Santo Tomás de AquinoATRIBUIDO A ACISCLO ANTONIO PALOMINO - Antigüedades Conde de Aranda
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Santo Tomás de Aquino
ATRIBUIDO A ACISCLO ANTONIO PALOMINO

Po­si­ble­men­te PA­LO­MINO Y VE­LAS­CO, Acis­clo An­to­nio

Bu­ja­lan­ce, Cór­do­ba, 1655 – Ma­drid, 1726

“Santo Tomás de Aquino”

Óleo sobre lien­zo

Me­di­das: 96 x 76 cm; 115 x 95 cm (marco)

En esta obra vemos una re­pre­sen­ta­ción triun­fan­te y apo­teó­si­ca de santo Tomás de Aquino, al­za­do sobre los re­pre­sen­tan­tes de las he­re­jías lu­te­ra­na, arria­na, pe­la­gia­nis­ta y cal­vi­nis­ta, acom­pa­ña­do por el Es­pí­ri­tu Santo y ante un cielo tor­men­to­so que se abre ante él, mos­trán­do­le la luz di­vi­na. A sus pies vemos a cua­tro per­so­na­jes, iden­ti­fi­ca­dos por fi­lac­te­rias y un libro, donde po­de­mos leer los nom­bres de Lu­te­ro, Arrio, Pe­la­gio y Cal­vino. Santo Tomás vivió en el siglo XIII, por lo que sólo atacó di­rec­ta­men­te al arria­nis­mo y el pe­la­gia­nis­mo. Lu­te­ro y Cal­vino son per­so­na­jes de los si­glos XV y XVI, que sin em­bar­go re­sul­tan igual­men­te re­fu­ta­dos por los es­cri­tos del santo, como ilus­tra esta ima­gen.
A nivel com­po­si­ti­vo, se trata de una ima­gen tí­pi­ca­men­te con­tra­rre­for­mis­ta y pro­pia del pleno ba­rro­co es­pa­ñol, di­ná­mi­ca y triun­fal, de acu­sa­do ca­rác­ter es­ce­no­grá­fi­co y claro sen­ti­do di­dác­ti­co. La com­po­si­ción es clá­si­ca, con dia­go­na­les abier­tas en el cen­tro, que con­flu­yen en la fi­gu­ra del santo, que ade­más luce unas gran­des alas que son un eco de las dia­go­na­les del pai­sa­je.
Por sus ca­rac­te­rís­ti­cas de es­ti­lo y forma, po­de­mos re­la­cio­nar esta obra con la mano de Acis­clo An­to­nio Pa­lo­mino, pin­tor y uno de los más des­ta­ca­dos tra­ta­dis­tas de arte del ba­rro­co. Pa­lo­mino se formó en Cór­do­ba bajo la di­rec­ción de Juan de Val­dés Leal. Viajó a Ma­drid en 1678, y allí fue in­tro­du­ci­do en el círcu­lo de Ca­rre­ño de Mi­ran­da y Clau­dio Coello, quie­nes le fa­ci­li­ta­ron el con­tac­to con las co­lec­cio­nes reales y le die­ron la opor­tu­ni­dad de rea­li­zar sus pri­me­ros tra­ba­jos para la corte, que le per­mi­tie­ron ob­te­ner el tí­tu­lo de pin­tor del rey en 1688. La lle­ga­da de Lucas Jor­dán a Ma­drid en 1692 le hizo in­tere­sar­se en la téc­ni­ca del fres­co, lle­gan­do a con­ver­tir­se en uno de los más im­por­tan­tes fres­quis­tas es­pa­ño­les de la se­gun­da mitad del siglo XVII. Entre 1697 y 1701 tra­ba­jó en Va­len­cia, y en 1705 viajó a Sa­la­man­ca para rea­li­zar un en­car­go de tema re­li­gio­so. Entre 1712 y 1713 pintó una serie de lien­zos con es­ce­nas y san­tos re­la­cio­na­dos con la his­to­ria de Cór­do­ba para la ca­te­dral, y entre 1723 y 1725 tra­ba­jó en la que sería su úl­ti­ma obra, la de­co­ra­ción del sa­gra­rio de la car­tu­ja de El Pau­lar de Gra­na­da. Or­de­na­do sa­cer­do­te al que­dar viudo en 1725, ac­tual­men­te es es­pe­cial­men­te co­no­ci­do por su fa­ce­ta de es­cri­tor y teó­ri­co del arte, gra­cias a su obra “El museo pic­tó­ri­co y es­ca­la óp­ti­ca” (1715-24). Pa­lo­mino está am­plia­men­te re­pre­sen­ta­do en el Museo del Prado, así como en nu­me­ro­sas igle­sias es­pa­ño­las y di­ver­sos mu­seos de nues­tra geo­gra­fía.
Res­pec­to a la ico­no­gra­fía, santo Tomás de Aquino fue un re­co­no­ci­do teó­lo­go y Doc­tor de la Igle­sia Ca­tó­li­ca, y vivió du­ran­te el sigo XIII en Ita­lia. Má­xi­mo re­pre­sen­tan­te de la tra­di­ción es­co­lás­ti­ca, y padre de la es­cue­la To­mis­ta de fi­lo­so­fía, su tra­ba­jo más co­no­ci­do es la “Summa Theo­lo­gi­ca”. Fue ca­no­ni­za­do en 1323, y de­cla­ra­do Doc­tor de la Igle­sia en 1567. De hecho, este santo cobra una nueva im­por­tan­cia en el ám­bi­to ca­tó­li­co a par­tir del Con­ci­lio de Tren­to, ya que su obra sir­vió a los ecle­siás­ti­cos para de­fen­der el dogma ca­tó­li­co fren­te al pro­tes­tan­tis­mo (es esto pre­ci­sa­men­te a lo que se alude en esta pin­tu­ra). De este modo, desde fi­na­les del siglo XVI y es­pe­cial­men­te du­ran­te el XVII, será uno de los san­tos más re­pre­sen­ta­dos en los paí­ses ca­tó­li­cos, y fun­da­men­tal­men­te en Es­pa­ña. Se le suele re­pre­sen­tar como aquí vemos, sos­te­nien­do una pluma que sim­bo­li­za su ca­rác­ter de es­cri­tor sa­gra­do, ins­pi­ra­do por el Es­pí­ri­tu Santo en forma de pa­lo­ma, e iden­ti­fi­ca­do por un me­da­llón en forma de sol, me­tá­fo­ra de la luz di­vi­na, que alude al ca­rác­ter so­bre­na­tu­ral de su doc­tri­na. Se le suele pre­sen­tar ade­más con las Sa­gra­das Es­cri­tu­ras en la mano, en alu­sión a su papel de de­fen­sor del ca­to­li­cis­mo. En este caso este úl­ti­mo as­pec­to queda re­for­za­do al apa­re­cer ven­cien­do a los re­pre­sen­tan­tes de las cua­tro he­re­jías men­cio­na­das.

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