AMALIA AVIA PEÑA

Cuadro Amalia Avia Peña

AMALIA AVIA PEÑA

( Santa Cruz de la Zarza, Toledo, 1930 – Madrid, 2011)

“General Mola nº9”

Óleo sobre tabla

Firmado en ángulo inferior derecho

Al dorso titulado. Con etiquetas

Medidas: 73 x 130 cm.

La pintora, una de las máximas representantes de la figura realista española de la segunda mitad del siglo XX, comenzó su carrera como pintora en los años 50 en el estudio de Eduardo Peña en Madrid. En la Real Academia de San Fernando conoce a los que serán sus posteriores compañeros de generación, Antonio López, Carmen Laffon o Lucio Muñoz entre otros. Realiza su primera exposición individual en la Galería Fernando Fe de Madrid, en el 64 entra en la legendaria galería de Juana Mordó y años más tarde en la Biosca. Realiza numerosas exposiciones tanto individuales como colectivas sobre el realismo, realizándose una antológica en el Centro Cultural de la Villa de Madrid en 1997, año en el que se le concede la Medalla al Mérito Artístico del Ayuntamiento de Madrid. En el año 2004 publica sus memorias “De puertas adentro”. Su pintura realista y nostálgica se centra en rincones y calles de la ciudad de Madrid; retrata sus calles, sus comercios, sus puertas, sus fachadas…en las que se palpa el paso del tiempo y siempre un aura de nostalgia, de pérdida de lo que fue pero ya no es. La primera época de su pintura tiene un componente más social, introduce la figura humana que va desapareciendo poco a poco en su obra. La propia artista confirma que no se trata de una pintura hiperrealista, no es la perfección técnica ni la plasmación minuciosa de la realidad lo que le preocupa, sino que su anhelo es ser capaz de plasmar la huella del ser humano las arquitectural; el paso del tiempo y del hombre en un rincón determinado. Muchos han escrito sobre su obra, Camilo José Cela dijo que Amalia Avia es la pintora de las ausencias, la amarga cronista del “por aquí pasó la vida marcando su amargura e inevitable huella de dolor”. Así en este “General Mola nº 9” encontramos la fachada de una casa típica del arquitectura madrileña, pero lo que destaca es la casi ausencia de vida: solo reflejada por el portero que sujeta la puerta semiabierta; el resto es todo ausencia, las ventanas cerradas, nadie en la calle, y una arquitectura desgastada por el tiempo y el uso de ese ser humano que no aparece pero sabemos que ha estado por la la ruina que deja en la piedra.

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