Escultura de Santiago Apóstol de Dolores Rodeiro

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Características escultura de Santiago Apóstol de Dolores Rodeiro

Autor:

Dolores Rodeiro

Fecha/lugar creación:

Título pintura:

“Santiago Apóstol”

Material:

esc

Medidas:

100cm x 50cm

Otros datos:

Sobre la escultora Dolores Rodeiro

Dolores Rodeiro fue una de las hijas más jóvenes del también escultor compostelano Francisco M.ª Rodeiro Permui, artista que trabajó en el segundo y tercer tercios del siglo XIX, con un estilo ecléctico que recoge y repite los modelos barrocos y neoclásicos anteriores. Francisco tuvo nueve hijos con Margarita Boado, y Dolores será la única heredera de la tradición paterna.
A excepción de un paréntesis en su formación cuando se traslada a Madrid en el curso 1884/85 para recibir clases de Dibujo y de Modelado en la Escuela de Bellas Artes, su vida está mayoritariamente vinculada a la ciudad compostelana. No hay muchos más datos de su vida, salvo que en 1875 obtiene Mención honorífica en la Exposición Regional de Santiago de Compostela, por un Crucifijo y un San Ignacio de Loyola.
A pesar de este desconocimiento de su biografía, se puede afirmar que fue una pionera, pues no solo se atrevió en ese momento del siglo XIX a dedicarse a su pasión, la escultura, sino que llegó a ser la primera artista en recibir una pensión de la Diputación de A Coruña en el año 1881.
Para entender su estilo y trabajo hay que conocer el de su padre: ambos fueron tallistas en madera de imágenes religiosas, que siguieron las normas de estilo de finales del siglo XIX, una etapa fructífera a nivel escultórico en Galicia por el número de obras pero que no aportaron grandes novedades estilísticas, repitiendo una y otra vez el habitual movimiento en S de las figuras y los rostros idealizados.
Dolores toma además de su padre las caras de barbilla prominente, los abundantes plegados en las vestiduras, que tienden a caer paralelos en la túnica y al llegar a la peana se curvan formando la característica S, y opta por composiciones frontales en triángulo isósceles.
Sigue igualmente con la costumbre del padre de firmar en las peanas y el resultado final es muy similar a lo que conseguía Francisco Rodeiro.

Quién fue Santiago Apóstol o Santiago de Zebedo

Se representa a Santiago de Zebedeo o Jacobo de Zebedeo: fue, según diversos textos neotestamentarios (Evangelios Sinópticos, Hechos de los Apóstoles), uno de los apóstoles más destacados de Jesús de Nazaret. Se lo conoció en la tradición cristiana como Santiago el Mayor para distinguirlo de otro miembro del grupo de los doce, Santiago el Menor. Nacido probablemente en Betsaida (Galileo), fue hijo de Zebedeo y Salomé, y hermano de Juan. Santiago de Zebedeo perteneció al llamado «círculo de dilectos» de Jesús que estuvo con él en ocasiones especiales: en la resurrección de la hija de Jairo, en la transfiguración, y en el huerto de Getsemaní, donde Jesús se retiró a orar en agonía ante la perspectiva de su pasión y muerte. También fue testigo privilegiado de las apariciones de Jesús resucitado y de la pesca milagrosa en el mar de Tiberíades.
Según el libro de los Hechos de los Apóstoles, Pentecostés encontró a Santiago en espera orante, siempre como uno de los máximos referentes de la primera comunidad cristiana, junto con Simón Pedro y Juan. Murió a manos de Herodes Agripa I en Jerusalén entre los años 41 y 44 de nuestra era. Es el patrono de España. Santiago suele ser representado justamente con las vestimentas típicas de un peregrino: apoyado en un bastón o “bordón”, cargando una mochila o “zurrón”, y llevando un sombrero de alas anchas tocado por una conchilla de vieira (“venera”) boca abajo. Las veneras han sido siempre insignia de los peregrinos de Santiago. Se llevan en el sombrero, alrededor del cuello o prendidas en el pecho, siempre de modo muy visible. La relación de las veneras con Santiago responde a una leyenda muy curiosa. Un príncipe gallego habría sido sorprendido en Compostela por una tormenta de conchillas, y oyó que se le mandaba que en el futuro los peregrinos las llevasen.
Más allá de esta leyenda, las conchillas han sido siempre, y en muchas culturas, emblemas de buena fortuna y signo de viaje próspero. Ese significado está relacionado con el agua que puede contener una conchilla, agua de la que el caminante y el peregrino tienen siempre necesidad. Aún hoy se usan en muchas iglesias para contener el agua bendita o el agua bautismal. Otra forma clásica de representación de Santiago Apóstol es como jinete de un caballo blanco en la batalla de Clavijo (en el año 843) con la llamada “cruz de Santiago” y portando una espada. Su imagen como vencedor de moros alentó a los cristianos en las guerras de la reconquista española e inspiró la creación de una orden de caballería que lleva su nombre. También la espada es un atributo de Santiago porque se supone que murió decapitado.
Innumerables episodios de su vida (de origen bíblico o legendario) han sido representados en la iconografía, sobre todo en los países hispanos, donde la devoción a Santiago el Mayor y su popularidad han sido extraordinarias desde la Edad Media.

Sobre la escultura de Santiago Apóstol

En la obra que tenemos frente a nosotros, sobre una peana aparece la figura del apóstol, que porta unas sandalias, manto rojo, túnica ocre y esclavina azul, haciendo su cuerpo la forma comentada de “ese”. Sus pies están muy juntos, haciendo elegante su silueta. Se sostiene el manto con el cinturón, manto que cae por su lado derecho. En el manto podemos ver una decoración de flores salpicadas. En su mano izquierda porta un libro y en la derecha la vara de peregrino que sostiene con garra. A ambos lados de la esclavina podemos ver las conchas que hacen alusión al santo, intuyendo una más atrás en la esclavina que se levanta por el viento.
Gira la cabeza a su derecha y la levanta con la mirada al cielo, bastante expresiva, con claros ojos celestes de cristal y cejas arqueadas. La cara presenta un extraordinario modelado donde estaca el naturalismo en pómulos y nariz. La boca entreabierta es de labios finos y tiene una poderosa barba bífida, más minuciosa pegada a la boca, y más realizada a grandes rasgos en la zona de abajo, aunque siempre detallada. Lleva raya al medio con mechones que le caen por ambos lados ondulantes.
En esta escultura destaca la blanca encarnadura y la calidad en la cabeza, minuciosidad en el trabajo anatómico de las manos y en los pliegues de los ropajes, lisos de policromía en su mayoría. Es una figura estrecha por la base que gana ampulosidad al ir subiendo y junto con lo movido de sus ropajes, nerviosismo de sus manos y expresividad de su rostro conmueve.

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