“Niña comiendo” de Antonio Puga

Cuadro óleo niña comiendo de Antonio Puga

Cuadro de Antonio Puga: “Niña Comiendo”

Os presentamos este maravilloso cuadro del pintor gallego Antonio Puga en el que vemos a una niña comiendo de un cuenco con apariencia desaliñada. El estilo, los detalles, el juego de luces…hacen de este cuadro una descripción realista de la época y de la pintura del siglo XVII.

 

Características de la pintura de Antonio Puga

Pintor:

Atribuido a Antonio Puga

Fecha/lugar creación:

Siglo XVII

Título pintura:

Niña comiendo”

Material:

Óleo sobre lienzo

Medidas:

80 x 60 cm 

Otros datos:

 

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Sobre el pintor Antonio Puga

El pintor barroco español Antonio Puga nace en Orense (Galicia), convirtiéndose años más tarde en el primer artista importante de su tierra. Su reconocimiento ha sido posible tras una datación precisa de algunos aspectos de su vida y obra por parte de Maria Luisa Caturla, su principal biógrafa y estudiosa.

Durante su vida, Antonio Puga cultiva diversos géneros pictóricos, aunque la temática con la que alcanza la fama es con la costumbrista. Tras un inventario redactado a su muerte se puede ver que en vida fue un coleccionista de cuadros de artistas contemporáneos, dibujos, libros y armas.

Del artista no existen noticias hasta 1635, año en el que dicta en Madrid su primer testamento, donde declara que trabajó “Por orden y en casa de Eugenio Caxes”. En el Salón de Reinos del Palacio del Buen Retiro dos lienzos bélicos corresponden a Eugenio Cajés: “El marqués de Cadereita y su armada” (actualmente perdido) y la “Recuperación de Puerto Rico por Don Juan de Haro” (Museo Nacional del Prado, Madrid). En estos cuadros a Puga, tras cierto consenso entre los historiadores, se le ha atribuido el paisaje.

Del testamento se intuye que Puga era un pintor ya formado, pues había pintado un retrato del duque de Medina de las Torres para Luis Ramírez de Haro y se le había dado participación en la decoración del palacio. Este testamento también permite conocer su residencia, establecida en Madrid, donde trabaja de manera ocasional como oficial de Cajés. De este último se sospecha que podría haber sido su maestro, pero se le relaciona también con otros pintores,Fracisco Barrera y Mazo, con los que contrajo deudas.

En 1636 firma un San Jerónimo de pobre factura conservado en Inglaterra (Museo de Bowes en Barnard Castle, Durham), siendo una de las dos copias de un original riberesco. Esta es la única obra que se ha conservado que es segura de mano de Puga, siendo todo lo demás mera atribución.

El segundo testamento de Puga data de 1648, en vísperas de su muerte, y en el se relacionan algunas pinturas ecuestres que tenía sin terminar. En este testamento, además, se acredita la relación con Juan de Solís, pintor paisajista al igual que Puga. También en ese testamento se mencionan retratos en número importante que le serían como modelos para las copias efectuadas en el taller. De ahí se puede suponer que trabajó con cierta asiduidad para Felipe IV y otros miembros de la familia real, conde de Lemos y duque de Ariscote.

Del documento se desprende que durante su vida consiguió reunir un gran número de obras de otros artistas y una gran biblioteca de unos cien volúmenes. En el documento también se hace mención a tres oficiales que trabajaban para el por lo que todo apunta a que tenía un taller con gran volumen de trabajo.

Obras atribuidas a Puga

  • El afilador del Museo del Ermitage.
  • La taberna del Museo de Pontevedra.
  • La sopa de los pobres del Museo Cortés de Puerto Rico.
  • El aceitero del Museo Goya de Castres.
  • La madre del pintor, en el pasado estuvo en el Prado y atribuido a Velázquez, actualmente se encuentra en el Museo de Pontevedra.
  • El Soldado muerto de la National Gallery de Londres, en el pasado atribuido a Velázquez y actualmente considerado como anónimo napolitano.
  • El bebedor, propiedad de Caixanova.
  • Una Magadalena penitente, de sorprendente desnudo para ser obra de un artista español, llevaba en el reverso la inscripción “PVGA” invisible tras ser reentelada.

 

Sobre la pintura “Niña comiendo”

Hablemos ahora un poco de la pintura atribuida a Antonio Puga “Niña comiendo”. Sobre un fondo neutro oscuro aparece retratada una niña sentada que ocupa casi la totalidad del cuadro. Esta niña se encuentra comiendo de un cuenco de barro que sujeta con su mano izquierda de una forma que parece algo forzada; con su mano derecha se lleva la cuchara a la boca.

La niña en cuestión fija su mirada en el espectador, como protegiendo su comida. Su cabello es rubio y su nariz corta, todo propio de la edad. En el pelo lleva dos lazos rojos, de la misma tonalidad que sus labios y con sus mejillas, levemente sonrojadas. Hay que destacar del rostro la iluminación, con partes iluminadas y partes en sombra. Junto a los lazos se puede apreciar el brillo que proporciona Puga a los cabellos rubios de la niña.

Su manga derecha deja al descubierto la ropa interior blanca que viste la niña. Respecto a la indumentaria que lleva, viste ropajes de color marrón con gruesos pliegues en las mangas. Es posible apreciar como chorrea algo de caldo del cuenco.

Al igual que en el resto de obras atribuidas a Antonio Puga, la pintura se compone de tonos ocres. Además, no se aprecia ninguna referencia espacial y se muestra una temática costumbrista.

 

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“Coronación de la Virgen” de Francesco Solimena

Coronación de la Virgen de Francesco Solimena

Cuadro de Francesco Solimena: “Coronación de la Virgen”

Esta obra de arte de Francesco Solimena presenta un formato ovalado. En la pintura está representada la Virgen ascendiendo a los cielos sobre una gran nube. Alrededor de la nube, custodiándola, están dos ángeles y en la parte superior derecha tenemos a Dios Hijo coronado a la Virgen junto a Dios Padre. Ocupando el centro de la imagen, está el Espíritu Santo representado como una paloma, que representa es la Santísima Trinidad coronando a la Virgen María.

Características de la pintura de Francesco Solimena

Pintor:

Francesco Solimena

Fecha/lugar creación:

Siglo XVI

Título pintura:

Coronación de la Virgen”

Material:

Óleo sobre lienzo.

Medidas:

46 x 36 cm 

Otros datos:

 

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Sobre Francesco Solimena

Francesco Solimena es un pintor italiano que nace en Canale di Serino en 1657 y fallece en la localidad de Barra, Nápoles, en 1747. Durante sus primeros años se forma junto a su padre, hasta que en 1674 se traslada a Nápoles. Allí se sumerge en el rico ambiente pictórico local. Durante su breve estancia en el taller de De Maria se aproxima a las influencias barrocas más avanzadas: Cortona, Lanfranco, Preti o Giordano. De hecho, sus primeras obras ya muestran su gusto por la cultura barroca romana, así como a la reciente tradición pictórica napolitana.

Con posterioridad intenta crear una alternativa al lenguaje fantástico de Luca Giordano y Francesco Solimena se acerca al arte de Mattia Preti, más tenebroso, insistiendo en una mayor plasticidad. Aparecen entonces en sus obras los sombreados, que tanto han caracterizado a sus obras. En poco tiempo se convierte en un referente de la escuela napolitana y, más tarde, se ve influido por Maratta y su experiencia clasicista. Esto induce a Solimena a buscar una mayor intensidad en el dibujo de acentos académicos.

Francesco Solimena tiene obra en el Museo del Prado, Madrid. Sus pinturas llegan a España desde sus inicios, y la presencia de Carlos de Borbón en Nápoles refuerza las relaciones entre Solimena y la corte de Isabel de Farnesio.

Sobre la pintura “Coronación de la Virgen”

Esta pintura de Solimena presenta un formato ovalado, muy repetido durante la Edad Moderna a la hora de representar a la Virgen. Compositivamente se puede comparar con la Coronación de la Virgen del Greco y de Velázquez, ambas conservadas en el Museo del Prado, Madrid.

En la pintura está representada la Virgen, con la media luna a los pies marcando una diagonal a su izquierda. Viste con los colores tradicionales: túnica jacinto, manto azul y tocado ocre. La Virgen está ascendiendo a los cielos sobre una gran nube, que destaca por su blanco más intenso. Junta sus dedos corazón con suma delicadeza mientras inclina el rostro hacia la derecha.

Alrededor de la nube, custodiándola, están dos ángeles; uno lleva lirios blancos, símbolo de pureza; y otro porta un espejo, que hace referencia a la cuarta letanía de la Virgen, dedicada a su ejemplaridad, cuando se recoge el símbolo de espejo de justicia.

En la parte superior derecha tenemos a Dios Hijo, desnudo de cintura para arriba y dejando ver parte de su pierna derecha, porta una cruz escuadrada. Corona a la Virgen junto a Dios Padre en la parte superior contraria, coronado por el mimbo triangular que le identifica. Éste está apoyado sobre la bola del mundo, la cual está sostenida por un ángel.

En la parte superior, ocupando el centro de la imagen, está  el Espíritu Santo representado como una paloma, por lo que se puede decir que lo que representa es la Santísima Trinidad coronando a la Virgen María, como reina de todo lo creado.

Pese a la presencia de las nubes, se puede apreciar que el fondo inferior de la imagen es azul, y donde está la Santísima Trinidad es dorado, color de la divinidad, ya que la Virgen está subiendo al cielo.

Destacan, como era típico en las pinturas de Francesco Solimena, los claroscuros: en los ángeles, el cuerpo de Cristo, en el rostro de la Virgen, en las carnaciones en los paños… El detalle con el que pinta los paños es de gran calidad y variedad de colores: amarillo y rojo en los ángeles y verdes en Dios Padre e Hijo. Hay un especial trabajo y claroscuro en los paños de María.

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“Virgen con el Niño” Circulo de ANTON VAN DYCK

Virgen con Niño Escuela Italiana

Cuadro de Anton Van Dyck: “Virgen con el Niño”

El artista nos ofrece una escena tradicional de la cultura del occidente cristiano: la Virgen sentada, abrazando y sosteniendo en su regazo al Niño Jesús. La figura de la Virgen y el Niño Jesús se encuentran iluminadas por un foco de luz de cenital del rompimiento.

Características de la pintura de Anton Van Dyck

Pintor:

Anton Van Dyck

Fecha/lugar creación:

Siglo XVII

Título pintura:

“Virgen con el Niño”

Material:

Óleo sobre lienzo. Reentelado.

Medidas:

160 x 105 cm sin marco | 184 x 128 cm con marco

Otros datos:

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Sobre el pintor Anton Van Dyck

El pintor romanista Anton Van Dyck nace en 1599 en la ciudad de Amberes (Bélgica). En 1609 comienza su formación y seis años más tarde, en 1615-16, trabaja con Jordaens. Posteriormente, entre 1617 y 1620, trabaja junto a Rubens, quién dijo de él que fue su mejor alumno.

En 1620 visita Inglaterra por primera vez, al servicio de Jacobo I. Allí deja a un lado la pintura religiosa, ya que disfruta de una mayor libertad, y comienza a dedicarse al retrato a a tiempo completo.

Entre 1621 y 1627 viaja por la geografía italiana y completa su formación, quedando impresionado por la pintura boloñesa y las obras de Tiziano. En esta etapa alcanza su estilo más maduro, refinado y elegante, además de configurar su tipo de retrato, convirtiéndose en modelo para la pintura occidental.

En 1629 regresa a Londres, esta vez para trabajar bajo las ordenes del rey Carlos I, quién admiraba profundamente la obra de Tiziano y vio en Van Dyck su heredero, que tantos años llevaba buscando.  Tan convencido estaba de esto que despidió al resto de sus pintores.

En 1640, tras la muerte de Rubens, Van Dyck regresa a Amberes para terminar obras que había dejado inacabadas. Un años más tarde se traslada a París, pero regresa a Londres por motivos de salud. Poco después fallece en su casa de la capital inglesa.

En la actualidad Anton Van Dyck está representado en los museos más importantes de todo el mundo: el Louvre, el Prado, el Kunsthistorisches de Viena, la National Gallery, el Museo Británico de Londres, el Hermitage de San Petersburgo o el Metropolitan de Nueva York.

Sobre el cuadro “Virgen con el Niño”

Desde los últimos años de la Edad Media los artistas querían representar, de forma cada vez más intensa, el fuerte vínculo de afecto que unió a Cristo con su madre. Este hecho se incrementó en el Renacimiento y posteriormente en el Barroco, época en la que la exacerbación de las emociones caracteriza a un gran número de obras.

Anton Van Dyck nos ofrece una escena tradicional de la cultura del occidente cristiano: la Virgen sentada, abrazando y sosteniendo en su regazo al Niño Jesús.

El pintor centra el cuadro exclusivamente en los dos personajes, presentados bajo un rompimiento de Gloria donde se puede observar al Espíritu Santo, representado por la paloma. La figura de la Virgen y el Niño Jesús se encuentran iluminadas por un foco de luz de cenital del rompimiento. Madre e hijo se sitúan en posición frontal respecto al espectador.

Van Dyck consigue transmitir la naturalidad de gesto del pequeño, apoyado sobre su madre y mirando a un punto externo del cuadro.

Esta obra en cuestión es una copia parcial, eliminando el escenario pero manteniendo los personajes de forma fiel, del cuadro pintado por Anton Van Dyck y, actualmente, se encuentra conservado en el Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (Madrid). Otra versión de la misma obra, también de la mano de Van Dyck, se encuentra en el Museo Ftizwiliam de Cambridge.

 

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VIRGEN DE BELÉN ATRIBUIDA A PEDRO ATANASIO BOCANEGRA

Medidas 100 X 75 cms aprx

Virgen de Belén atribuida a Pedro Atanasio Bocanegra, figura fundamental de la escuela granadina del siglo XVII y discípulo de Alonso Cano.

El cuadro nos muestra uno de los temas devocionales más populares de la pintura barroca española, el de la Virgen de Belén o Madonna. Sobre un fondo oscuro se recorta la imagen de la Virgen, que sostiene al Niño sobre un paño blanco. Bocanegra nos deja ver la influencia de Cano en el gusto por la cercanía entre las figuras, que mantienen un sutil y delicado contacto físico a través de las estilizadas manos de la Virgen. La mirada está dirigida hacia su hijo, con un gesto de gran contención expresiva, como es habitual en la pintura de su maestro. Sin embargo, el niño, cuya expresión encierra cierta sequedad, mira directamente al espectador y presenta cierto envaramiento en su figura.

Se trata de un lienzo que tiene grandes similitudes con la Virgen de Belén atribuida a Alonso Cano conservada en el Museo de Jaen. A través de la comparación de ambas obras se puede apreciar como el modelo de Niño Jesús fue tomado por Bocanegra de forma casi literal.

Sin embargo, se aleja de su maestro en la utilización del color, que en este caso presenta una gama cromática más apagada de lo habitual en Alonso Cano. Mientras que en el lienzo de Jaen el manto de la Virgen es en cierta medida heredero de los modelos rafaelescos a través de la utilización del azul y el rojo, Bocanegra se decanta por un verde azulado oscuro, el rojo apenas tiene presencia en el brazo que sostiene al niño e introduce un tono amarillo en la parte del manto que le cubre la cabeza, lo que demuestra que se trata de una pintura con gran personalidad a pesar de la innegable influencia de su maestro.

Pedro Atanasio Bocanegra se convirtió en el pintor más importante de su ciudad natal (Granada) durante la primera mitad del siglo XVII. Tras una breve estancia en Sevilla, en 1686 se marchó a la corte madrileña protegido por don Pedro de Toledo, marqués de Mancera, quien le ayudó a obtener el título de pintor del rey “ad honorem” por su cuadro “Alegoría de la Justicia” hoy conservada en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Sus obras se encuentran fundamentalmente en Granada y Madrid, algunas de ellas formando parte de colecciones de la talla del Museo Nacional del Prado. 

 

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Virgen de Belén de Blas Muñoz

BLAS MUÑOZ - Virgen de Belen

Cuadro de Blas Muñoz: “Virgen de Belén”

 

Características cuadro “Virgen de Belén” de Blas Muñoz

Pintor:

Blas Muñoz

Fecha/lugar creación:

1693

Título pintura:

“Virgen de Belén”

Material:

Óleo sobre lienzo

Medidas:

63 x 51 cm

Sobre el pintor Blas Muñoz

Blas Muñoz fue un pintor barroco español activo en Toledo a finales del siglo XVII del que se conservan distintas pinturas firmadas y fechadas generalmente entre 1667 y 1689 por lo que esta pintura que aquí presentamos es una importante adición a su catálogo ya que es una de las más tardías conservadas.

Sus obras nos hablan de un artista formado en el ambiente toledano de la segunda mitad del siglo, constituyendo uno de los ejemplos más notables de la pervivencia en la ciudad de los modelos de El Greco y Luis Tristán.

Realizó varias versiones del tema de San Francisco en oración conservadas en el Museo del Prado y en el del Greco de Toledo. Se desconoce si nació o no en la ciudad de Toledo, pero como afirma Revenga Domínguez, Paula en “Pintura y pintores toledanos de la segunda mitad del siglo XVII. Madrid: Fundación Universitaria Española, 2001, sí desarrolló allí toda su carrera.

Se conocen los contratos de alquiler de su vivienda y bodega en la que desarrollaba su oficio de pintor y que estaba abierta al público como tienda lo que explica la imitación de los modelos de el Greco, tan demandados, en fechas tan tardías como el último cuarto del siglo XVII.

Se especializa en floreros que siguen los modelos de Gabriel de la Corte y Bartolomé Pérez y en pintura religiosa de pequeño formato y destinada a la devoción particular, por lo que los temas más realizados por él son las adoraciones tanto de magos como de pastores, los ya mencionados san Franciscos, San José con el Niño y la Virgen de Belén, como ésta que aquí presentamos, tema de gran devoción y tradición en la Mancha y Extremadura ya desde el siglo XII.

Sobre la pintura de Blas Muñoz

La existencia de pinturas firmadas Blas Muñoz de estilos muy diferentes hicieron pensar a Angulo y Pérez Sánchez en la existencia de dos pintores del mismo nombre, probablemente padre e hijo, no obstante la documentación encontrada por Paula Revenga, citada anteriormente, permite afirmar que se trata de un único pintor bien dotado para la asimilación de estilos diversos por lo que su pintura es ecléctica dependiendo el resultado final de los modelos en los que se fije.

Sí es una constante en su estilo la dependencia de los modelos toledanos, la minuciosidad en los detalles como observamos en los detalles con los que aquí ha pintado las joyas de Madre e Hijo, así como la luz tenebrista que hace destacar sobre el fondo en penumbra las dos figuras fuertemente iluminadas con luz clara que destaca el colorido sobre el fondo neutro.

Ver cuadro completo “Virgen de Belén”

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Adoración de los Magos

Adoración de los Magos

CÍRCULO DE MIGUEL JACINTO MELÉNDEZ
(1679 – 1734)
Adoración de los Magos
Óleo sobre cobre
Medidas: 43,5 x 33 cm.
En una arquitectura clásica y abierta al paisaje situada a la izquierda de la composición y que hace referencia al pesebre, la Virgen con túnica en rojo bermellón, manto azul y velo blanco, sostiene en sus rodillas al Niño que extiende sus manos hacia Melchor que arrodillado y habiéndose despojado de su corona en señal de respeto, le besa los pies. Aguardan su turno Gaspar y Baltasar ante la atenta mirada de San José en segundo plano a la sombra. La composición se cierra a la derecha con la presencia de los camellos que han traído a los Magos hasta el Niño y un personaje que ataviado según la moda de la época de Carlos II, chaleco rosa empolvado y gola blanca, fija la mirada en el espectador.

La individualización y el cuidado con el que se retrata a este personaje, probablemente el donante, ha llevado a pensar que podría tratarse del Infante Baltasar Carlos. La composición aunque muy simplificada deriva del grupo principal de la Adoración de los Magos pintada por Pedro Pablo Rubens hacia 1608-1609 y hoy conservada en el Museo del Prado. No es de extrañar esta coincidencia en la composición, ya que dicha obra de Rubens tuvo gran importancia ya desde el momento mismo de su creación.Llegaría a España en torno a 1613 siendo colocada en el Alcázar de Madrid donde fue admirada por los pintores de la Corte que realizaron numerosas versiones más o menos fieles al original. No es de extrañar por tanto que ya finalizada la centuria y durante los primeros años del siglo XVIII, fecha en la que debemos encuadrar la obra que nos ocupa,  se realizara esta nueva versión del tema, ya muy simplificada y con detalles estilísticos y pictóricos que nos recuerdan las maneras del pintor del rey Miguel Jacinto Meléndez por lo que probablemente esté realizado por alguno de los pintores de su círculo. Se aúnan en esta obra los rasgos de la escuela madrileña en la forma de su ejecución con las reminiscencias flamencas del modelo y la elección del cobre como soporte, creando así un conjunto de rico colorido, atractiva composición y detalles de interés como la identidad del personaje que desde el fondo de la composición conecta con el espectador atrayéndolo hacia el centro mismo de la escena.

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José Camarón Boronat- Abraham y Melquisedec / El faraón dando a Asenat por esposa a José.

Abraham y Melquisedec / El faraón dando a Asenat por esposa a José

Pareja de óleos sobre lienzo

75,5 x 45 cm (ochavado), cada uno

Hacia 1756-1760.

La pareja de óleos de José Camarón Boronat formada por Abraham y Melquisedec y El faraón dando a Asenat por esposa a José se integra en un conjunto de obras que, con toda probabilidad, pertenecieron al coro de la cartuja de Vall de Crist (Castellón, fundada en 1385). Camarón recibió el encargo de decorar con 46 lienzos cada uno de los testeros de los sitiales que ocupaban los padres cartujos a finales de la década de 1750; obra que le ocupó hasta comienzos de la década de 1760, según relata fray Joaquín Vivas en su crónica de la cartuja de Vall de Crist: «…en cada respectiva silla en su testera eleva se demuestran en las 46 del Coro de los Monjes, otros tantos lienzos pintados con sus guarniciones doradas que contienen el antiguo y nuevo testamento por un pintor moderno llamado José Camarón de la ciudad de Segorbe que si coste con las guarniciones doradas fue de 460 libras…» (Vivas: 1775).
También Antonio Ponz menciona estas pinturas de Camarón en su Viage de España (Ponz: 1774, tom. IV, p. 214) y, como recuerda Adela Espinós, se trataba de unasillería «de estructura gótica en madera de roble», que estaba formada por un total de 66 sitiales «de los que cuarenta y seis correspondían al coro de los padres y los veinte restantes, al de los hermanos» (Espinós: 2008, p. 73). Esta autora atribuyó previamente un conjunto de lienzos a estos trabajos acometidos por Camarón en Vall de Crist —una Predicación del Bautista, la Matanza de los Inocentes y Santa Martina derribando los ídolos—debido, probablemente, a su temática, sin embargo, resultan propios de un momento más avanzado en la carrera del artista que con el desarrollado a comienzos de la década de 1760, cuando emplea un canon más alargado y con mayor predominio del claroscuro tanto en las carnaciones como en los paisajes: sirvan de ejemplo el lienzo que representa a San Nicolás de Bari procedente de la ermita de Sant Nicolau de Castellón —hoy se encuentra en la iglesia catedral de la misma localidad — y la Ofrenda del Pan de la proposición en el Templo de Salomón —en colección particular, ambos datados a comienzos de la década de 1760—, o los lienzos El profeta Gad anuncia las plagas a David  y David solicita el perdón divino y ruega al ángel que cese la peste[Fig. 6] que pertenecieron a la colección de Florencio d’Estoup y Garcerán.
También en otras obras de este mismo periodo, como el lienzo Valencia presentando las Artes a Minerva fechado en 1761 o el dibujado a sanguina de un Ermitaño  propiedad de la galería barcelonesa Artur Ramon, encontramos referencias directas a las composiciones que ahora tratamos, como evidencia de los modelos empleados por el artista en esas mismas fechas. Pero por desgracia, los azarosos avatares del patrimonio artístico de la cartuja a lo largo del siglo XIX —desde la ocupación por las tropas del general Millet en 1810 durante la Guerra de la Independencia, pasando por la enajenación de los bienes que quedaron a resultas del Real Decreto del 1 de octubre por Fernando VII que los convirtió en Bienes Nacionales, la exclaustración que conllevó la desamortización de Mendizábal de 1835 y la definitiva subasta pública del 9 de noviembre de 1844—, provocaron la dispersión completa de este patrimonio y hoy resulta prácticamente imposible reconstruir la procedencia exacta de las obras de Camarón para esta cartuja ubicada en la comarca del Alto Palancia castellonense (Vidal Prades: 2008, pp. 337-370); sabemos también que algunos de los bienes artísticos de la cartuja pasaron al Museo de Bellas Artes de Castellón y al Museo Catedralicio de Segorbe, pero la mayoría fueron a parar a colecciones particulares de Altura, Segorbe y Valencia, como señala Rodríguez Culebras (Rodríguez Culebras: 2006, p. 129).
La escena que describe Abraham y Melquisedec hace referencia al pasaje del Libro del Génesis (14: 18-24), Salmo 110 y Epístola a los Hebreos (7), que alude al alimento celestial. Un Abraham victorioso ofrece parte de su botín a Melquisedec, Sumo Sacerdote, rey y profeta de la ciudad de Salem que, agradecido, hace traer pan y vino para bendecirle en un acto que se concibe como prefiguración de la Última Cena y, por tanto, de la Eucaristía. Por lo que respecta a El faraón dando a Asenat por esposa a José hace asimismo referencia al Libro del Génesis (41: 45), concretamente, al episodio de la vida del patriarca José en que se hace referencia a uno de los sueños del faraón y de cómo este le entregó por esposa a Asenat, hija del sacerdote de On Potifar. Sin duda, este conjunto supone un testimonio excepcional de los comienzos de José Camarón Bonanat y abre la posibilidad de reconocer, un poco mejor, los méritos artísticos que le llevaron a ser nombrado académico de mérito de la real academia de San Fernando 1772.

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“Inmaculada”

inmaculada

Escuela Madrileña del siglo XVII. Atribuido a , Mateo CEREZO  (Burgos, 1637 – Madrid, 1666).
“Inmaculada”.
Óleo sobre lienzo.
Medidas: 55 x 50 cm; 65 x 50 cm (marco).
El fondo celeste de la pintura, con nubes, cuenta con una serie de cabezas de angelitos hacia las esquinas y en la parte inferior. La Virgen, vestida de blanco, resalta contra este paisaje gracias al manto azul que flota al viento. Como es habitual en la iconografía, el cuarto lunar se presenta a los pies de María, con los cuernos hacia abajo como lo sitúan algunos pintores en ciertas obras, y junta las manos en actitud de oración.

También junta las manos la Inmaculada de Mateo Cerezo que se conserva en el Monasterio de Santa Paula de Sevilla, y la composición, con los angelitos en las esquinas y a los pies de la Virgen, recuerda a unas que se encuentran en colecciones privadas española y a la pintada sobre cobre del Hermitage, por citar sólo algunos ejemplos.
El dogma de la Inmaculada defiende que la Virgen fue concebida sin Pecado Original, y fue definido y aceptado por el Vaticano en la Bula Ineffabilis Deus, de 8 de diciembre de 1854. Sin embargo, España y todos los reinos bajo su dominio político defendieron antes esta creencia. Iconográficamente, la representación toma textos tanto del Apocalipsis (12: “Apareció en el cielo una señal grande, una mujer envuelta en el sol, con la luna debajo de sus pies, y sobre la cabeza una corona de doce estrellas”) como de las Letanías Lauretanas rezadas tras el rosario y que contenía epítetos de María tomados del Cantar de los Cantares del Rey David. Uniendo ambos textos y tras una evolución que ya comienza a finales de la época del Gótico, se llega a una tipología muy sencilla y reconocible que presenta a la Virgen sobre el cuarto lunar, con las estrellas en su cabeza y vestida de luz (con un halo en la cabeza sólo o en todo el cuerpo), normalmente vestida de blanco y azul en alusión a la pureza y la eternidad (aunque también puede aparecer de rojo y azul, en relación entonces con la Pasión), las manos sobre su pecho casi siempre y representada joven por regla general.
Mateo Cerezo debió comenzó su formación en el taller de su padre, llamado como él. Se le conoce trabajando en 1659 en Valladolid, donde su estilo todavía era algo tosco, comparando con el posterior. Su estilo muestra una fuerte influencia de Carreño, pintor con el que colaboró en muchas ocasiones y que le mostró el camino que seguía la senda trazada ya por Van Dyck y Tiziano. Sus composiciones muestran complejas y amplias escenografías, que llaman la atención por el refinamiento que lograr plasmar tanto en el conjunto como en los distintos elementos que componen la pintura. Sus magníficos ropajes, su pincelada fluida, sus juegos de luces… se muestran en la mayoría de sus trabajos.
Su variada obra fue muy buscada ya en vida del pintor, apreciado sobre todo por sus pinturas de tema religioso, y destacado también por sus bodegones. Su pintura se conserva sólo en una poscas colecciones privadas, y en instituciones como el Museo del Prado de Madrid, en el Contento de Jesús y María de Valladolid, en el Museo del Louvre de París, en el de Bellas Artes de Budapest, en el de la Fundación Lázaro Galdiano de Madrid,

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Donación Plácido Arango Arias, al Museo del Prado

Francisco de Goya - Toros de Burladeros

Desde su fundación, no son pocas las ocasiones, en  las que el Museo del Prado se ha visto beneficiado por generosas donaciones. En su caso Plácido Arango Arias, no es la primera vez que decide legar valiosas obras de arte al Museo. Ya en 1991 dono las ochenta estampas que  integran la primera edición de los Los Caprichos de Goya (Madrid 1799).

Esta sin embargo es su más importante donación dado el elenco de artistas incluidos, que cubren algunas importantes lagunas en las colecciones del Museo del Prado.

Cuatro de los pintores, no contaban con ninguna obra en el Museo:

Felipe Palo de San Leocadio (1480-1547), Pedro de Campaña (1503-1580), Francisco Barrera (1595-1658) y Francisco López Caro (1598-1661). Son especialmente destacables, las obras Camino del Calvario y El Descendimiento, de Pedro de Campaña, Por su decisiva contribución al desarrollo de la pintura española del renacimiento.

El resto de la obras, elevan aun más si cabe, la representación de artistas ya presentes en el Museo. Con autores de gran entidad, como los tres lienzos de Zurbarán (1598-1664) Que permiten al Prado prácticamente completar su colección sobre este pintor extremeño.

Luis Tristán (1585-1624) es otro de los artistas destacados incluidos en la donación, junto a Eugenio Cajés  (1574-1634), Alejandro de Loarte (1595-1626).
Dos artistas son merecedores de especial reconocimiento:  Por un lado Francisco de Goya (1746-818) cuyos Toros de Burladeros culminan la excelente colección de obra impresa del artista. Y por otro lado, Francisco de Herrera el Mozo (1627-1685).

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