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Cuadro “Interior” de Asterio Mañanós Martínez

Pintor:

Asterio Mañanós Martínez

Fecha/lugar creación:

1934

Título pintura:

Interior

Material:

Óleo sobre lienzo

Medidas:

47 x 74 cm; 69 x 95 cm (marco)

Otros datos:

Firmado y fechado en el ángulo inferior derecho.

Sobre el Pintor Asterio Mañanós Martínez

Asterio Mañanós inició su formación en la Escuela Municipal de Palencia, donde tuvo como maestro a Justo María de Velasco, y posteriormente pasó la a de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, donde ingresó en 1877.

En la capital acudió además a los estudios de Casto Plasencia y Casado del Alisal, así como al Museo del Prado, donde realizó copias de Velázquez.

En 1881 participó por primera vez en la Exposición Nacional de Bellas Artes. Desde entonces alternará su residencia entre Madrid y Palencia, donde le encargaron la realización de los telones y bambalinas del Teatro de Recreo Palentino.

En 1885 obtuvo una pensión para ampliar sus estudios artísticos en Roma, que le permitió residir en la capital italiana durante un año. A su regreso emprendió, junto a Sabino Ojero, la decoración del Teatro de la Peña Palentina, y abrió con Isidro Mallol una academia de dibujo llamada “Casado del Alisal” en honor a su maestro.

Poco después, en 1889, Mañanós se trasladará a París durante un año, para estudiar junto a Léon Bonnat. Regresará nuevamente a España, y en 1908 es nombrado por la Comisión de Gobierno del Senado conservador de las obras de arte de la Alta Cámara.

Fruto de esa experiencia son varios cuadros que tienen como tema las sesiones y los salones del Senado, inestimable documento de su época.

Actualmente Asterio Mañanós está representado en el Museo del Prado, la Real Academia de la Historia y otras importantes colecciones, tanto públicas como privadas.

Sobre la obra Inmaculada Concepción

En este lienzo Asterio Mañanós presenta un amplio espacio interior, muy desarrollado en profundidad, magníficamente construido y lleno de detalles anecdóticos finamente trabajados, que aportan carácter cotidiano al escenario, dotándolo de vida y de cercanía.

Se trata de un espacio íntimo, vivido, que por su sólida construcción espacial podría relacionarse con las experiencias escenográficas de su autor.

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Cuadro realista de Jules Bertrand Géibert siglo XIX

Características cuadro de Jules Bertrand Géibert

Pintor:

Jules Bertrand Géibert

Fecha/lugar creación:

1861

Título pintura:

Desconocido

Material:

Óleo sobre lienzo

Medidas:

60 x 87cm. 82,5 x 108cm (con marco).

Otros datos:

Sobre el pintor Gélibert

Gélibert realizó su formación bajo la tutoría de su padre Paul Gélibert, que fue una figura prominente del Salón au Paris hasta su muerte en 1882.

Jules-Bertrand Géibert fue muy apreciado por sus pinturas de perros de caza y caballos por los cuales ganó la prestigiosa medalla de honor en el Sociétaire des Artistes Francais varias veces.

Fue miembro de la Sociétaire des Artistas Français, donde recibió una medalla en 1869 y una medalla de segunda clase en 1883. También se le otorgó una medalla de bronce en la Exposición Universal en 1889 y 1900, y fue nombrado Caballero de la Legión. d`Honneur.

Dónde ver obras de Gélibert

Los museos donde se pueden ver obras suyas incluyen: Bognéres- “Studies of Dogs”, Cambrai “Still Held” y St Etienne- “Pyrenean Sheep”.

Sobre el cuadro de Jules-Bertrand Géibert

Firmando en 1861 encontramos esta escena de naturaleza en la que se combina el paisaje y la animalística, dándole prioridad a lo segundo. Nos situamos en un campo en el que, en primer término parece verse un camino, se ven matorrales, rocas y al fondo dos casas o chozas con montañas y algunos árboles.

En este caso, Jules pinta un rebaño de ovejas (algunas miran al espectador) y pese al alboroto que parece apreciarse, se encuentran bien compuestas enfrentando dos, siendo el centro de la composición. En primer término una liebre va saltando de manera muy veloz mientras una oveja negra la contempla marcando una diagonal. Tanto a derecha como a izquierda vemos más animales, un perro negro a la derecha, y a la izquierda al fondo otro rebaño de ovejas.

Dado la compacta composición del grupo principal queda bien justificado el término de rebaño, destacando las diferentes posturas de sus patas o el tierno detalle de como una de ellas apoya su cabeza en el lomo de otra.

Hay que relacionar esta pintura con el movimiento pictórico del realismo en Francia que se da a mediados del siglo XIX, cuyo principal representante es Gustave Courbet, donde uno de los temas favoritos será pintar escenas de la vida del campo como vemos en esta estudiada y veraz composición.

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Óleo de Gustav Wertheimer – Escuela Austriaca

Características cuadro de Gustav Wertheimer de la Escuela Bellas Artes de Viena

Pintor:

Gustav Wertheimer (Escuela Austriaca)

Fecha/lugar creación:

S.XIX-XX

Título pintura:

Desconocido

Material:

Óleo sobre lienzo

Medidas:

115x180cm

Otros datos:

Sobre el pintor Wertheimer

Gustav Wertheimer (nacido el 28 de enero de 1847 en Viena , † 24 de agosto de 1902 en París) fue un pintor austriaco y retratista.

Wertheimer comenzó sus estudios en la Academia de Bellas Artes de Viena con Joseph von Führich. Desde el 10 de mayo de 1870 estudió en la clase de pintura técnica de la Real Academia de Bellas Artes de Munich con Wilhelm von Diez. Después de graduarse, trabajó en Munich. En la Exposición Mundial de Viena en 1873, presentó una obra más grande por primera vez: Nerón durante el incendio en Roma. Esto se había presentado previamente en el Vienna Art Salon. En 1881 llegó Wertheimer a París, donde en 1902 murió en el Hospital Lariboisière.

Wertheimer logró su mayor éxito en París. Su participación en las exposiciones de arte en Amsterdam, Londres, Nueva Orleans y París le trajo numerosas medallas y premios. También recibió premios honoríficos en la Feria Mundial de París en 1889 y 1900.

Sobre el oleo de Gustav Wertheimer

En esta obra vemos una escena muy fantasiosa donde en un estanque rodeado por una columnata por uno de sus lados, bailan agarrados bastantes personajes con una actitud muy movida entrelazados entre ellos. Lo más sorprendente es que bailan encima del estanque. En primer plano a la izquierda una inquietante mujer cabizbaja está sentada en un banco, representada a mayor tamaño y vestida de negro, lo que contrasta con el resto de personajes. A ras de suelo, sentados cuatro personajes, dos parecen estar de manera cariñosa con abanicos. A la izquierda de la composición se ven personajes que sujetan como unas farolas portátiles entre árboles donde se deja ver la luna.

Destaca la luminosidad de color amarillo que emana del centro de la pintura donde se marca la silueta de unas ramas y un personaje tocando un arpa encima de una columna, y los juegos de claros y oscuros, los efectos lumínicos y el reflejo del agua, de los personajes y de la columnata.

Estamos ante una escena galante y fantasiosa que, por sus efectos lumínicos, rápida pincelada y reflejos en el agua podría recordar al incipiente impresionismo que se da en Francia.

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Marina – Escuela inglesa del siglo XIX

Características cuadro “Marina” Escuela inglesa del siglo XIX

Pintor:

Escuela inglesa del siglo XIX.

Fecha/lugar creación:

S.XIX

Título pintura:

“Marina”

Material:

Óleo sobre lienzo.

Medidas:

120 x 100 cm.

Otros datos:

Sobre el cuadro Marina de la Escuela Inglesa del siglo XIX

¿Qué es una marina?

Se conoce como marina o pintura de marinas, a cualquier forma de arte figurativo cuya inspiración principal es el mar.​ Además de las representaciones a mar abierto, de batallas navales o de tipos de embarcaciones, pueden incluirse en este género las estampas de lagos, ríos y estuarios, escenas de playa, etc.

Aunque no es un género pictórico de primer orden (según cánones jerárquicos academicistas de origen francés), tuvo un especial desarrollo en Europa entre los siglos XVII y XIX.

En el XIX, mientras Antoine Roux y sus descendientes seguían cultivando el retrato minucioso de los más bellos navíos, artistas con más nervio, como Théodore Gericault o más genio, como Turner, recogieron la antorcha del mar como espacio bélico, pero desde una nueva estética (algo así como “acerquemos la cámara” y “quememos la maqueta”).

En el otro extremo, la postura más filosófica, casi mística, del romanticismo alemán, daba como fruto en su historia de la pintura una original colección de marinas que mezclaban experiencias científicas de sabios viajeros con introspecciones de poetas nacionales. Los ejemplos más conocidos se encuentran en la obra de Caspar David Friedrich: Monje junto al mar (hacia 1808), En el velero (1819) o Acantilados blancos en Rügen (1818).

En este siglo XIX, una serie de factores revolucionaron la pintura de marinas: la explosión y “popularización” de la pintura de paisaje en el mercado burgués, las propuestas vanguardistas de pintar del natural al aire libre (“plenair”) y la creación y comercialización de la pintura de tubo (que permitía transportar los colores ya hechos, sin necesidad de tener que mezclar los pigmentos). Paseos marítimos, costas, ensenadas, playas, puertos y canales se llenan de “pintores de caballete”, que inmortalizan panoramas, encuadres, perspectivas, instantes de luz o anécdotas, con el mar como protagonista principal o de fondo. El resultado final se materializará en una serie de subgéneros que recibirán los títulos de “marinas impresionistas”, “el realismo en la pintura de marinas”, “marina y naturalismo”, “luministas del mar”, etc.

Las tradicionales marinas holandesas o inglesas dejarán paso a una horda de artistas protagonistas de la última gran revolución de la marina. Un bello cataclismo pictórico con carácter universal.

Tenemos frente a nosotros una marina típica romántica. Sobre un mar embravecido se haya la gran embarcación que es el motivo principal de la obra. Esta se haya algo doblada, como se aprecia sobre todo en sus velas, en el que se recortan varias figuras. En primer término vemos una barca pequeña que bien o sale, o llega del mar.

Decimos esto, ya que hay un personaje subiéndose o bajándose y a que podemos ver un poste en primer término, y al fondo un faro. El cielo que es una parte importante de la obra es celeste, blanco, anaranjado y dorado. Incluso en el agua encontramos claroscuros, y toques naranjas, resaltando el fondo blanquecino de la parte superior.

La obra rebosa romanticismo por su pincelada suelta, menos dibujística que en momentos anteriores, su agitada composición, su luz dorada y por el culto a la naturaleza en su estado más salvaje, a lo sublime, en definitiva, a dejarse llevar por los sentimientos que provoca.

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Serenata cuadro de Adolphe Leleux

Cuadro Serenata de Adolphe Leleux

Características pintura “Serenata” de Leleux

Pintor:

Adolphe Leleux

Fecha/lugar creación:

1843

Título pintura:

“Serenata”

Material:

Óleo sobre lienzo.

Medidas:

N/S

Otros datos:

Apodo “Leleux le breton”

 

Sober el pintor Adolphe Pierre Leleux

Adolphe Pierre Leleux, nace el 15 de noviembre de 1812 en París y muere en la misma ciudad el 27 de julio de 1891. Es pintor y grabador, hermano mayor del también pintor Armand Lelux

Tenemos que decir que es un pintor autodidacta, que expuso en el Salón de París desde 1835. En este primer año, presenta escenas de la campiña de Picardía. En el género del grabado es formado en el estudio de Alexandre Vicent Sixdeneirs, aunque decidió dedicarse principalmente a la pintura en 1837. 

Descubrió Bretaña en 1838 y realiza muchas escenas de género inspiradas en el campo bretón, lo que le otorgó el apodo de “Leleux le breton”. En 1847 realizó una estancia en Constantino (Argelia) con Edmon Hédouin (pintor y grabador). Su inspiración luego se extenderá a Argelia, España, Morvan o los Pirineos. Una curiosidad es que en 1848 conoció al pintor Charles Chaplin, especialista en escenas de género y en la representación de mujeres. también era amigo de Théophille Gautier (poeta, novelista y crítico de arte) y Gérard de Nerval (escritor y poeta). Se considera un pintor realista post-romántico.

En colecciones públicas podemos encontrar obras en el Museo de Bellas Artes de Dijon, en el Quimper Museum of Fine Arts o en el Museo de arte e historia de Cognac. Los títulos de Salida de posada en Vendéeuna fiesta de bodas en BretañaDía de mercado en FinistéreLa depilación del trigo en Argelia El asalto de los chouans nos evocan a la temática referida.

 

Información y análisis el cuadro “Serenata” de Leleux

Hablemos del realismo que practica el pintor, un movimiento pictórico dado en Francia a mediados del siglo XIX, su mayor representante en Gustave Courbet. Destaca en este estilo la crudeza. Se suelen identificar los principios estéticos del realismo pictórico con los del realismo literario contemporáneo, en el que destaca Honoré de Balzac. Destaca el compromiso con las clases bajas y los movimientos políticos de izquierda. Su estética se basa en la representación directa de la realidad

Entendían que no hay temas banales, así que cualquier cuestión puede ser objeto de interés pictórico. Importa más la forma en que se representa la imagen que su desarrollo narrativo. La realidad no es una copia o imitación, pero si debe ajustarse a cierta verosimilitud. No se podía idealizar. En el romanticismo había idealización y evasión, aquí no, y se centran en temas de la vida cotidiana. 

Vemos en la pintura un tema de la vida cotidiana, de esas clases más bajas, del campo, y mostrándose con realismo como es esta serenata, tocada por instrumentos de cuerdas, algunos de cuerda frotada y otros punteada. 

Se abre una puerta de madera, donde se ve el celaje, vegetación y dos personajes al fondo oscuros, y sobre esta, en unos escalones se disponen estos músicos, algunos tocando, una mujer una pandereta, y otros cantando, aunque también hay algunos que no cantan, incluso vemos un personaje que se lleva algo a la boca, y un niño con un perro que parece estar pasando por ahí y que mira y escucha. Al fondo a la derecha se ven dos campesinos con una cabra en lo que parece ser su puerta. A la izquierda vemos ropa, sombrero y una vara de un personaje que se la ha desprendido de estos objetos en el momento de cantar.

Destacan los escorzos de los personajes, así como su iluminación, de tonos ocres, verdes y azules que resaltan con un blanco muy intenso. 

La sensación es que estamos viendo un momento puntual de una realidad de una manera muy real representado, como se prentendía con este estilo surgido en Francia que se extenderá por más países.

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Reloj de sobremesa. Francia, siglo XIX.

Reloj de sobremesa del siglo XIX

Se trata de un reloj de sobremesa, de bronce dorado, dornado con un conjunto escultórico superior y un relieve en la base. Data del siglo XIX, en Francia. La pieza incluye la figura de una mujer, la diosa Ceres, montada en un arado que es arrastrado por dos vacas. La esfera del reloj está completamente integrada en la pieza, siendo una de las ruedas del arado.

Características de la pieza

Fecha/lugar creación:

 Siglo XIX, Francia

Pieza:

Reloj de sobremesa

Material:

Bronce dorado al mercurio

Medidas:

 43 x 46 x 13 cm

Otros datos:

Maquinaria París con péndulo
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Sobre la pieza

La pieza, de origen francés, es un reloj de sobremesa del siglo XIX. Está realizada completamente en bronce dorado y adornado con un conjunto escultórico superior y un relieve en la base.

La estructura de la pieza está inspirada por el periodo del segundo Imperio, manteniéndose así la estructura arquitectónica monolítica, con volúmenes rotundos y aristas vivas.

La estructura descansa sobre seis pequeñas patas, que se compone de una base ornamentada con relieves que se asemejan a la cestería y al trigo.

 

 

Dicha ornamentación está complementada con la escultura en bulto redondo que se establece sobre la base.

La escultura representa a una diosa sentada en un arado, dominándolo. El autor integra la esfera del reloj como si fuese una rueda más del arado, creando un conjunto escultórico funcional e integrado.

 

 

Respecto a qué diosa es la representada se puede ver que la mujer está dominando un arado tirado por vacas y rodeado de trigo, por lo que representa a la diosa Ceres: diosa de la agricultura, las cosechas y la fecundidad. Ceres es el equivalente en la mitología griega a la diosa Deméter.

 

 

 

 

Ceres era hija de Saturno y Ops, madre de Proserpina, hermana de Juno, Vesta, Neptuno, Plutón y Júpiter.

En la tierra enseñó a los hombres el arte de cultivar, de sembrar, de recoger el trigo y de elaborar pan, lo que provocó que fuese considerada la diosa de la agricultura.

A su cargo, Ceres, tenía doce dioses menores que la ayudaban y estaban a cargo  de la agricultura.

 

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NIÑOS RECOGIENDO FLORES. JOSÉ LLANECES

El presente cuadro forma parte de la producción del pintor y escultor español José San Bartolomé LLaneces, más conocido en el mundo atístico como José LLaneces, artista activo entre finales del siglo XIX y primeras décadas del siglo XX.

Aunque de origen humilde, sus grandes cualidades artísticas le llevaron en su infancia a estudiar a en la Escuela de Artes y Oficios de Madrid y posteriormente en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, lugar desde el cual acudía al Museo del Prado con regularidad para estudiar las obras de los grandes maestros, especialmente Velázquez, su gran influencia en sus primeras obras.

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En 1888 viajará a París y a partir de ese momento se convertirá en uno de los pintores españoles más internacionales. Formó parte activa de la colonia de artistas españoles en Francia. Allí pintaba pintura de género y retratos que vendía a buen precio y se especializó, junto con los pintores Francisco Domingo Marqués y Máximo Juderías Caballero, en uno de los géneros de moda de la época y que le catapultaría a la fama, la llamada pintura de casacón, que representaba personajes ataviados al estilo de los siglos XVII y XVIII. Su presencia en los círculos artísticos del momento fue muy notoria, participando en varias Exposiciones Universales en las que siempre conseguía reconocimiento, como en el caso de la Exposición Universal de París, por la cual consiguió ser nombrado Caballero de la Legión de Honor francesa. Asimismo fue nombrado Caballero de la Orden de Carlos III por su gran aportación artística en el extranjero. También formó parte de la junta directiva de la Asociación de Artistas Españoles residentes en París.

En las primeras décadas del siglo XX volverá a España y se instalará en Madrid protegido por la reina Maria Cristina donde continuó su labor pictórica para la Casa Real y personajes distinguidos de la sociedad madrileña. A partir de ese momento comienza una gran actividad que le llevará a la organización de varias exposiciones individuales tanto en Madrid como en Sudamérica, especialmente en Argentina, donde realizó muchos contactos exitosos que se tradujeron en encargos.

La obra de LLaneces es ecléctica y se va a adaptar las necesidades de esta variada clientela, aunque siempre se mantuvo fiel a su espíritu académico y rechazó las nuevas corrientes pictóricas vanguardistas. Además de sus famosos cuadros de casacón, que fueron pasando de moda medida que avanzaba el siglo XX, LLaneces realizará otro tipo de obras de tipo costumbrista con un marcado carácter decorativo, como es el caso de Niños recogiendo flores, que muestra un estilo muy cercano a la pintura de Mariano Fortuny y a la de Joaquín Sorolla. Con este último podemos establecer varias similitudes en el uso del color, el tratamiento de los niños desnudos y el uso de la luz. Además, a nivel personal ambos estuvieron vinculados con el mundo de la fotografía (Sorolla por contacto con su suegro y LLaneces porque en su infancia fue ayudante del famoso fotógrafo Pedro Martínez de Herbert), lo que sin duda influyó en la obra de ambos artistas.

En esta obra LLaneces nos muestra una escena amable, elegante y colorista con una técnica impecable y cuidada.

En un primer plano observamos una pequeña zona de sombra en la que se ubica un cesto con flores, seguido de un segundo plano más desarrollado en profundidad a través de las sombras de los personajes, en el que se desarrolla la escena principal: cuatro niños pequeños, desnudos y de proporciones redondas, como los angelotes clásicos, recogen flores de un pequeño árbol y las almacenan en cestas. Cada uno parece tener una tarea asignada, de modo que consigue una composición y una escena muy dinámicas. Por último,el tercer plano nos ayuda a situar espacialmente la escena, una casa blanca con una tapia parcialmente cubierta de vegetación. En la parte derecha, relegado a la esquina superior derecha, el cielo despejado. Es una escena veraniega, en un ambiente de playa, en la que Llaneces hace alarde un conocimiento extraordinario de la luz, dorada, que recae sobre los cuerpos de los niños, sonrosados por la exposición, creando esa sensación atmosférica de un verano soleado. El delicado y estudiado juego de sombras que proyectan todos los elementos del cuadro contribuye a una sensación espacial todavía más auténtica. El lienzo parece ser, además, producto de un encargo o quizá regalo familiar, ya que presenta a una dedicatoria.

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RELOJ HERMANOS LEROLLE

Cartel 114×49 cm.
Maquinaria 25×25 cm.

Reloj de pared de estilo Luis XV, datado en la segunda mitad del siglo XIX. Está realizado en París por los Hermanos Lerolle, especialistas en la realización de bronces de todo tipo para la ornamentación de grandes edificios como palacios, monumentos públicos y suntuosas residencias particulares en la Francia de la época. La calidad y delicadeza de sus piezas queda subrayada en las crónicas del momento, en las que se alaban las piezas que mostraban en las exposiciones internacionales, como la Exposición Universal de Londres de 1852.

La estructura está realizada en bronce dorado al mercurio u Or moulu, una de las técnicas de dorado más refinadas en las artes decorativas francesas de los siglos XVIII y XIX y utilizada tanto para apliques de muebles realizados en madera, como para la estructura de objetos decorativos como relojes ornamentales o lámparas. La aplicación del mercurio con oro al bronce a través de un proceso en el que somete al objeto a muy altas temperaturas, deja como resultado objetos de gran refinamiento, con un tono dorado mate que se consigue mediante el bruñido de la superficie con una piedra dura.

En cuanto a la configuración de la estructura, a partir de una rocalla se desarrollan un gran número de roleos vegetales, hojas de acanto y motivos florales. La parte superior está protagonizada por una figura femenina con un haz de trigo que representa a Ceres, diosa romana de la agricultura. Se trata de un motivo iconográfico muy habitual en la producción de relojes, puesto que Ceres se ha relacionado con la idea del paso del tiempo a través de las cosechas. Sus doce ayudantes en las tareas propias de la agricultura se han relacionado tradicionalmente a los doce meses del año.

La esfera está realizada en porcelana y presenta numeración romana para las horas y numeración arábiga para indicar ciclos de cinco minutos. Presenta inscripción con la firma de los Hermanos Lerolle y el lugar de realización ( París). Se cierra a través de una puerta de cristal sostenida por una bisagra.

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ELIAS SALAVERRÍA INCHAURRANDIETA “Bodegón de flores”

ELIAS SALAVERRÍA INCHAURRANDIETA
(Lezo, Guipúzcoa, 1883 – Madrid, 1952)
“Bodegón de flores”
Óleo sobre lienzo
Medidas: 68,5 x 78,5 cm.
Firmado ángulo inferior izquierdo “E. Salaverrria”
Este alegre y colorido florero que aquí presentamos está firmado por Elias Salaverría, pintor vasco de finales del siglo XIX que desarrolla su labor pictórica en la primera mitad del siglo XX cultivando la pintura de historia, costumbrista, el retrato y la pintura decorativa entre la que destacan los bodegones.

Comenzó su formación en la Escuela de Artes y Oficios de San Sebastián para continuarlos en la Academia de Bellas Artes de Madrid gracias a una pensión concedida por los marqueses de Cubas, siendo allí discípulo de Luis Menéndez Pidal. En París le impresionó labora de Millet, quien influirá en su obra posterior sobre todo en el tratamiento del color. Participó en numerosos concursos y certámenes tanto nacionales como internacionales en las que obtuvo medalla en las Exposiciones Nacionales de 1906, 1908 y 1912, ésta última de oro por la obra “La procesión del Corpus“, un óleo de gran formato que se conserva en el Museo de Bellas Artes de Álava.

Internacionalmente fue premiado en la Exposición Universal de Buenos Aires de 1910, en la de Munich de 1913 y en la de Panamá de 1916. El pintor falleció mientras se encontraba restaurando la capilla de la Concepción de San Francisco el Grande de Madrid, al caer de un andamio.
La mayor parte de su producción se centra en temas vascos, con el estilo típico de esta región: realismo casi fotográfico, trazo firme y algo duro, contornos marcados y colores fuertes muy contrastados. Así estos dos floreros que descansan sobre una mesa de madera rebosan de flores de los más contrastados colores: rojo bermellón, amarillo, verdes intensos…suavizados por el blanco de las rosas. Las sombras muy marcadas como es típico en la pintura vasca y el encuadre casi fotográfico aprendido seguramente en sus años de París.

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Escuela italiana del siglo XVII. Virgen con Niño

Oleo Virgen con Niño Escuela Italiana

Escuela italiana del siglo XVII. “Virgen con Niño”

Características cuadro “Virgen con el Niño”

Óleo sobre lienzo.

Marco del siglo XIX.

Medidas: 129 x 103 cm; 136 x 112 cm (marco).

Sobre la obra Escuela Italiana “Virgen con el Niño”

Un fondo celestial con un rompimiento de gloria dorado, rodeado por nubes, sirve de fondo a la parte superior de la pintura, área en la que se sitúan las dos figuras del óleo. María, sentada y vestida con una túnica roja y un manto azul, sostiene a Jesús con una mano mientras levanta la palma de la otra hacia arriba, en gesto de súplica; mira hacia el cielo, y pone uno de sus pies descalzos encima de un cuarto creciente lunar. El Niño Jesús, desnudo, está de pie sobre un orbe de gran tamaño en colores azules y pardos, que alude a la Creación, y atraviesa con una larga vara a una serpiente, que aparece rodeando parcialmente el orbe.

Estilísticamente, la monumentalidad de María, la anatomía y atención a las misma que se aprecia en ambas figuras, la paleta escogida, la falta de fuertes contrastes lumínicos en la pintura, la composición triangular que domina por la figura de la Virgen, etc. hablan de una fuerte influencia de modelos clasicistas, como es habitual en la escuela italiana. Asimismo, estos detalles y la iconografía permitirían fecharla en el siglo XVII.

La iconografía de la obra permite relacionarla con el texto del Apocalipsis de San Juan, sin confundirla con otra iconografía importante con la que comparte fuentes, como es la de la Inmaculada. Si bien en el texto que se escribió, según la tradición, en la isla de Patmos, se nombra a una “mujer vestida de sol, y la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de estrellas”, en esta obra se presenta también a Jesús, que es quien, estrictamente hablando, acaba con el castigo del Pecado Original y trae la Salvación, elementos a los que se alude mediante la presencia y alanceamiento de la serpiente.

Es preciso, además, comparar esta obra con otras de iconografía similar: “Virgen con Niño y dos ángeles músicos” (obra de hacia 1630 de Anthony van Dyck, conservada en la Yale University Art Gallery, Estados Unidos), de la que se hicieron grabados como los atribuidos a John Smith (un ejemplar en el British Museum de Londres); en muchos casos, la Inmaculada aparece sobre el orbe de la Creación; hay, también, imágenes del Niño Jesús de pie sobre el orbe (trabajo de Joos van Cleve de hacia 1530 conservado en el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid)

Más imágenes del cuadro Virgen con el Niño del siglo XVII

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