Inmaculada Concepción – Escuela colonial limeña

Detalle rostro Inmaculada Concepción

Cuadro Escuela Colonial Limeña “Inmaculada Concepción”

El tema representado es la Inmaculada Concepción, conocida también como la Purísima Concepción.

Características cuadro “Inmaculada Concepción” – Escuela Colonial Limeña

Pintor:

Escuela Colonial Limeña

Fecha/lugar creación:

Siglo XVII

Título pintura:

“Inmaculada Concepción”

Material:

Óleo sobre lienzo

Medidas:

S/N

 

Acerca de la Escuela Colonial Limeña

La pintura colonial, tuvo tres grandes influencias: la italiana, muy intensa durante el siglo XVI y principios del XVII, que después se diluyó para recuperar su hegemonía a fines del siglo XVIII con la introducción del neoclasicismo; la influencia flamenca, que se dio desde el principio y su importancia fue creciendo hasta ser muy fuerte en el siglo XVII, pero, sobre todo fue constante por medio de los grabados; y la española que se manifestó con mayor fuerza durante el período barroco de los siglos XVII y XVIII, especialmente a través de la escuela sevillana.

Zurbarán es la figura más influyente en el barroco hispanoamericano y Lima es la ciudad con mayor número de obras relacionadas con su taller. Se pueden hablar hasta de seis series suyas enviadas a Lima.

La pintura de caballete en Lima estaba fuertemente influenciada por la pintura flamenca, más cerca hacia lo académico y con intencionalidad dinámica, motivo por el cual no tuvo mucha acogida el claroscurismo. De esta etapa destacan cuatro pintores Francisco Escobar, Diego de Aguilera, Andrés de Liebana y Pedro Fernández de Noriega.

Sobre la temática: Inmaculada Concepción, Virgen María libre de pecado original

El tema representado es la Inmaculada Concepción, conocida también como la Purísima Concepción. Es un dogma de la iglesia católica decretado en 1854 que sostiene que la Virgen María estuvo libre del pecado original desde el primer momento de su concepción por los méritos de su hijo Jesucristo.

No debe confundirse este dogma con la doctrina del nacimiento virginal de Jesús, que sostiene que Jesús fue concebido sin intervención de varón mientras que María permaneció virgen antes, durante y después del parto.

Al desarrollar la doctrina de la Inmaculada Concepción, la Iglesia Católica contempla la posición especial de María por ser madre de Cristo, y sostiene que Dios preservó a María desde el momento de su concepción de toda mancha o efecto del pecado original, que había de transmitirse a todos los hombres por ser descendientes de Adán y Eva, en atención a que iba a ser la madre de Jesús, quien también es Dios. La doctrina reafirma con la expresión «llena de gracia» (Gratia Plena) contenida en el saludo del arcángel Gabriel (Lc. 1,28), y recogida en la oración del Ave María, este aspecto de ser libre de pecado por la gracia de Dios.

También podemos hablar del tema de la Coronación de la Virgen. En el cristianismo católico y ortodoxo la Coronación de la Virgen es una secuencia más dentro del ciclo de la vida de la Virgen María. Pertenece esta creencia a la tradición y su referencia en los libros sagrados de la Biblia se encuentra en el capítulo 12 del libro del Apocalipsis. Su promoción está en un relato atribuido a San Melitón, obispo de Sardes (ciudad de Asia Menor) en el siglo II, que fue divulgada en el occidente cristiano el siglo VI por Gregorio de Tours y más tarde en el siglo XIII por Santiago de la Vorágine en su Leyenda dorada.

El relato supone que en Cuerpo y Alma, María sube a los cielos (Asunción de la Virgen) y allí es coronada por Cristo, Dios Padre o la Trinidad. En este caso veremos que es coronada por dos ángeles.

Sobre el cuadro “Inmaculada Concepción”

Sobre un fondo celestial dorado aparece la Virgen Inmaculada. Abajo aparecen símbolos que aluden a las mariologías, al igual que los ángeles que en fila de tres, en ambos lados sujetan objetos que representan estas mariologías. Estos son “espejo de justicia”, “trono de sabiduría”, “rosa mística”, “torre de David”, “torre de marfil”, “casa de oro”, “arca de la Alianza”, “casa de oro” y “puerta del Cielo”. Otros dos ángeles arriba coronan a María como Reina de todo lo creado. Abajo pueden verse unas nubes grises.

Sobre la bola del mundo, y en ella enroscada la serpiente con la manzana, como símbolo del pecado, y sobre la media luna con los cuernos hacia arriba aparece esta Inmaculada. Viste de manera tradicional con túnica blanca y manto azul, con la peculiaridad de que el forro del manto es de un intenso rojo. El manto tiene estrellas doradas y encajes dorados en el filo. La Virgen tiene las manos en actitud de oración sobre el pecho y gira la cabeza a su derecha con la mirada baja. Lleva pendientes y anillos. Destaca el lazo rojo que lleva en su pecho, al igual que las mangas que deja ver debajo de la túnica, con motivos vegetales. En el cuello rectangular de la túnica se pueden ver piedras precios. El cabello castaño, largo, cae remarcando la silueta de cabeza, hombros y brazos. Vemos rayos centelleantes que salen de su cabeza.

El rostro de la Virgen presenta un modelado muy suave, aunque en la obra en general predomina más el dibujo. Destacan los plegados de la ropa y sobre todo los detalles en dorado de la misma, así como las joyas.

Ver cuadro completo “Inmaculada Concepción”

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Santa Cecilia – Círculo de Guido Reni

Cuadro de Guido Reni “Santa Cecilia”

La pintura de la que hablamos muestra a Santa Cecilia, pertenece a su círculo. A Santa Cecilia se la suele representar tocando el órgano u algún otro instrumento musical como violonchelos, violas o violines. Suele tener la mirada hacia arriba, con lo que nos está recordando que su música se eleva , es decir, que pretende que sea una alabanza a Dios.

Características cuadro “Santa Cecilia” de Guido Reni

Pintor:

Círculo de Guido Reni

Fecha/lugar creación:

Siglo XVII

Título pintura:

“Santa Cecilia”

Material:

Óleo sobre lienzo

Medidas:

130 x 100 cm

Sobre el pintor Guido Reni

Guido Reni (Bolonia4 de noviembre de 1575 – Bolonia, 18 de agosto de 1642) fue un pintor y grabador italianoperteneciente a la Escuela Boloñesa y famoso del clasicismo romano-boloñés.Artista largamente ignorado, fue sin embargo considerado en su época uno de los pintores más importantes de Italia. Cultivador (y uno de los protagonistas) del Clasicismo implantado en Bolonia por los Carracci, Reni prolongó el esplendor de dicho centro artístico por tres décadas más, e influyó en muchos maestros como Giovanni Lanfranco y Guercino, a quien llegó a acusar de plagio.

Su definitiva recuperación crítica se llevó a cabo en 1954, con motivo de la memorable exposición que tuvo lugar en dicho año en Bolonia. Su pintura, profundamente influida por la Antigüedad clásica y por Rafael, constituye una de las más vigorosas muestras de la tendencia clasicista del arte barroco. En Bolonia fue discípulo del artista flamenco Dionisio Fiamingo Calvaert, aunque muy pronto, quizás antes de 1595, comenzó a frecuentar la academia de los Carracci, cuya educación propugnaba el retorno a la naturaleza. Son muy pocas las obras existentes de esta primera etapa boloñesa, aunque las conocidas lo muestran experimentando con elementos formales de la tradición (Calvaert, Francesco Francia o Francesco Vanni), junto a otros que muestran ya su independencia de carácter, que propugna una visión más heroica e idealizada de la realidad. 

Su partida para Roma debió de producirse en 1601 y allí permaneció durante unos quince años, con puntuales viajes a Bolonia (quizá en 1603, para asistir al funeral de Agostino Carracci). Allí profundizó en el conocimiento de la pintura de Rafael y la copia de esculturas clásicas. Además, Roma le proporcionó la ocasión de entrar en contacto con propuestas innovadoras como era la pintura de Caravaggio, cuyo influjo se deja sentir poderosamente en su producción de 1603 a 1605, en obras como Crucifixión de san Pedro (Musei Vaticani, Roma). A partir de este momento, Reni manifestó con total independencia su personalidad artística para importantes comitentes, como los cardenales Paolo Emilio Sfondrati o Scipione Borghese, este último sobrino de Pablo V para el que realizó los frescos de San Andrea conducido al martirio, en el oratorio de San Andrés (San Gregorio al Celio, 1609) o la Aurora para el Casino de su nombre (1614). Al mismo tiempo llevó a cabo importantes encargos para Bolonia, entre los que se encuentra Matanza de los inocentes (1611, Pinacoteca Nazionale di Bologna), una de sus obras fundamentales. En esos momentos Reni alcanzó un lugar determinante en la cultura artística romana, sufriendo la influencia de Albani, Caballero de Arpino, Rubens y Gentileschi, al mismo tiempo que influyó poderosamente en otros, como Bernini. 

En 1614 se estableció definitivamente en Bolonia, ciudad que abandonó solo para trasladarse brevemente a Roma o Nápoles. Durante este periodo realizó obras como Hipomenes y Atalanta (Prado), una de sus obras maestras más reconocidas, y creó también sus célebres personajes femeninos (Cleopatra, Lucrecia, Salomé, Judith, etc.), dulces y serenas representaciones que gozaron de amplísima popularidad y que fueron copiadas en infinidad de ocasiones. Durante sus últimos años Reni modificó su paleta, que progresivamente se fue aclarando hasta alcanzar una calidad casi monocroma, con perfiles también cada vez más imprecisos y pinceladas más libres. Alguna de estas obras ha planteado enconadas polémicas entre los especialistas en su pintura, los cuales debaten sobre si se trata de obras finalizadas, o si, por el contrario, son los cuadros que se encontraban sin terminar en su taller en el momento de su muerte.

Sus temas son principalmente bíblicos y mitológicos. Pintó pocos retratosReni dio forma a un clasicismo “accesible” o de fácil conexión emotiva, que transmitía emociones mediante miradas de arrobo. Sus medias figuras de Cleopatra suicidándose y santos en trance o agonía fueron muy demandadas en el siglo XVIII, incidiendo en el estilo Neoclásico. Posteriormente, pasó de moda como toda la pintura boloñesa de la época, aunque ha recobrado estima gracias a exposiciones, desde mediados del siglo XX.

Autor admirado en la España del XVIII, cuenta con buena presencia en el Museo del Prado, que posee entre otras pinturas una versión de su Hipómenes y Atalanta (considerada mejor que la del Museo de Capodimonte), San SebastiánMuchacha con una rosa y La Virgen de la silla. El Louvre contiene veinte de sus cuadros, la National Gallery de Londres siete, de los cuales el más interesante es una pequeña Coronación de la Virgen, pintada sobre cobre y que data probablemente de fecha anterior a la marcha del pintor a Roma.

Sobre la pintura “Santa Cecilia” de Guido Reni

Hablemos algo de la iconografía de la santa. La historia cuenta que Cecilia era una noble romana convertida al cristianismo que vivió a finales del siglo II d.C.Una crónica del siglo V cuenta que, el día de su boda con el patricio Valeriano, y mientras sonaban los instrumentos, ella dirigió una oración a Dios:

“Señor, haz puro mi corazón”

Pasaje al que, con el tiempo, se dio una interpretación que dejaba suponer que la santa invocaba a Dios al son del órgano o de otros instrumentos musicales. De ahí que la nombraran santa patrona de los músicos.

Las primeras imágenes representan a Santa Cecilia con una palma en la mano (símbolo de todos los mártires), pero ya desde el siglo XIV le fue asociado un órgano portátil con lo que se la vinculó con la Música y los instrumentos musicales.

Desde entonces ha sido habitual representarla con el semblante arrobado, es decir, con una actitud de concentración y “escucha” de las armonías celestiales.

Es como si los ángeles o el mismísimo Dios le dictaran lo que tiene que tocar. En sus imágenes, santa Cecilia nunca mira partituras (que representan la música terrenal): ella está absorta en la audición interior de la música “celestial”.

En el siglo XVII, encontraron su tumba y los restos de la mártir en la iglesia romana de Trastevere, lo que motivó un aluvión de cuadros y representaciones de la Santa. 

Casi siempre está acompañada de ángeles que sostienen los instrumentos, sus ropajes, los cuadernos de música en donde están reproducidos los versos de la famosa antífona Cantantibus organis, junto a las notaciones del bajo continuo.

Tenemos que citar la pintura de la santa, obra de Guido Reni conservada en el Norton Simon Museum of Art, en el que la santa mira al cielo mientras toca un violín y de fondo se ven los tubos de un órgano. 

En nuestra pintura, sobre un fondo neutro, aparece la santa, pero con una especie de aureola sobre su cabeza que se prolonga hacia su izquierda. La figura es monumental, con ropajes voluminosos. Se lleva su mano izquierda al pecho, mientras con la otra sostiene el violín sin llegar a tocarlo, sobre una mesa de mármol que aparece en la esquina de la composición. Tiene carnaciones nacaradas, cuello largo y gira la cabeza hacia su izquierda. La cabeza es ovalada. La boca la tiene cerrada, la barbilla marcada, la nariz recta, las cejas arqueadas y la mirada absorta. Lleva una cinta en el pelo. Su peinado con la raya en medio dibuja una graciosa silueta, y la melena le cae por su lado izquierdo. 

Abajo, un angelillo rubio de pequeñas alas le sirve de atril, ya que le sostiene una partitura, aunque esta se encuentra un poco caída. El violín marca una suave diagonal hacia la cabeza de la santa, aunque se trata de una composición triangular que culmina en dicha cabeza. Destaca la luminosidad de su túnica celeste frente a los tonos ocres.Tanto la mano izquierda del ángel como la de la santa nos llevan de nuevo al rostro de la santa música. La pincelada utilizada es minuciosa. En general, esta obra transmite una sensación de espiritualidad y calma.

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