VIRGEN DE BELÉN ATRIBUIDA A PEDRO ATANASIO BOCANEGRA

Medidas 100 X 75 cms aprx

Virgen de Belén atribuida a Pedro Atanasio Bocanegra, figura fundamental de la escuela granadina del siglo XVII y discípulo de Alonso Cano.

El cuadro nos muestra uno de los temas devocionales más populares de la pintura barroca española, el de la Virgen de Belén o Madonna. Sobre un fondo oscuro se recorta la imagen de la Virgen, que sostiene al Niño sobre un paño blanco. Bocanegra nos deja ver la influencia de Cano en el gusto por la cercanía entre las figuras, que mantienen un sutil y delicado contacto físico a través de las estilizadas manos de la Virgen. La mirada está dirigida hacia su hijo, con un gesto de gran contención expresiva, como es habitual en la pintura de su maestro. Sin embargo, el niño, cuya expresión encierra cierta sequedad, mira directamente al espectador y presenta cierto envaramiento en su figura.

Se trata de un lienzo que tiene grandes similitudes con la Virgen de Belén atribuida a Alonso Cano conservada en el Museo de Jaen. A través de la comparación de ambas obras se puede apreciar como el modelo de Niño Jesús fue tomado por Bocanegra de forma casi literal.

Sin embargo, se aleja de su maestro en la utilización del color, que en este caso presenta una gama cromática más apagada de lo habitual en Alonso Cano. Mientras que en el lienzo de Jaen el manto de la Virgen es en cierta medida heredero de los modelos rafaelescos a través de la utilización del azul y el rojo, Bocanegra se decanta por un verde azulado oscuro, el rojo apenas tiene presencia en el brazo que sostiene al niño e introduce un tono amarillo en la parte del manto que le cubre la cabeza, lo que demuestra que se trata de una pintura con gran personalidad a pesar de la innegable influencia de su maestro.

Pedro Atanasio Bocanegra se convirtió en el pintor más importante de su ciudad natal (Granada) durante la primera mitad del siglo XVII. Tras una breve estancia en Sevilla, en 1686 se marchó a la corte madrileña protegido por don Pedro de Toledo, marqués de Mancera, quien le ayudó a obtener el título de pintor del rey “ad honorem” por su cuadro “Alegoría de la Justicia” hoy conservada en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Sus obras se encuentran fundamentalmente en Granada y Madrid, algunas de ellas formando parte de colecciones de la talla del Museo Nacional del Prado. 

 

Continuar leyendo

Caja de música “pájaro cantor” autómata

Caja de música “pájaro cantor” autómata

Caja de música “pájaro cantor” autómata. Alemania, Karl Griesbaum, principios del siglo XX.
Metal.
Con marcas de fabricante.
Con llave.
Medidas: 10 x 6,7 x 3,9 cm.
Caja de música de forma rectangular con llave (y hueco para la cuerda en la base), que tiene una pequeña tapa ovalada en la parte superior. Al elevarse, aparece una zona circular calada (con elementos vegetales simplificados y sencillos roleos) en la que destaca un pequeño pájaro de vivos colores. El ave, un autómata, cuenta con movimiento de pico, alas y desplazamiento giratorio, al compás de la música de la caja de metal plateado. El exterior se encuentra decorado con una serie de escenas cotidianas en ligero relieve, que recuerdan tanto por su composición como por la vestimenta de las figuras y el paisaje a obras de la pintura barroca del norte de Europa del siglo XVII.
Esta tipología de caja de música rectangular con un ave de pequeño tamaño y vivos colores que se mueve fue una de las más apreciadas y comunes, llegando a realizarse en una gran variedad de tamaños y materiales, y estando relacionada con la fabricación de pequeñas jaulas con aves autómatas en su interior. La marca de contraste de la caja remite a los trabajos del alemán Karl Griesbaum (1872-1941), muy conocido y apreciado tanto por este tipo de cajas de música como por las jaulas mencionadas, y que logró convertirse en una de las firmas más prolíficas de su tiempo.

Continuar leyendo

Francisco Javier AMÉRIGO Y APARICI, “Paseo en barca”

Paseo en barca - Francisco Javier Amérigo y Aparici

“Paseo en barca”.
Óleo sobre lienzo.
Firmado en la popa de la barca.
Marco de época.
Medidas: 84 x 115,5 cm; 110 x 131 cm (marco).
Francisco Javier Amérigo nos muestra aquí una alegre fiesta a bordo de una barca de paseo, ocupada por una serie de damas y caballeros ataviados a la moda, uno de ellos con traje de majo, acompañados por varios niños. La barca es dirigida por un hombre de poderosa musculatura, que queda de espaldas a nosotros en una posición magistralmente plasmada, que refleja su esfuerzo y la tensión de su cuerpo. El resto de personajes, en cambio, permanecen ajenos a su presencia, ocupados charlando y bebiendo. Una niña, situada frente al timonel, se inclina para contemplar el agua, y en el mismo lado de la barca vemos a una joven dama que toca con su mano derecha el agua, jugando con los delicados cisnes que nadan junto a la embarcación, un detalle a la vez narrativo y ornamental que enriquece la escena. Las actitudes son pues muy variadas, si bien centra nuestra atención la figura de espaldas del caballero que alza una copa de licor haciendo un brindis hacia las damas. En la proa de la barca, un segundo grupo se sitúa en torno a la figura del majo, sentado de forma despreocupada en una situación elevada, sirviendo gallardamente vino a una de las damas situadas junto a él. La barca aparece en el centro del cuadro, perfectamente equilibrada en el espacio, sobre unas aguas en calma, espejadas, de tonalidad nacarada y ricas en reflejos y matices cromáticos. El río, muy ancho en el primer plano, gira formando un recodo al fondo, en el lado derecho, dirigiendo nuestra mirada hacia el fondo, delimitado por un horizonte azulado, de montañas de cumbres envueltas en nubes. Este horizonte se sitúa a media altura, dejando un amplio espacio para el desarrollo del cuelo, casi completamente cubierto por nubes blancas trazadas con dinamismo y delicadeza.

Francisco Javier Amérigo desarrolló su formación en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos, en Valencia, donde tuvo como maestro a Francisco Martínez Yago. Entre sus compañeros de estudios se hallaba el hijo de éste, Salvador Martínez-Cubells, quien sería su gran amigo el resto de su vida. Amérigo se trasladó posteriormente a Madrid para ampliar sus estudios en la Escuela de San Fernando, y en 1865 partió hacia Roma. Allí conoció a Eduardo Rosales y a Mariano Fortuny, y desde Roma envió el cuadro “Un Viernes Santo en el Coliseo de Roma”, con el que obtuvo segunda medalla en la Exposición Nacional de Madrid de 1876. En 1877 regresa a España, instalándose en Madrid, y ese mismo año participa de nuevo en la Nacional con el monumental lienzo de historia “Del saqueo de Roma”, obteniendo la ansiada medalla de primera clase. Aunque este cuadro se enmarca dentro de un género considerado como el supremo entonces, la pintura de historia, representa sin embargo la corriente más liberal de la misma, opuesta al triunfalismo propagandista que era generalmente premiado en los certámenes nacionales. De hecho, en él Amérigo retrata la devastación llevada a la capital del catolicismo por las tropas de Carlos V en 1527. No obstante, sus éxitos se continuarán, y será de nuevo premiado con primera medalla en 1892 por “Derecho de asilo”. Aparte de estos grandes lienzos de historia, Amérigo cultivó la pintura religiosa (pinturas del techo de la sacristía de la basílica de San Francisco el Grande, Madrid), y también creó escenografías para el Teatro Martín de la capital. Actualmente se conservan obras de Francisco Javier Amérigo (Francia, 1937).

Continuar leyendo

EMILE EDMOND PEYNOT

Hilandera con su hijo en el regazo

EMILE EDMOND PEYNOT
(Le Creusot, Francia, 1850 – 1932)
“Hilandera con su hijo en el regazo”
Escultura de bronce sobredorado
Firmado y fechado en la base. E. Peynot/ Rome 1881″
Medidas: 84 x 34 cm. Base: 27 cm. de diámetro

Peynot fue un destacado escultor francés del neoclasicismo que se dio a conocer por su premio de escultura en Roma en 1880 con su obra “El hijo pródigo” que hizo que aumentaran considerablemente los encargos y trabajos no solo como escultor sino también como grabador de medallas. Su material preferido es el bronce tanto para las esculturas como para las medallas, y la temática la de personajes africanos, en concreto tunecinos ataviados con ropajes populares y generalmente en el desempeño de sus oficios. Este gusto por representar a los personajes de sus obras en el ejercicio de su oficio se repite aquí en esta ” Fileuse et son enfant” en el que la mujer con traje de faena y pañuelo en la cabeza está hilando, el huso en alto en su mano izquierda y la lana en la derecha…el conjunto no deja de tener una connotación de crítica social ya que la mujer a pesar de estar trabajando no puede dejar de lado sus labores de madre, su hijo duerme en su regazo recién alimentado, y de ahí el hecho de que el vestido se abra dejando un pecho al descubierto. Como es habitual en el escultor el material utilizado es el bronce patinado y firmado y fechado en la base: está realizado en Roma en 1881, un año después de que en esta misma ciudad consiguiera un premio que le abriera las puertas para convertirse en pensionado en Villa Medici de 1881 a 1884.
Los bronces de Peynot aparecen catalogados en H.Berman, Bronzes, Sculptors & Founders 1800-1930, Chicago, 1980, vol.IV y en M. Forrest, Art Bronzes, Pennsylvania, 1988.

Continuar leyendo

Adoración de los Magos

Adoración de los Magos

CÍRCULO DE MIGUEL JACINTO MELÉNDEZ
(1679 – 1734)
Adoración de los Magos
Óleo sobre cobre
Medidas: 43,5 x 33 cm.
En una arquitectura clásica y abierta al paisaje situada a la izquierda de la composición y que hace referencia al pesebre, la Virgen con túnica en rojo bermellón, manto azul y velo blanco, sostiene en sus rodillas al Niño que extiende sus manos hacia Melchor que arrodillado y habiéndose despojado de su corona en señal de respeto, le besa los pies. Aguardan su turno Gaspar y Baltasar ante la atenta mirada de San José en segundo plano a la sombra. La composición se cierra a la derecha con la presencia de los camellos que han traído a los Magos hasta el Niño y un personaje que ataviado según la moda de la época de Carlos II, chaleco rosa empolvado y gola blanca, fija la mirada en el espectador.

La individualización y el cuidado con el que se retrata a este personaje, probablemente el donante, ha llevado a pensar que podría tratarse del Infante Baltasar Carlos. La composición aunque muy simplificada deriva del grupo principal de la Adoración de los Magos pintada por Pedro Pablo Rubens hacia 1608-1609 y hoy conservada en el Museo del Prado. No es de extrañar esta coincidencia en la composición, ya que dicha obra de Rubens tuvo gran importancia ya desde el momento mismo de su creación.Llegaría a España en torno a 1613 siendo colocada en el Alcázar de Madrid donde fue admirada por los pintores de la Corte que realizaron numerosas versiones más o menos fieles al original. No es de extrañar por tanto que ya finalizada la centuria y durante los primeros años del siglo XVIII, fecha en la que debemos encuadrar la obra que nos ocupa,  se realizara esta nueva versión del tema, ya muy simplificada y con detalles estilísticos y pictóricos que nos recuerdan las maneras del pintor del rey Miguel Jacinto Meléndez por lo que probablemente esté realizado por alguno de los pintores de su círculo. Se aúnan en esta obra los rasgos de la escuela madrileña en la forma de su ejecución con las reminiscencias flamencas del modelo y la elección del cobre como soporte, creando así un conjunto de rico colorido, atractiva composición y detalles de interés como la identidad del personaje que desde el fondo de la composición conecta con el espectador atrayéndolo hacia el centro mismo de la escena.

Continuar leyendo

Divina Pastora

ESCUELA COLONIAL SEGUNDA MITAD DEL S. XVIII

ESCUELA COLONIAL SEGUNDA MITAD DEL S. XVIII
“Divina Pastora”
Óleo sobre lienzo
Medidas: 118 x 101 cm.
El tema de la Divina Pastora se popularizó en Andalucía y aún más en Sevilla en el siglo XVIII, gracias al monje capuchino fray Isidoro de Sevilla que en 1705, encargó un lienzo de este tema a Alonso Miguel de Tovar, pidiéndole que representara lo más fielmente posible la visión que de María había tenido.

Éste pintor junto con Bernardo Germán Llorente crearon una iconografía típica que se popularizó enseguida llegando a todos los rincones de Andalucía con diferentes calidades técnicas. No es de extrañar que dada la gran popularidad del tema y al constante flujo de influencias que suponía el puerto de Sevilla con los constantes viajes que de aquí partían a las Américas pronto se extendiera este tema también por el Nuevo Continente, manteniendo la composición típica creada en Andalucía pero imbuyendo a estas obras del trazo y el carácter típicamente colonial. Así la Virgen se presenta sentada en una roca en campo abierto, en su regazo el Niño ambos con ropas populares, pellica de lana de oveja y sombreros de campesinos. El Niño alimenta a las ovejas con flores mientras su Madre las acaricia. Detrás de ellos unos árboles que a la derecha se abren dejando ver un paisaje que se prolonga hasta el horizonte; en un medio plano un lobo (en otras ocasiones suele ser un dragón) ataca a una oveja que huye despavorida. Esta representación sigue fielmente la descripción que de esta advocación mariana hace el fraile “En el centro y bajo la sombre de un árbol, la Virgen Santísima sedante en una peña, irradiando de su rostro divino amor y ternura. La túnica roja, pero cubierto el busto hasta las rodillas de blanco pellico, ceñido en la cintura. Un manto azul, terciado al hombro izquierdo, envolverá el contorno de su cuerpo, y hacia el derecho, en las espaldas, llevará el sombrero pastoril, y junto a la diestra aparecerá el báculo de su podaría. en la mano izquierda sostendrá rosas y posará la mano derecha sobre un cordero que se acoge hacia su regazo. algunas ovejas rodearán a la Virgen, formando su rebaño, y todas en sus boquitas llevarán sendas rosas, simbólicas del avemaría con que la veneran. En lontananza se verá una oveja extraviada y perseguida por el lobo- el enemigo emergente de una cueva con afán de devorarla, pero pronuncia el avemaría; y a aparecerá el arcángel San Miguel, bajando del Cielo, con el escudo protector y la flecha, que ha de hundir en el testuz del lobo maldito.

Continuar leyendo

Virgen Dolorosa

Dolorosa

ATRIBUIDO A BERNARDO LÓPEZ PIQUER
(Valencia, 1799 – Madrid, 1874)
“Virgen Dolorosa”

Óleo sobre lienzo

Medidas: 70 x 55 cm.

Bernardo Lopez fue un pinto valenciano formado junto a su padre Vicente López Portaña, uno de los mejores retratistas del siglo XVIII español. Ingresó en 1814 en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid colaborando con su padre en diversos trabajos para el Palacio real de Madrid lo que le dio la oportunidad de introducirse en los más altos círculos de la corte, llegando a convertirse en profesor de pintura de la reina Isabel II y en primer pintor de cámara. Su estilo está muy ligado al de su padre, centrándose en el dibujo, esmerado, preciso y analítico y especializándose como aquel en la realización de retratos como el de Maria Isabel de Braganza como fundadora del Museo del Prado, conservado en dicha institución (POO863) entre otros, aunque también realizó composiciones de carácter religiosos como el Nacimiento del Palacio Real o esta Dolorosa que aquí presentamos.
La Virgen sentada sobre la lápida de Jesús apoya en su regazo la corona de espinas sujetándola con una mano que cae lánguida mientras con la otra acerca su manto a su rostro para enjugar sus lágrimas. el rostro elevado al cielo lleno de dolor, dolor representado por el puñal que le atraviesa el pecho. Cierra la composición un grupo de querubines al más puro estilo barroco que también lloran acompañando a María en su dolor. Al fondo el Gólgota con las tres cruces en las que se ha dado muerte a Cristo y a los dos ladrones. El lienzo está realizado con pinceladas alargadas y sueltas, casi aflechadas, estilo que entronca con el estilo que López aprendió de su padre.

Continuar leyendo

GIOVANNINI, Vincenzo “La boda”.

GIOVANNINI, Vincenzo (Italia, 1816 – 1903).
“La boda”.
Óleo sobre lienzo.
Firmado en el ángulo inferior derecho.
Medidas: 48 x 96 cm.

Pintor especializado en las “vedute” romanas, Vincenzo Giovannini nació en la localidad de Todi, en Perugia, pero se trasladó a Roma a temprana edad, donde ingresó en el hospicio de San Michele. Allí asistió a cursos de dibujo y pintura, y con el tiempo obtuvo una beca del Comune de Todi, a quien había enviado desde Roma sus primeras obras (“El Vesubio” y “La Pirámide de Cayo Cestio”, dos acuarelas hoy en día en paradero desconocido).

Pese a su gran predilección por la pintura de historia y de género, Giovannini se vio obligado a trabajar para marchantes de arte, plegándose por tanto a los temas que solicitaban sus clientes: pintura de “vedute”, antiguas ruinas romanas y vistas de la campiña romana con ruinas, a menudo inspiradas por Pannini, como “Paisaje con ruinas de arquitectura romana” (Pinacoteca Cívica de Todi) o “Vista del Foro Romano”, obra que fue muy copiada. En 1868, por encargo del duque Grazioli, pintó una “Vista de Castelporziano”. No obstante, también pintó paisajes con figuras, generalmente de temática o histórica o costumbrista. Actualmente es muy apreciado por sus vistas romanas, y de hecho en 2004 se le dedicó la muestra “Vedute Romane”, celebrada en la Università degli Studi di Roma Tor Vergata. Actualmente Vincenzo Giovannini está representado en numerosas colecciones, tanto públicas como particulares.

En este lienzo vemos una de las pocas obras que Giovannini consagró a la temática de costumbres. Se trata de una amplia panorámica de paisaje, magníficamente trabajada, con un espacio central en el que se desarrolla la acción. Se trata de una sencilla boda, entre campesinos a juzgar por sus ropas, oficiada por un clérgo con hábito blanco y sombrero y zapatos rojos, de cuyo cuello pende una gran cruz de oro, perfectamente visible pese a su pequeño tamaño gracias a la minuciosidad del trabajo de Giovannini. De hecho, el autor ha prestado especial atención a los detalles narrativos y anecdóticos, plasmando con realismo hasta el más pequeño elemento del atuendo de los personajes, incluyendo los encajes del vestido de la novia, las plumas que engalanan a los soldados, sus armas, etc.

En torno a estos tres personajes principales vemos a varios grupos de personas, de distinta condición. En el lado derecho se sitúa la familia de los novios, un conjunto de figuras vestidas con ropas sencillas, arrodilladas y ligeramente alejadas del centro, muy atentas a la pareja de novios. Los testigos del enlace, en cambio, aparecen más cerca, detrás del oficiante. Vemos a dos oficiales militares, dos clérigos y un caballero vestido de negro, posiblemente un hombre de leyes. En el lado izquierdo se sitúan tres soldados a caballo, entrando en la escena. Tras ellos, junto al muro que delimita el espacio de los primeros planos, vemos a un lacayo ocupándose de dos caballos, pertenecientes a buen seguro a los dos oficiales que se sitúan junto al clérigo vestido de blanco.

Tras esta escena, ricamente narrada con gran profusión de detalles, se alza como un telón de fondo, netamente separado de los primeros planos, el paisaje en profundidad. Este recurso compositivo responde a la herencia del paisajismo romántico, y es utilizado por Giovannini para reforzar el carácter escenográfico del paisaje. Esta diferenciación entre planos queda además realzada por el cromatismo, cálido y en torno a tonos verdes, ocres y terrosos en los primeros planos, y en cambio azulado y frío en el fondo. No obstante, este paisaje de fondo juega un papel tan importante como la propia escena, y está igualmente descrito con maestría y minuciosidad, si bien el autor utiliza una pincelada más vaporosa y deshecha, reflejando así las formas que se difuminan a nuestra vista por efecto de la distancia. Asimismo, no es un paisaje plano, sino que se extiende en profundidad, con cambios de luz y variaciones cromáticas de gran sutileza, sobre un cielo azul y limpio en el que destacan ligeras nubes de un blanco azulado.

Continuar leyendo

“Me­ni­na” Poblador Arias

PO­BLA­DOR ARIAS, José Ramón (Ciu­dad Real, 1940).
“Me­ni­na”.
Es­cul­tu­ra en bron­ce, ejem­plar
Fir­ma­da y nu­me­ra­da.
Me­di­das: 16,5 x 14 x 9 cm.

José Ramón Po­bla­dor es principalmente co­no­ci­do como escultor, si bien su ac­ti­vi­dad ar­tís­­ca es muy di­ver­sa, y en­glo­ba tam­bién el di­bu­jo, la pin­tu­ra, las com­po­si­cio­nes mu­ra­les y el di­se­ño de joyas. Asi­mis­mo, desde los años no­ven­ta se ha orien­ta­do pre­fe­ren­te­men­te a la crea­ción de pe­que­ñas es­cul­tu­ras en bron­ce para tro­feos (in­clu­yen­do el del Pre­mio de Pin­tu­ra BMW), con­me­mo­ra­cio­nes y lo­go­ti­pos em­pre­sa­ria­les. Sus obras en este campo son pie­zas sin­té­ti­cas, de for­mas ele­gan­tes, que ates­ti­guan su in­te­rés por los efec­tos di­ná­mi­cos. Tam­bién ha crea­do obras para los mu­seos de Al­ca­lá de He­na­res y Cá­ce­res, apos­tan­do aquí en cam­bio por el hie­rro y por plan­te­mien­tos más es­truc­tu­ra­les. Ac­tual­men­te está re­pre­sen­ta­do en el Museo de Es­cul­tu­ra al Aire Libre de Cá­ce­res y el de Al­ca­lá de He­na­res, y cuen­ta con mo­nu­men­tos pú­bli­cos como “El oso y el ma­dro­ño” de la plaza de la Pros­pe­ri­dad, en Ma­drid.

Continuar leyendo

  • ¿Esta interesado en comprar esta pieza?

    Rellena el siguiente formulario:

    E-mail (requerido)

    Su teléfono

    Su mensaje (indicar nombre de la obra)