Batalla – Oleo sobre lienzo

Batalla - Escuela italiana

Cuadro Batalla

Óleo sobre lienzo. Reentelado, con leves restauraciones.

Características oleo Batalla

Atribución:

Escuela italiana

Fecha/lugar creación:

Finales del siglo XVII, principios del siglo XVIII

Título pintura:

“Batalla”

Material:

Óleo sobre cobre. Rentelado.

Medidas:

48,5 x 64 cm

Otros datos:

Marco de finales del siglo XVIII.

Sobre el cuadro “Batalla” de la Escuela Italiana

En este lienzo de la escuela italiana siglo XVII se plasma una escena de batalla en primera plano, en un amplio escenario desarrollado a base de planos que se suceden en profundidad, desde el primer término, donde vemos como espectador, casi a la totalidad de los personajes que componen la escena cada uno de ellos adoptando una expresión y postura diferente.

En profundidad a la escena desarrollada como tema principal intuye amplio campo en el que se despliegan hombres. Aunque el autor pretende mostrar una imagen histórica, sin embargo centra la atención del espectador en el primer plano, en la atención a los heridos como el que se sitúa en la zona inferior derecha. Mediante este recurso no sólo se acrecienta la tensión y el sentido narrativo de la escena, sino que se refleja con mayor verismo el drama de la guerra.

La composición rompe con de raíz clásica, tendente a la simetría ya que los personajes no se sitúan a la misma altura, y el espectador debe recorrer visualmente la totalidad del cuadro para conocer el desarrollo de la escena concreta. Entre ambos lados se abre el paisaje hacia el fondo, y destacan en la lejanía, situando el artista, en la zona superior izquierda la torre que podría que bien podría ser una torre defensiva.

En el lado izquierdo la composición con un celaje oscuro de tonos intensos y densos acompañado del paisaje clasicista de la época, que tiene su eco en las nubes de humo que suben hacia el cielo en la parte derecha de la composición.

Este tipo de escenas de batallas tuvieron un amplio desarrollo, provocado por la temática, que no solamente ensalzaba las victorias de aquellos que habían participado en la contienda. Sino que más allá de este rasgo testimonial, dichas pinturas reflejaban con su tema, escenas de carácter histórico. Un género que era ampliamente valorado, siendo considera el mejor de la historia del arte, por ensalzar las virtudes y el espíritu noble de los actos

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“Virgen con el Niño” Circulo de ANTON VAN DYCK

Cuadro de Anton Van Dyck: “Virgen con el Niño”

El artista nos ofrece una escena tradicional de la cultura del occidente cristiano: la Virgen sentada, abrazando y sosteniendo en su regazo al Niño Jesús. La figura de la Virgen y el Niño Jesús se encuentran iluminadas por un foco de luz de cenital del rompimiento.

Características de la pintura de Anton Van Dyck

Pintor:

Anton Van Dyck

Fecha/lugar creación:

Siglo XVII

Título pintura:

“Virgen con el Niño”

Material:

Óleo sobre lienzo. Reentelado.

Medidas:

160 x 105 cm sin marco | 184 x 128 cm con marco

Otros datos:

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Sobre el pintor Anton Van Dyck

El pintor romanista Anton Van Dyck nace en 1599 en la ciudad de Amberes (Bélgica). En 1609 comienza su formación y seis años más tarde, en 1615-16, trabaja con Jordaens. Posteriormente, entre 1617 y 1620, trabaja junto a Rubens, quién dijo de él que fue su mejor alumno.

En 1620 visita Inglaterra por primera vez, al servicio de Jacobo I. Allí deja a un lado la pintura religiosa, ya que disfruta de una mayor libertad, y comienza a dedicarse al retrato a a tiempo completo.

Entre 1621 y 1627 viaja por la geografía italiana y completa su formación, quedando impresionado por la pintura boloñesa y las obras de Tiziano. En esta etapa alcanza su estilo más maduro, refinado y elegante, además de configurar su tipo de retrato, convirtiéndose en modelo para la pintura occidental.

En 1629 regresa a Londres, esta vez para trabajar bajo las ordenes del rey Carlos I, quién admiraba profundamente la obra de Tiziano y vio en Van Dyck su heredero, que tantos años llevaba buscando.  Tan convencido estaba de esto que despidió al resto de sus pintores.

En 1640, tras la muerte de Rubens, Van Dyck regresa a Amberes para terminar obras que había dejado inacabadas. Un años más tarde se traslada a París, pero regresa a Londres por motivos de salud. Poco después fallece en su casa de la capital inglesa.

En la actualidad Anton Van Dyck está representado en los museos más importantes de todo el mundo: el Louvre, el Prado, el Kunsthistorisches de Viena, la National Gallery, el Museo Británico de Londres, el Hermitage de San Petersburgo o el Metropolitan de Nueva York.

Sobre el cuadro “Virgen con el Niño”

Desde los últimos años de la Edad Media los artistas querían representar, de forma cada vez más intensa, el fuerte vínculo de afecto que unió a Cristo con su madre. Este hecho se incrementó en el Renacimiento y posteriormente en el Barroco, época en la que la exacerbación de las emociones caracteriza a un gran número de obras.

Anton Van Dyck nos ofrece una escena tradicional de la cultura del occidente cristiano: la Virgen sentada, abrazando y sosteniendo en su regazo al Niño Jesús.

El pintor centra el cuadro exclusivamente en los dos personajes, presentados bajo un rompimiento de Gloria donde se puede observar al Espíritu Santo, representado por la paloma. La figura de la Virgen y el Niño Jesús se encuentran iluminadas por un foco de luz de cenital del rompimiento. Madre e hijo se sitúan en posición frontal respecto al espectador.

Van Dyck consigue transmitir la naturalidad de gesto del pequeño, apoyado sobre su madre y mirando a un punto externo del cuadro.

Esta obra en cuestión es una copia parcial, eliminando el escenario pero manteniendo los personajes de forma fiel, del cuadro pintado por Anton Van Dyck y, actualmente, se encuentra conservado en el Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (Madrid). Otra versión de la misma obra, también de la mano de Van Dyck, se encuentra en el Museo Ftizwiliam de Cambridge.

 

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“Baserritarras” de Valentín de Zubiaurre Aguirrezábal

Cuadro de Valentín de Zubiaurre y Aguirrezábal“Baserritarras” 

En esta pieza se puede observar un retrato costumbrista de temática vasca en el que aparecen tres personas, dos hombres y una mujer, mirando directamente al pintor. El autor propone una vista frontal en la cual a las tres personas vestidas con las ropas típicas vascas de la época.

Características de la pintura de Valentín de Zubiaurre y Aguirrezábal

Pintor:

Valentín de Zubiaurre y Aguirrezábal

Fecha/lugar creación:

Siglo XIX

Título pintura:

“Baserritarras”

Material:

Grafito sobre papel

Medidas:

44 x 60 cm sin marco | 64 x 83 cm con marco

Otros datos:

Obra reproducida en “Pintores y escultores vascos de ayer, hoy y mañana” Ed, La gran Enciclopedia Vasco, p.241
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Sobre el pintor Valentín de Zubiaurre y Aguirrezábal

Valentín de Zubiaurre y Aguirrezábal (1879 – 1963), hijo del compositor musical con el mismo nombre, nació sordomudo, al igual que su hermano menor Ramón, que también fue pintor. El joven pintor, de origen vasco pero instalado en Madrid, comienza su formación con el pintor Daniel Perea, también sordomudo.

En 1894 ingresa en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, donde es discípulo de Carlos de Haes, Muñoz Defrain, Ferrant y Moreno Carbonero. Con visitas al Museo del Prado completa su sólida formación, donde realiza copias de los grandes maestros. En 1898, finalizada su etapa en San Fernando, los dos hermanos emprenden un viaje de estudios que les lleva a Francia, Paises Bajos e Italia.

En 1902 obtienen una beca de la Diputación de Vizcaya lo que les permite instalarse en París, donde acuden a las clases de la Academia Julian y conocen las corrientes modernas que se desarrollaban en la capital francesa donde se interesan por el impresionismo. No obstante, no cala tanto en ellos su influencia, debido a su gran de su formación académica y a su admiración tanto por los primitivos flamencos e italianos como por pintores españoles coetáneos como Ignacio Zuloaga.

Valentín de Zubiaurre envía sus obras a las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes periódicamente y es premiado en varias ocasiones. En 1908 obtiene segunda medalla y nueve años después, en 1917, alcanza la primera. En la primera década del siglo XX, también obtiene premios en destacados certámenes internacionales  como los de Múnich, Buenos Aires, Bruselas, San Diego, San Francisco y la Universidad de Panamá.

Hasta la llegada de la Guerra Civil, los hermanos Zubiaurre viven su época de mayor éxito y reconocimiento, tanto a nivel nacional como internacional. Para entonces, ambos tienen su estilo bien definido e identificado: Ramón es más colorista y Valentín más clasicista, pero sin caer en rigideces académicas.

En 1939, tras la guerra, Ramón se traslada a América, concretamente a Chile, donde está hasta 1951; mientras Valentín se queda en Madrid, donde retoma su carrera y su reconocimiento es oficial con el nombramiento como académico de número de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en 1945, culminando con la medalla de honor que se le concede en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1957, seis años antes de su muerte.

Valentín de Zubiaurre y Aguirrezábal cultivó una pintura costumbrista en la que se centro, principalmente, en temas vascos y castellanos. Destacar también sus pinturas con temática paisajista. Su pintura estuvo dominada por una cierta melancolía, rasgo que le diferencia de su hermano Ramón. Actualmente sus obras se encuentran en los Museos de Bellas Artes de Chicago, Buenos Aires, París, Luxemburgo, Munich, Berlón, Tokio, Pittsburg y San Diego, así como en las principales pinacotecas del País Vasco, el Museo Castagnino en Argentina, el Nacional Centro de Arte Reina Sofía, la colección BBVA y el Museo de Arte Moderno de Roma.

Sobre el cuadro “Baserritarras” de Valentín de Zubiaurre y Aguirrezábal

En esta pieza se puede observar un retrato costumbrista de temática vasca en el que aparecen  dos hombres y una mujer, mirando directamente al pintor. El autor propone una vista frontal en la cual a las tres personas vestidas con las ropas típicas vascas de la época y en segundo plano se pueden observar dos edificios.

 

 

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“Paisaje en la costa” de Juan Martínez Abades

Paisaje en la Cosa Juan Martinez Abades

Cuadro de Juan Martínez Abades:

“Paisaje en la costa” 

En esta pieza se puede observar un paisaje de temática marina en la que destaca la luminosidad de esta época realista hacia el fin de siglo, comparando este aspecto con otros pintores. El autor propone una vista frontal en la cual sitúa un suelo natural y dos formaciones rocosas plagadas de vegetación en primer plano, para disponer en la lejanía tres barcos de vapor, la orilla y las montañas.

Características de la pintura de Juan Martínez Abades

Pintor:

Atribuido a Juan Martínez Abades

Fecha/lugar creación:

S/N

Título pintura:

“Paisaje en la costa”

Material:

Óleo sobre lienzo

Medidas:

59 x 69 cm sin marco | 68,5 x 80 cm con marco

Otros datos:

Pintor español discípulo de Carlos de Haes
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Sobre el autor Juan Martínez Abades

(Gijón, 7 de marzo de 1862-Madrid, 19 de enero de 1920). Pintor español. Además de a la pintura, se dedico también a la música, aunque en menor medida. La mayor parte de su obra está compuesta por marinas, escenas portuarias y representaciones naturalistas del paisaje costero de la cornisa cantábrica. Destacar también otras obras de su repertorio de estilo costumbrista. Debido a su fama como cupletista, además de ser un hombre de mundo, contaba con distinguidas amistades como las de María Guerrero o Álvaro Retana, entre otras personalidades de la élite cultural de la Restauración.

Hijo de un industrial gijonés, comenzó a mostrar sus cualidades artísticas muy pronto, cuando se encontraba en el Real Instituto de Jovellanos, localizado en su ciudad natal. Allí se dedicaba a copiar dibujos de la colección reunida por don Gaspar. Tiempo después se trasladó a Madrid donde se formó, entre 1880 y 1887, en la Escuela Especial de Pintura, Escultura y Grabado. Entre sus maestros destacan el escultor José Gragera y los pintores Ignacio Suárez Llanos y Carlos de Haes.

Con un lienzo de tema histórico, La muerte de Mesalina, se estrenó en la Exposición Nacional de Bellas Artes. Estuvo pensionado por la Diputación de Oviedo en Italia y tras ese periodo se presento a la Nacional de 1890, donde consiguió la Segunda Medalla por su obra El viático a bordo (Museo de San Telmo, San Sebastián). Este premio le volvió a ser otorgado dos años más tarde por su obra El entierro del piloto (colección Masaveu, Oviedo).

En el Madrid de la Restauración y bajo la protección de Florencio Valdés, desarrolló una intensa actividad social. Participó en todas las exposiciones del panorama nacional entre 1884 y 1917 y, además, comenzó a ser un popular cupletista. A partir de 1894 y hasta su muerte, fue uno de los ilustradores gráficos más asiduos en la etapa inicial de la revista “Blanco y Negro”.

Además de en Madrid, expuso en las Exposiciones Universales de Barcelona (1888) y Chicago (1893), y en La Habana (1914). En 1891 se casó con Aurora Moreno Caubín, de origen canario. Esto le llevó a decorar, en 1906, el Salón de Actos del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife.

Tanto en vida del artista como después de la muerte del pintor, su figura se reconoce por su producción marinista. Su obra, abundante y desigual, abarcó todos los temas relacionados con el mar: escenas portuarias o de rías, estampas navales de viejos veleros o “modernos” buques de la Armada Real, cuadros costumbristas o playeros, o las vistas naturalistas, tanto de interés geológico como episodios de crítica social. Sus referencias e inspiración a la hora de pintar eran las costas del Mar Cantábrico y de la Galicia atlántica, con un innovador apéndice canario y caribeño.

En 1987, el Museo de Bellas Artes de Asturias organizó una muestra homenaje que recorrió varias ciudades de la geografía española. También cuentan con obras de su repertorio el Museo Nacional del Prado y la colección Carmen Thyssen-Bonermisza.

Como comentábamos anteriormente, fue alumno de Carlos de Haes. Haes fue un pintor español de origen Belga. Se le puede clasificar como paisajista dentro de la tendencia general del realismo. En 1857 obtuvo la Cátedra de Paisaje en la Escuela Superior de la Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid. Desde entonces hasta 1898, año de su muerte, el pintor compartió sus conocimientos y su entusiasmo personal con un gran número de alumnos de variada condición social.

Haes practicaba y recomendaba, tanto técnica como ideológicamente,  el uso de métodos tradicionales. A pesar de este hecho, la propia dinámica de las “campañas” que Haes organizaba en su cátedra para pintar paisajes al natural llevaría a que muchos de sus alumnos practicasen el «auplein air/en plein air».

Aureliano de Beruete, Darío de Regoyos o Jaime Morera fueron plenairistas sin escuela pero de hecho. Además de los mencionados, otros alumnos de Haes viajaron a Francia y tuvieron la oportunidad de compaginar las enseñanzas de Haes con las propuestas más revolucionarias y rompedoras de miembros de la escuela de Barbizón y de personalidades del impresionismo comoClaude Monet, Camille Pisarro y Pierre-Auguste Renoir.

En sus pinturas, Haes se apoyaba en un contacto mucho más directo con la naturaleza, por sus frecuentes excursiones al aire libre para tomar apuntes y realizar bocetos de paisajes que le proporcionaron una perspectiva mucho más realista de como la concebían sus antecesores. Esto supuso una importante renovación del género del paisaje en España.

Sobre el cuadro “Paisaje en la costa” de Juan Martínez Abades

Hablemos ahora de la temática representada. Se conoce como marina o pintura de marinas, a cualquier forma de arte figurativo cuya inspiración principal es el mar.​

Además de las representaciones a mar abierto, de batallas navales o de tipos de embarcaciones, pueden incluirse en este género las estampas de lagos, ríos y estuarios, escenas de playa, etc.

Aunque no es un género pictórico de primer orden (según cánones jerárquicos academicistas de origen francés), tuvo un especial desarrollo en Europa entre los siglos XVII y XIX. En España es un tema frecuenta en la época que nos ocupa.

Destaca en la presente pintura la luminosidad de esta época realista hacia el fin de siglo, comparando este aspecto con pintores como Mariano Fortuny (1838-1874), el propio Carlos de Haes mencionado, Martín Rico (1833-1908) o Aureliano de Beruete (1845-1912) o Joaquín Sorolla (1863-1923).

La composición aparece centrada por un suelo natural, donde crecen hierbas de distinta altura y florecillas amarillas, también se pueden ver dos rocas y al fondo, siendo lo más llamativo de la pintura, grandes árboles. A la izquierda se divisa el mar, entre dos árboles menos poblados podemos ver tres barcos de vapor, y al fondo de manera más clara por la lejanía, la orilla y montañas.

A la derecha de la composición aparece un camino, que se pierde cuando hace un giro a la derecha al fondo. En este vemos farolas y tendido eléctrico, y el fondo casas con tejados a dos aguas poco inclinados de colores suaves anaranjados, entre algo de vegetación, y al fondo el pico de otra montaña. El cielo está casi despejado, presentando pocas nubes. Destaca la intención de captar el paisaje tal y como es, de manera realista. Predomina una sensación de calma.

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“Atardecer en la aldea” de Francisco Llorens Díaz

francisco llorens atardecer en la aldea

Cuadro de Francisco Llorens Díaz: “Atardecer en la Aldea”

En esta pieza se puede observar un paisaje de carácter rural realizado con una estética de carácter postimpresionista debido a la pincelada suelta y la importancia de la luz que refleja fielmente el momento del día. El autor propone una visa frontal en el cual sitúa un espacio vacío en primer plano, para dispones en lejanía media animales y la figura de una mujer. Esta se encuentra sola sentada junto al pórtico de la iglesia.

Características cuadro de Francisco Llorens Díaz

Pintor:

Francisco Llorens Díaz

Fecha/lugar creación:

1906

Título pintura:

“Atardecer en la aldea”

Material:

Óleo sobre lienzo

Medidas:

100 x 150 cm sin marco | 105 x 155 cm con marco

Otros datos:

Pintor español discípulo de Carlos de Haes
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Sobre el pintor Francisco Llorens

Formado en Madrid, Francisco Llorens fue galardonado con mención honorífica en la Exposición Nacional de 1895, y en 1903 obtuvo una pensión para ampliar sus estudios en Roma. Visita también los Países Bajos, y sigue concurriendo a las Exposiciones Nacionales, siendo galardonado con tercera medalla en 1907. Posteriormente obtendrá también segunda medalla (1908) y primera (1922), títulos que se añaden a otros conseguidos en la Internacional de Barcelona (1907), la Internacional de Buenos Aires (1910) y la Universal de Panamá (1916). Fue también Gran Cruz de la Corona de Bélgica y socio de honor en el Salón de Otoño, así como miembro de número de la Real Academia de San Fernando desde 1943. Tras la interrupción de su actividad a causa de la guerra civil, concluida la contienda es designado socio de honor de la Real Academia Gallega, y alcanza la cátedra de paisaje en la Escuela de San Fernando. Actualmente está representado en el Museo del Prado, la Colección Nova Caixa Galicia, el Museo de Arte Moderno de Madrid, todos los de Galicia y en numerosos de provincias, de España.

Detalles cuadro “Atardecer en la Aldea

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Paseo por el parque” de Fernando Villodas cuadro pintura s.XX

Pintura siglo XX: Paseo por el parque” de Fernando Villodas

fernando villodas cuadro pintura siglo xx paseo

  • “Paseo por el parque”. 1905
  • Óleo sobre lienzo
  • Medidas: 93 x 124,5 cm.
  • Firmado y fechado en el ángulo inferior izquierdo: ” Fernando de Villodas/ 1905″
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Acerca del cuadro “Paseo por el parque” de Fernando Villodas

Fernando Villodas es uno de los pintores característicos de la pintura del cambio de siglo español, aún anclado en los gustos propios del XIX pinta escenas costumbristas en los que refleja la sociedad del momento, como este “Paseo por el parque” que aquí presentamos en el que se muestran las costumbres de la alta sociedad madrileña finisecular; una niña enteramente vestida de blanco, como era costumbre entre las clases altas, pasea de la mano de su aya por un parque probablemente el del Retiro.

Al fondo otros personajes de similares características pero desdibujados por la distancia, efecto óptico que nos indica que el pintor no es ajeno a los movimientos vanguardistas que en estos años triunfan en París.

La pincelada suelta y los tonos suaves nos tienen una clara influencia de los pintores del impresionismo francés, este saber asimilar las nuevas tendencias y amoldarlas al gusto español hizo que el pintor gozara de éxito en su época lo que le valió el encargo de pintar dos grandes murales al fresco en el palacio episcopal de Astorga con los temas de la vida de la Virgen quizás la obra cumbre de su carrera. No obstante es en estas escenas cotidianas captadas con rapidez, casi como si de fotografías se tratara, donde el pintor muestra su mayor sensibilidad.

 

Acerca del pintor Fernando Villodas

Este pintor español del siglo XIX y XX nació en 1846 en Madrid. Fue estudiante de la Escuela de Bellas Artes en San Fernando de Henares y fue compañero de Federico de Madrazo. Con tan solo 18 años fue premiado con la tarcera medalla en la Exposición Regional de Zaragoza.

Algunos de sus cuadros más famosos que recibieron premios son: “La muerte de César”, “Mensaje de Carlos I al cardenal Cisneros” y “Victuribus gloria. Naumaquia en tiempos de Augusto” por el que recibió la medalla de primera clase en la Exposición Nacional de Bellas Artes.

 

Detalles del cuadro siglo XX “Paseo por el Parque”

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Ecce Homo, Círculo Luis Morales “El Divino”

Ecce Homo Luis Morales el divino

Pintura siglo XVI: Ecce Homo de Circulo de Luis Morales, “El Divino”

Ecce Homo Luis Morales el divino

  • (Badajoz, 1509 – Alcántara, 1586)
  • “Ecce Homo”
  • Óleo sobre cobre.
  • Medidas: 14,5 x 12 cm.
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Acerca del cuadro “Ecce Homo” de Luis Morales, “El Divino”

El tema del Ecce Homo pertenece al ciclo de la Pasión, y precede inmediatamente al episodio de la Crucifixión. Es una pintura del Siglo XVI. Siguiendo esta iconografía, se presenta a Jesús en el momento en que los soldados se burlan de él, tras coronarle de espinas, vestirle con una túnica púrpura y colocarle una caña en la mano, arrodillándose y exclamando “¡Salve, rey de los judíos!”. Las palabras “Ecce Homo” son las pronunciadas por Pilatos al presentar a Cristo ante la multitud; su traducción es “he aquí el hombre”, frase mediante la cual se mofa de Jesús y da a entender que el poder de Cristo no era tal frente al de los dirigentes que allí le estaban juzgando. En las obras destinadas a devoción privada lo usual era resumir la escena en una única figura, la de Cristo, que normalmente se representaba como aquí vemos, de medio cuerpo, sobre un fondo oscuro que realza su corporeidad y sin más elementos narrativos que los que exige la iconografía. De este modo se concentra la expresividad y el dramatismo de la imagen, conmoviendo el alma del fiel que ora ante ella y evitando que su atención se disperse en los detalles.

Debido a su temática y estética esta obra posee gran influencia de la pintura de Luis Morales “El divino” del cual se destacaba la atmósfera atormentada y casi histérica que respiran sus personajes, volcados hacia una intensa vida interior, llenos de melancolía y renunciamiento ascético.

Acerca del pintor siglo XVI Luis Morales “El divino”

Conocido como “El Divino Morales” por la fama que alcanzó, Luis Morales fue un pintor español del siglo XVI manierista. Sus pinturas se caracterizan por el alargamiento de los personajes y el uso de la técnica esfumado leonardesco. Fue alumno de Pedro de Campaña en Sevilla, que fue su primera etapa de aprendizaje. Luis Morales fue uno de los maestros siglo XVI españoles cuyas pinturas son fácilmente reconocibles.

Detalles del cuadro siglo XVI “Ecce Homo”, Luis Morales

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Bienaventurados Jose María Sert pintura siglo XX

Cuadro completo "Bienaventurados " Jose María Sart

Luneto “Bienaventurados” de Jose María Sert pintor siglo XX

Luneto cuadro Jose María Sert

  • (Barcelona, 1874 – 1945)
  • VII Bienaventuranza – Pintado en 1925-27
  • “Bienaventurados los pacíficos por que ellos serán llamados hijos de Dios”
  • Óleo sobre lienzo en forma de luneto
  • Medidas: 120 x 242 (marco: 132 x 254)
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Acerca del cuadro siglo XX Luneto Javier María Sert “Bienaventurados”

Esta obra en forma de luneto es el modelo de presentación para una de las pinturas murales de la Catedral de Vic pertenecientes a la nave de la Epístola.
El vano central del boceto corresponde a la hornacina arquitectónica del muro.
La pintura original de la catedral fue destruida durante la Guerra Civil, por lo tanto, este boceto es un importante documento gráfico conservado del pintor y que posteriormente fue utilizado para la reconstrucción del mural.
José María Sert fue uno de los pintores más cotizados y controvertidos de su tiempo y uno de los mejores muralistas españoles. Heredero de la Renaixença catalana y de formación modernista, desarrolla un estilo pictórico al margen de las corrientes estilísticas de su época
Estas características le constituyen como renovador de la pintura mural y un prolífico artista que llegó a pintar más de siete mil metros cuadrados de catedrales, palacios, grandes salones, residencias privadas y ayuntamientos de diversas ciudades, pero sin duda la obra que más presente estuvo a lo largo de su vida fue la decoración de la Catedral de Vic.

Aunque esta obra fue encargada en 1900, Sert no presentó los primeros bocetos hasta seis años más tarde, ocupado por los numerosos pedidos que recibía de los aristócratas de la época. La Primera Guerra Mundial interrumpió los trabajos y una vez reanudados, Sert sintió que tenía que modificar el planteamiento, suprimiendo el color y, por tanto, repensando las perspectivas para obtener profundidad. Se finalizó en 1929, pero tan solo siete años más tarde fue destruida. Conmocionado, Sert acepta la restauración de la catedral basándola esta vez en un juego de bajorrelieves que no concluirá hasta el año de su muerte.

Aceraca del pintor español siglo XX José María Sert

 

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PRESENTACIÓN DE LA CABEZA DE POMPEYO A JULIO CÉSAR. PEDRO RODRÍGUEZ DE MIRANDA

PRESENTACIÓN DE LA CABEZA DE POMPEYO

Nos encontramos ante una obra de factura española, datada en el siglo XVIII y atribuida a Pedro Rodríguez de Miranda, autor perteneciente a la generación de pintores que se encuentra a medio camino entre la tradición de la pintura barroca española y la influencia de los maestros franceses e italianos traídos por Felipe V a la corte madrileña. La pintura representa el tema histórico de la presentación de la cabeza de Pompeyo a Julio César. En torno al año 48 a. C, la República Romana se encontraba sumida en una guerra civil. Pompeyo fue derrotado en la Batalla de Farsalia, acontecimiento decisivo para el fin de la República y el inicio del Imperio Romano. Tras la derrota, Pompeyo buscó asilo político en Egipto. El asilo le fue concedido inicialmente por Potino, tutor de Ptolomeo XIII y personaje de gran poder, aunque en realidad todo resultó un engaño y ordenó cortarle la cabeza a Pompeyo para ganarse el favor de Julio César. La cabeza de Pompeyo le fue ofrecida al nuevo emperador como un obsequio, pero él respondió con pena y repugnancia, ya que había concedido la amnistía a sus enemigos, y ordenó que se localizara el cuerpo de Pompeyo y la organización de un funeral romano digno.

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El cuadro que nos ocupa muestra el momento preciso en el que Julio César recibe la cabeza de su adversario. Se trata de una obra que se enmarca dentro de la pintura de historia que se popularizó en España a partir del siglo XVIII y que mostraba cierta inclinación hacia los temas de la Antigüedad, sobre todo en el caso de las obras realizadas por los artistas que formaban parte de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, bien como encargo por parte de algún cliente, bien como prueba o examen para acceder a la Academia. El autor, Pedro Rodríguez de Miranda, es uno de los autores del barroco madrileño con mayor calidad artística, discípulo de su tío Juan García de Miranda, enseguida consiguió trabajo como restaurador de la colección de pintura del Palacio Real y debido a su destreza fue nombrado pintor del rey en 1774.Actualmente tiene una presencia importante en el Museo Nacional del Prado, que conserva varias obras suyas de temática religiosa que se enmarcan en un estilo muy próximo a la escuela de Claudio Coello y Juan Carreño de Miranda.

La escena se desarrolla en un interior que evoca el pasado romano, idealizado y con elementos significativos del mundo barroco, como es el caso de la arquitectura, en la que podemos apreciar un conjunto de columnas salomónicas doradas que nada tienen

que ver con la arquitectura romana. También las vestimentas de los personajes que no son soldados muestran prendas típicas del siglo XVIII. Este tipo de anacronismos han sido muy habituales en toda la historia del arte y sirven para acercar más el tema al espectador y facilitar la lectura de la obra a través de esos elementos que resultan más familiares.

En cuanto a la espacialidad, la escena principal se desarrolla en el primer plano de la obra, el centro de la composición está ocupado por un grupo de personajes que le muestran la cabeza de Pompeyo a Julio César a los pies de una escalera que aparece velada y a la derecha sobre dicha escalera la figura del emperador con expresión de repulsa ante lo que está viendo. Alrededor de esta acción principal se sitúan un gran número de personajes que contemplan lo que está pasando, incluso en los últimos planos de la obra podemos ver un gran número de personas asomadas por diferentes rincones del edificio. Con esta forma de situar los personajes dentro de la arquitectura Pedro Rodríguez de Miranda consigue crear una obra dinámica pero a la vez equilibrada espacialmente y con un gran sentido teatral muy propio de la pintura barroca, algo que se puede apreciar en elementos como las columnas, escaleras, el gran textil que se muestra tras la figura de Julio César y los gestos, en los que prima el lenguaje de las manos en las figuras de los personajes principales y que le dan al acontecimiento narrado un gran sentido de instantaneidad.

En lo que respecta a la técnica, al igual que en el caso del tratamiento espacial estamos ante una obra que demuestra la madurez y calidad del artista. El tratamiento de la luz es sutil pero efectivo, muy hábilmente trazado a través de los elementos de la composición, sobre todo la arquitectura, que se abre hacia el fondo mostrando la luz del día y contribuyendo a la creación de una perspectiva naturalista y a través de diferentes juegos de luces y sombras el pintor otorga o resta importancia a los personajes de los primeros planos. Tampoco faltan los elementos anecdóticos como el niño negro o el perro del primer plano. En este último caso, y junto con el adoquinado del suelo, podemos ver una clara referencia a la pintura italiana, que desde el siglo XVI se había servido de estos elementos en el suelo para crear la sensación espacial y conseguir mayor perspectiva, como en el caso del famoso Lavatorio de pies de Tintoretto ( Museo del Prado). El perro en primer plano también aparece en dicha obra y en muchas otras de pintores italianos y tuvo mucha influencia en la obra de artistas de otras

nacionalidades, como es el caso de Ruben o Velázquez, artistas que conocía a la perfección por su gran presencia en las colecciones reales

Se trata de una obra en la que se conjugan a la perfección la expresividad y teatralidad del barroco y el gusto por la Antigüedad que se empieza a gestar en el siglo XVIII y que terminará desembocando en el nacimiento del Neoclasicismo.

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ELIAS SALAVERRÍA INCHAURRANDIETA “Bodegón de flores”

ELIAS SALAVERRÍA INCHAURRANDIETA

ELIAS SALAVERRÍA INCHAURRANDIETA
(Lezo, Guipúzcoa, 1883 – Madrid, 1952)
“Bodegón de flores”
Óleo sobre lienzo
Medidas: 68,5 x 78,5 cm.
Firmado ángulo inferior izquierdo “E. Salaverrria”
Este alegre y colorido florero que aquí presentamos está firmado por Elias Salaverría, pintor vasco de finales del siglo XIX que desarrolla su labor pictórica en la primera mitad del siglo XX cultivando la pintura de historia, costumbrista, el retrato y la pintura decorativa entre la que destacan los bodegones.

Comenzó su formación en la Escuela de Artes y Oficios de San Sebastián para continuarlos en la Academia de Bellas Artes de Madrid gracias a una pensión concedida por los marqueses de Cubas, siendo allí discípulo de Luis Menéndez Pidal. En París le impresionó labora de Millet, quien influirá en su obra posterior sobre todo en el tratamiento del color. Participó en numerosos concursos y certámenes tanto nacionales como internacionales en las que obtuvo medalla en las Exposiciones Nacionales de 1906, 1908 y 1912, ésta última de oro por la obra “La procesión del Corpus“, un óleo de gran formato que se conserva en el Museo de Bellas Artes de Álava.

Internacionalmente fue premiado en la Exposición Universal de Buenos Aires de 1910, en la de Munich de 1913 y en la de Panamá de 1916. El pintor falleció mientras se encontraba restaurando la capilla de la Concepción de San Francisco el Grande de Madrid, al caer de un andamio.
La mayor parte de su producción se centra en temas vascos, con el estilo típico de esta región: realismo casi fotográfico, trazo firme y algo duro, contornos marcados y colores fuertes muy contrastados. Así estos dos floreros que descansan sobre una mesa de madera rebosan de flores de los más contrastados colores: rojo bermellón, amarillo, verdes intensos…suavizados por el blanco de las rosas. Las sombras muy marcadas como es típico en la pintura vasca y el encuadre casi fotográfico aprendido seguramente en sus años de París.

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