Dolorosa – Círculo de Bartolomé Esteban Murillo

Cuadro del Círculo de Bartolomé Esteban Murillo “Dolorosa”

El tema representado es la Dolorosa de Bartolomé Esteban Murillo. En esta obra podemos ver en primer plano a La Virgen, con las manos unidas en gesto de oración e inclina su cabeza hacia la derecha, dirigiendo la mirada al cielo

Características cuadro “Dolorosa” – Círculo de Bartolomé Esteban Murillo

Pintor:

Círculo de Bartolomé Esteban Murillo

Fecha/lugar creación:

Finales siglo XVII

Título pintura:

Dolorosa

Material:

Óleo sobre lienzo

Medidas:

71 x 52 cm sin marco | 147 x 110 cm con marco

 

Acerca de Bartolomé Esteban Murillo

Los pintores españoles fueron los grandes maestros en el empleo de la luz, símbolo de la divinidad, en la pintura religiosa del Siglo de Oro. La característica principal de esta pintura era su carácter didáctico en una sociedad analfabeta. El máximo exponente de este estilo es Bartolomé Esteban Murillo (1617-1682).

El pintor barroco español Bartolomé Esteban Murillo nace en Sevilla y allí es bautizado el 1 de enero de 1618, muere el 3 de abril de 1682. Se forma en un naturalismo tardío, evolucionando hacia formulas propias del barroco pleno, teniendo una sensibilidad que en ocasiones se anticipa al Rococó, como en el caso de la Inmaculada Concepción o el Buen Pasto en figura infantil. Es una importante personalidad en la escuela sevillana, con un gran número de discípulos y seguidores que llevan su influencia hasta el siglo XVIII. Murillo fue el pintor español mejor conocido y apreciado fuera de las fronteras españolas. Si Velázquez es el pintor profano por excelencia en la España del Siglo de Oro, Murillo es el religioso.

La pintura más amable y sosegada de Murillo, con sus modelos de Vírgenes y santos con un halo de sentimentalidad dulce y delicada, se impone en Sevilla en las últimas décadas del siglo XVII al arte más barroco y dramático de Valdés Leal, llenando con su influjo gran parte de la pintura sevillana en el siglo siguiente.

Murillo es el pintor español que mejor expresa el sentir católico que se vive en ese momento. Normalmente el pintor que plasma con su arte temas amables con regularidad y soltura no tiene predilección por representar asuntos relativos a la Pasión de Jesucristo, pero cuando lo hace no es menos devoto. Este es el caso de Murillo que trata de dulcificar la escena reduciendo así el dramatismo que la impregna, simbolo propio de su madurez.

Esta pintura que tenemos delante, “Dolorosa”, se relaciona con su círculo ya que la pieza presenta características propias del arte de Murillo.

Sobre la “Dolorosa”

Esta obra es una representación que el pintor repite en varias ocasiones debido a su enorme éxito entre la clientela sevillana, en cuya realización intervienen sus discípulos y colaboradores. El prototipo de esta Dolorosa es creado para hacer pareja con un Ecce Homo, siendo parte de un conjunto iconográfico. Murillo realiza, desde 1660, varias versiones de este tema, utilizando normalmente dos lienzos que forman la pareja. Hay que relacionar iconográficamente este tipo de pintura con los conjuntos de Dolorosas y Ecce Homos que hace en escultura Pedro de Mena, también son bustos, contemporáneos a Murillo.

A nivel formal, muestra las características principales de la pintura devocional de Murillo, entre ellas la composición sencilla y clásica, sin elementos que compliquen la lectura de la imagen, con la figura a gran tamaño en el centro de la obra, sobre un fondo neutro y oscuro que realza su presencia. Parece que las primeras pinturas devocionales fueron los iconos bizantinos.

En esta obra podemos ver en primer plano a La Virgen, con las manos unidas en gesto de oración e inclina su cabeza hacia la derecha, dirigiendo la mirada al cielo. Por su mejilla izquierda resbalan dos lágrimas y mantiene la boca entreabierta. Pese al dolo representado en el cuadro, no pierde su belleza. El rostro de María se corresponde con el modelo femenino utilizado habitualmente por el pintor, en este caso con expresión apenada pero manteniéndose serena, con los ojos hinchados por el llanto y llenos de lágrimas.

Respecto a su vestimenta, lleva una camisa blanca que se puede apreciar en las mangas, una túnica rosa, una toca ocre, un velo blanco  y un manto azul, color que simboliza la virginidad. Estos son los colores con los que tradicionalmente se pintaban a las Inmaculadas. El velo cae por el lado derecho de forma suelta y ondeante, en la imagen destaca la calidad y detalle del mismo. También muestra bastante calidad la manga de la túnica rosa, tanto el detalle como el claroscuro. En contraste tenemos la toca, pintada de forma más abocetada. Hay que decir que en el siglo XVII los pintores alcanzan el dominio al pintar las telas.

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“Virgen con el Niño” Circulo de ANTON VAN DYCK

Cuadro de Anton Van Dyck: “Virgen con el Niño”

El artista nos ofrece una escena tradicional de la cultura del occidente cristiano: la Virgen sentada, abrazando y sosteniendo en su regazo al Niño Jesús. La figura de la Virgen y el Niño Jesús se encuentran iluminadas por un foco de luz de cenital del rompimiento.

Características de la pintura de Anton Van Dyck

Pintor:

Anton Van Dyck

Fecha/lugar creación:

Siglo XVII

Título pintura:

“Virgen con el Niño”

Material:

Óleo sobre lienzo. Reentelado.

Medidas:

160 x 105 cm sin marco | 184 x 128 cm con marco

Otros datos:

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Sobre el pintor Anton Van Dyck

El pintor romanista Anton Van Dyck nace en 1599 en la ciudad de Amberes (Bélgica). En 1609 comienza su formación y seis años más tarde, en 1615-16, trabaja con Jordaens. Posteriormente, entre 1617 y 1620, trabaja junto a Rubens, quién dijo de él que fue su mejor alumno.

En 1620 visita Inglaterra por primera vez, al servicio de Jacobo I. Allí deja a un lado la pintura religiosa, ya que disfruta de una mayor libertad, y comienza a dedicarse al retrato a a tiempo completo.

Entre 1621 y 1627 viaja por la geografía italiana y completa su formación, quedando impresionado por la pintura boloñesa y las obras de Tiziano. En esta etapa alcanza su estilo más maduro, refinado y elegante, además de configurar su tipo de retrato, convirtiéndose en modelo para la pintura occidental.

En 1629 regresa a Londres, esta vez para trabajar bajo las ordenes del rey Carlos I, quién admiraba profundamente la obra de Tiziano y vio en Van Dyck su heredero, que tantos años llevaba buscando.  Tan convencido estaba de esto que despidió al resto de sus pintores.

En 1640, tras la muerte de Rubens, Van Dyck regresa a Amberes para terminar obras que había dejado inacabadas. Un años más tarde se traslada a París, pero regresa a Londres por motivos de salud. Poco después fallece en su casa de la capital inglesa.

En la actualidad Anton Van Dyck está representado en los museos más importantes de todo el mundo: el Louvre, el Prado, el Kunsthistorisches de Viena, la National Gallery, el Museo Británico de Londres, el Hermitage de San Petersburgo o el Metropolitan de Nueva York.

Sobre el cuadro “Virgen con el Niño”

Desde los últimos años de la Edad Media los artistas querían representar, de forma cada vez más intensa, el fuerte vínculo de afecto que unió a Cristo con su madre. Este hecho se incrementó en el Renacimiento y posteriormente en el Barroco, época en la que la exacerbación de las emociones caracteriza a un gran número de obras.

Anton Van Dyck nos ofrece una escena tradicional de la cultura del occidente cristiano: la Virgen sentada, abrazando y sosteniendo en su regazo al Niño Jesús.

El pintor centra el cuadro exclusivamente en los dos personajes, presentados bajo un rompimiento de Gloria donde se puede observar al Espíritu Santo, representado por la paloma. La figura de la Virgen y el Niño Jesús se encuentran iluminadas por un foco de luz de cenital del rompimiento. Madre e hijo se sitúan en posición frontal respecto al espectador.

Van Dyck consigue transmitir la naturalidad de gesto del pequeño, apoyado sobre su madre y mirando a un punto externo del cuadro.

Esta obra en cuestión es una copia parcial, eliminando el escenario pero manteniendo los personajes de forma fiel, del cuadro pintado por Anton Van Dyck y, actualmente, se encuentra conservado en el Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (Madrid). Otra versión de la misma obra, también de la mano de Van Dyck, se encuentra en el Museo Ftizwiliam de Cambridge.

 

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“Baserritarras” de Valentín de Zubiaurre Aguirrezábal

Cuadro de Valentín de Zubiaurre y Aguirrezábal“Baserritarras” 

En esta pieza se puede observar un retrato costumbrista de temática vasca en el que aparecen tres personas, dos hombres y una mujer, mirando directamente al pintor. El autor propone una vista frontal en la cual a las tres personas vestidas con las ropas típicas vascas de la época.

Características de la pintura de Valentín de Zubiaurre y Aguirrezábal

Pintor:

Valentín de Zubiaurre y Aguirrezábal

Fecha/lugar creación:

Siglo XIX

Título pintura:

“Baserritarras”

Material:

Grafito sobre papel

Medidas:

44 x 60 cm sin marco | 64 x 83 cm con marco

Otros datos:

Obra reproducida en “Pintores y escultores vascos de ayer, hoy y mañana” Ed, La gran Enciclopedia Vasco, p.241
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Sobre el pintor Valentín de Zubiaurre y Aguirrezábal

Valentín de Zubiaurre y Aguirrezábal (1879 – 1963), hijo del compositor musical con el mismo nombre, nació sordomudo, al igual que su hermano menor Ramón, que también fue pintor. El joven pintor, de origen vasco pero instalado en Madrid, comienza su formación con el pintor Daniel Perea, también sordomudo.

En 1894 ingresa en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, donde es discípulo de Carlos de Haes, Muñoz Defrain, Ferrant y Moreno Carbonero. Con visitas al Museo del Prado completa su sólida formación, donde realiza copias de los grandes maestros. En 1898, finalizada su etapa en San Fernando, los dos hermanos emprenden un viaje de estudios que les lleva a Francia, Paises Bajos e Italia.

En 1902 obtienen una beca de la Diputación de Vizcaya lo que les permite instalarse en París, donde acuden a las clases de la Academia Julian y conocen las corrientes modernas que se desarrollaban en la capital francesa donde se interesan por el impresionismo. No obstante, no cala tanto en ellos su influencia, debido a su gran de su formación académica y a su admiración tanto por los primitivos flamencos e italianos como por pintores españoles coetáneos como Ignacio Zuloaga.

Valentín de Zubiaurre envía sus obras a las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes periódicamente y es premiado en varias ocasiones. En 1908 obtiene segunda medalla y nueve años después, en 1917, alcanza la primera. En la primera década del siglo XX, también obtiene premios en destacados certámenes internacionales  como los de Múnich, Buenos Aires, Bruselas, San Diego, San Francisco y la Universidad de Panamá.

Hasta la llegada de la Guerra Civil, los hermanos Zubiaurre viven su época de mayor éxito y reconocimiento, tanto a nivel nacional como internacional. Para entonces, ambos tienen su estilo bien definido e identificado: Ramón es más colorista y Valentín más clasicista, pero sin caer en rigideces académicas.

En 1939, tras la guerra, Ramón se traslada a América, concretamente a Chile, donde está hasta 1951; mientras Valentín se queda en Madrid, donde retoma su carrera y su reconocimiento es oficial con el nombramiento como académico de número de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en 1945, culminando con la medalla de honor que se le concede en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1957, seis años antes de su muerte.

Valentín de Zubiaurre y Aguirrezábal cultivó una pintura costumbrista en la que se centro, principalmente, en temas vascos y castellanos. Destacar también sus pinturas con temática paisajista. Su pintura estuvo dominada por una cierta melancolía, rasgo que le diferencia de su hermano Ramón. Actualmente sus obras se encuentran en los Museos de Bellas Artes de Chicago, Buenos Aires, París, Luxemburgo, Munich, Berlón, Tokio, Pittsburg y San Diego, así como en las principales pinacotecas del País Vasco, el Museo Castagnino en Argentina, el Nacional Centro de Arte Reina Sofía, la colección BBVA y el Museo de Arte Moderno de Roma.

Sobre el cuadro “Baserritarras” de Valentín de Zubiaurre y Aguirrezábal

En esta pieza se puede observar un retrato costumbrista de temática vasca en el que aparecen  dos hombres y una mujer, mirando directamente al pintor. El autor propone una vista frontal en la cual a las tres personas vestidas con las ropas típicas vascas de la época y en segundo plano se pueden observar dos edificios.

 

 

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