirada en el espectador.

La individualización y el cuidado con el que se retrata a este personaje, probablemente el donante, ha llevado a pensar que podría tratarse del Infante Baltasar Carlos. La composición aunque muy simplificada deriva del grupo principal de la Adoración de los Magos pintada por Pedro Pablo Rubens hacia 1608-1609 y hoy conservada en el Museo del Prado. No es de extrañar esta coincidencia en la composición, ya que dicha obra de Rubens tuvo gran importancia ya desde el momento mismo de su creación.Llegaría a España en torno a 1613 siendo colocada en el Alcázar de Madrid donde fue admirada por los pintores de la Corte que realizaron numerosas versiones más o menos fieles al original. No es de extrañar por tanto que ya finalizada la centuria y durante los primeros años del siglo XVIII, fecha en la que debemos encuadrar la obra que nos ocupa,  se realizara esta nueva versión del tema, ya muy simplificada y con detalles estilísticos y pictóricos que nos recuerdan las maneras del pintor del rey Miguel Jacinto Meléndez por lo que probablemente esté realizado por alguno de los pintores de su círculo. Se aúnan en esta obra los rasgos de la escuela madrileña en la forma de su ejecución con las reminiscencias flamencas del modelo y la elección del cobre como soporte, creando así un conjunto de rico colorido, atractiva composición y detalles de interés como la identidad del personaje que desde el fondo de la composición conecta con el espectador atrayéndolo hacia el centro mismo de la escena.

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ELIAS SALAVERRÍA INCHAURRANDIETA “Bodegón de flores”

ELIAS SALAVERRÍA INCHAURRANDIETA

ELIAS SALAVERRÍA INCHAURRANDIETA
(Lezo, Guipúzcoa, 1883 – Madrid, 1952)
“Bodegón de flores”
Óleo sobre lienzo
Medidas: 68,5 x 78,5 cm.
Firmado ángulo inferior izquierdo “E. Salaverrria”
Este alegre y colorido florero que aquí presentamos está firmado por Elias Salaverría, pintor vasco de finales del siglo XIX que desarrolla su labor pictórica en la primera mitad del siglo XX cultivando la pintura de historia, costumbrista, el retrato y la pintura decorativa entre la que destacan los bodegones.

Comenzó su formación en la Escuela de Artes y Oficios de San Sebastián para continuarlos en la Academia de Bellas Artes de Madrid gracias a una pensión concedida por los marqueses de Cubas, siendo allí discípulo de Luis Menéndez Pidal. En París le impresionó labora de Millet, quien influirá en su obra posterior sobre todo en el tratamiento del color. Participó en numerosos concursos y certámenes tanto nacionales como internacionales en las que obtuvo medalla en las Exposiciones Nacionales de 1906, 1908 y 1912, ésta última de oro por la obra “La procesión del Corpus“, un óleo de gran formato que se conserva en el Museo de Bellas Artes de Álava.

Internacionalmente fue premiado en la Exposición Universal de Buenos Aires de 1910, en la de Munich de 1913 y en la de Panamá de 1916. El pintor falleció mientras se encontraba restaurando la capilla de la Concepción de San Francisco el Grande de Madrid, al caer de un andamio.
La mayor parte de su producción se centra en temas vascos, con el estilo típico de esta región: realismo casi fotográfico, trazo firme y algo duro, contornos marcados y colores fuertes muy contrastados. Así estos dos floreros que descansan sobre una mesa de madera rebosan de flores de los más contrastados colores: rojo bermellón, amarillo, verdes intensos…suavizados por el blanco de las rosas. Las sombras muy marcadas como es típico en la pintura vasca y el encuadre casi fotográfico aprendido seguramente en sus años de París.

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Virgen Dolorosa

Dolorosa

ATRIBUIDO A BERNARDO LÓPEZ PIQUER
(Valencia, 1799 – Madrid, 1874)
“Virgen Dolorosa”

Óleo sobre lienzo

Medidas: 70 x 55 cm.

Bernardo Lopez fue un pinto valenciano formado junto a su padre Vicente López Portaña, uno de los mejores retratistas del siglo XVIII español. Ingresó en 1814 en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid colaborando con su padre en diversos trabajos para el Palacio real de Madrid lo que le dio la oportunidad de introducirse en los más altos círculos de la corte, llegando a convertirse en profesor de pintura de la reina Isabel II y en primer pintor de cámara. Su estilo está muy ligado al de su padre, centrándose en el dibujo, esmerado, preciso y analítico y especializándose como aquel en la realización de retratos como el de Maria Isabel de Braganza como fundadora del Museo del Prado, conservado en dicha institución (POO863) entre otros, aunque también realizó composiciones de carácter religiosos como el Nacimiento del Palacio Real o esta Dolorosa que aquí presentamos.
La Virgen sentada sobre la lápida de Jesús apoya en su regazo la corona de espinas sujetándola con una mano que cae lánguida mientras con la otra acerca su manto a su rostro para enjugar sus lágrimas. el rostro elevado al cielo lleno de dolor, dolor representado por el puñal que le atraviesa el pecho. Cierra la composición un grupo de querubines al más puro estilo barroco que también lloran acompañando a María en su dolor. Al fondo el Gólgota con las tres cruces en las que se ha dado muerte a Cristo y a los dos ladrones. El lienzo está realizado con pinceladas alargadas y sueltas, casi aflechadas, estilo que entronca con el estilo que López aprendió de su padre.

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Jean-Antoine Duclaux, “Descanso en el Camino”

DUCLAUX, Jean-Antoine (Lyon, Francia, 1783 – 1868).
“Descanso en el camino”.
Óleo sobre lienzo.
Firmado en el ángulo inferior derecho.
Medidas: 98X130

Duclaux Antoine-Jean (nacido en Lyon el 26 de julio 1783 – murió en Sainte-Foy-lès-Lyon (69), localidad Fontanière, 21 de marzo de 1868), de 85 años, fue un pintor francés y Animal paisaje Facultad o Escuela de Lyon  (pintura). La familia Duclaux  es perseguida y expulsada de Lyon. Se refugió en la Borgoña. Vive bastante miserablemente y tiene que recurrir a la caridad. Varios Duclaux fueron guillotinados. Se entiende que la juventud del pintor, queda eclipsada por la enajenación de su padre, la muerte de sus dos hermanos, las masacres de Lyon y la falta de dinero, marca su carácter un cierto desencanto con frecuencia teñida de ironía. Afortunadamente, alrededor de 1805, tuvo la oportunidad de ir a Nápoles. Durante su estancia en su país natal, Vourles entre 1830-1850 (el actual propiedad Lestra) y la mansión Moncorin con su primo Leonard Alexander Olphe-Galliard, ha grabado, diseñado y pintado paisajes de la aldea y sus alrededores. Con unos dibujos hechos Charrecey (sin fecha) a falta de estancias más largas en la edad adulta, se pensó que el pintor no había hecho ninguna pintura en esta ciudad. Ahora acaba de descubrir un óleo sobre lienzo de 1835 llamado El ir al mercado – tamaño 32,5 x40, 5 cm se subastó en marzo Rosebery del 14 de 2006 en Londres, luego se venden bajo el nombre de un gato de corral – (mismas características) por Christie el 20 de julio de 2008, era en realidad un nombre de fantasía anglosajona. De hecho, este cuadro representa una escena de la vida del campo en el campo de la Chandelux Charrecey. Está enterrado en la Capilla Testenoire que también se basa escultor José Fabisch en el cementerio Loyasse Lyon.

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