Niño Jesús ATRIBUIDO A JUAN MARTINEZ MONTAÑES - Antigüedades Conde de Aranda
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Niño Jesús
ATRIBUIDO A JUAN MARTINEZ MONTAÑES

ATRIBUIDO A JUAN MARTINEZ MONTAÑES

1606, España

Madera policromada

55 x 22 cms

Base 20 cms

Tenemos que hablar del Niño Jesús de la parroquia del Sagrario de Sevilla realizado por Juan Martínez Montañés en 1606. Se suele tomar como inicio de esta popular iconografía a la imagen manierista que en torno a 1574 realizó Jerónimo Hernández conservada en la capilla de la Quinta Angustia de la parroquia de la Magdalena (Sevilla). La imagen del Sagrario fijó la versión definitiva de este motivo, creando un modelo que se repetiría y se reinterpretaría por Juan de Mesa y por el taller de los Ribas y de Pedro Roldán.

Jesús Niño es representado desnudo, (aunque suele revestirse con ricos ropajes), erguido y con los pies sobre un cojín, destacando el recurso del contraposto, con apoyo de la pierna izquierda, su cuidada anatomía y los habituales rasgos infantiles de Montañés, así como el tratamiento ensortijado y minucioso del cabello, con el habitual flequillo montañesino.

Destaca el recurso del contraposto, con apoyo de la pierna izquierda. El contraposto designa la oposición armónica de las distintas partes del cuerpo de la figura humana.

América fue el gran destino de mucha de estas imágenes con la iconografía del Niño Jesús. Numerosas piezas se enviaron a las Indias, respondiendo a una amplia demanda de iglesias, conventos y particulares. Ya en 1592, el mercader Juan Gabriel Rodríguez hacía llegar al puerto de la ciudad de Cartagena una “caxita con hechuras de niños Jhesus” y ocho años antes, en 1584, el jurado Alonso de Merlo enviaba “quatro hechuras de niños jesus”. En el siglo XVII, triunfará el modelo del “Niño Montañés”, desarrollándose un comercio de figuras ejecutadas en plomo. Destacó la figura del flamenco Diego de Oliver “maestro baciador de niños de plomo” que, consiguió el modelo de la Sacramental del Sagrario de Sevilla para sus envíos, siendo también objeto de sus copias en plomo la pieza en barro que el maestre de la Carrera de Indias Francisco López concertó con Juan de Mesa: hasta veintiséis imágenes de esta iconografía fueron enviadas en un navío por Oliver para su comercio en América.

Sobre una peana que simula el mármol, y sobre esta un suelo que simula rocas, se nos muestra Jesús Niño. Apoya su pierna izquierda sobre una roca mayor, lo que genera un contraposto en la divina imagen. Se muestra erguido y contraponiendo los movimientos, ya que estira su brazo izquierdo, el cual parece pensado para sostener una cruz, y bendice con la diestra. De manera muy sutil, inclina la cabeza hacia su derecha y la proyecta de manera casi imperceptible hacia el fiel.

Estamos ante una escultura donde prima la delicadeza. En ese rostro infantil de excelente modelado destaca la calidad en la policromía de la boca entreabierta que deja ver los dientes, su muy poco marcada barbilla, su pequeña nariz y cejas finas. Pero tal vez lo que más llame la atención y no deje indiferente son sus grandes ojos de cristalcon policromía fingiendo las pestañas. Además del gran trabajo en el modelado donde se aprecian las partes más blandas del rostro, como son las cuencas de los ojos, la encarnadura resalta de manera más rosada algunas zonas como las mejillas y los alrededores de los ojos. Su cabello es castaño y trabajado con gran minuciosidad, sin ser muy alborotado, sobresalen hacia la frente algunos mechones, lo cual dotan de personalidad a esta obra.

Lo comentado para el rostro bien podría aplicarse para toda la pieza, ya que lo que se puede apreciar es una escultura muy bien compuesta por su movimiento calmado y con miembros contrapuestos, su calidad en el modelado del cuerpo infantil, donde predominan las carnes blandas y se marca cada pliegue, al igual que la policromía, donde encontramos matices más rosados en las rodillas.

En definitiva, una obra bella, elegante, bien pensada y ejecutada, sutil, cuya mirada conduce al rostro que no deja indiferente y que consigue lo que persiguen la mayoría de los imagineros, la unción.

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