Bodegón con uvas y codornices

“Bodegón con uvas y codornices”.
Óleo sobre lienzo. Reentelado en los años 50.
100 x 81 cm; 121 x 102 cm (marco).

En este lienzo se plasma un bodegón de composición cerrada y equilibrada, con los objetos dispuestos de forma ordenada, aunque con el amontonamiento típico del naturalismo barroco, en primer plano, organizados en tres niveles de altura. Se trata de racimos de uvas, melocotones y perdices muertas, dispuestos en una fuente de metal típicamente barroca por su contorno mixtilíneo y una cesta situada tras ella.

Las perdices y las ramas de la parte superior aparecen fijados al muro, con un lado azul, único foco de color frío de todo el cuadro, adornando el punto de unión entre ambos lados del ramaje. Los frutos aparecen plenos, con delicadísimos matices de textura en el caso de los melocotones y una miríada de brillos y de tonalidades en el de los racimos, estos últimos cargados a más no poder de uvas, evidenciando el gusto por lo exuberante, por la plenitud de formas, que es una de las bases estéticas del barroco. Formalmente esta obra se enmarca dentro el barroco naturalista, tanto por la precisión rigurosa en la captación de las calidades como, y especialmente, por el tratamiento lumínico, muy pensado y rico en contrastes, que determina una atmósfera cálida y tenebrista.

La pintura francesa del periodo barroco pasa por un primer periodo de vacilación, entre el barroquismo y las tendencias tradicionales derivadas del espíritu academicista, antibarroco y anclado en el manierismo. En esta primera etapa encontramos al gran caravaggista Georges de La Tour y a los primeros pintores de bodegones. Después de ellos llegarán los grandes pintores del clasicismo francés del XVII: Poussin, Claudio de Lorena y Philippe de Champaigne. Este bodegón se enmarca dentro de ese primer periodo, ya sea por fecha o sólo por estilo, dado que muestra características propias del barroco naturalista, pese al orden y la claridad clásicos de su composición.

Así, como hiciera La Tour en sus composiciones, el autor de este bodegón emplea una luz protagonista que revela los objetos sumidos en la penumbra, sumergidos en una noche quebrada por esta luz fuerte que recude los matices al rojo, el blanco y una amplia gama de terrosos y ocres. Se trata de una luz artificial y dirigida, de foco, que penetra en el espacio pictórico desde el ángulo superior izquierdo, tal y como hacía el propio Caravaggio, creando puntos de atención directamente iluminados en contraste con zonas de penumbra y de densa sombra, contribuyendo así de forma naturalista al modelado de los volúmenes y a la construcción del espacio.

Así, el autor de este lienzo aprovecha el descubrimiento fundamental del maestro italiano: el de que la luz crea la forma de los cuerpos dotándolos de masa y color. Estas características fueron comunes a los primeros pintores franceses de bodegones, como Baugin, del cual el Louvre posee un magnífico “Bodegón con tablero de ajedrez”. La rigurosa simplicidad de las composiciones de estos primeros bodegonistas, y que aquí se aprecia en todo su esplendor, se opondrá al estilo fastuoso de los bodegones que pintaron más adelante los artistas de Luis XIV.

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Jerónimo de Rueda “Inmaculada Concepción”

La obra representa a la Inmaculada Concepción coronada como reina de los cielos o como reina de los ángeles. Es una pintura al óleo sobre lienzo que mide, alto por ancho, 144,5 por 110 centímetros. Está restaurada, presenta su lienzo original forrado y montado sobre bastidor con travesaño central. Su estado de conservación es bueno y tras la limpieza de la capa pictórica su colorido es de gran intensidad. A simple vista no se aprecian firmas.

La Virgen María aparece en medio de un cielo luminoso, elevada sobre un paisaje marítimo y terrestre, con un pozo y una palmera, y rodeada de figuras de ángeles niños portadores de diversos símbolos de las letanías: Los del lado izquierdo llevan la rosa de Jericó, la azucena y el lirio, con el pozo de la sabiduría en la tierra; Los del lado derecho, la torre de David y el espejo de la justicia, con la puerta del cielo suspendida entre las nubes.

Por su estilo, técnica, y colorido se trata sin duda de una pintura española del Barroco, en concreto de la escuela de Granada, una Inmaculada Concepción  serena, recogida, sumisa, de gestos delicados, sin el dinamismo que suele caracterizar a este tema en el Barroco español. La pintura destaca por su cálida entonación dorada, Conseguida al mezclar ocres y blancos sobre una preparación rojiza.

Según el estudio del experto y cito textualmente:

Por los argumentos expuestos en el estudio precedente y de acuerdo con mis conocimientos del tema, creo que esta Inmaculada Concepción puede catalogarse como obra del pintor Jerónimo de Rueda (Granada, hacia 1670-1750)

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Frias y Escalante “Virgen con Niño Jesús”

Atribuida a Juan Antonio Frias y Escalante
La obra presenta a la Virgen María con el Niño Jesús, Santa Isabel y San Juan Bautista niño.
Es una pintura al óleo sobre lienzo que mide 106X85 cm.
La escena Se desarrolla en una estancia interior delimitada por un muro de piedra sobre el que se eleva una columna acanalada y un bran cortinaje. Por el lado derecho se abre hacia las arboledas y arquitecturas de un jardín, divisándose al fondo una figura asomada en una terraza. La composición se centra en la figura de la Virgen María, una mujer joven, hermosa, de cabellos rizados y claros.

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Atribuido a Carlos Maratta “Virgen con Niño”

Óleo Sobre Lienzo  43X33 Cm

Nació en Camerano, cerca de Ancona. Desde niño mostró gran facilidad para el dibujo, y a los once años de edad viajó a Roma. Ingresó como aprendiz en el estudio de Andrea Sacchi, donde permanecería durante 22 años, y todavía después proseguirían su amistad. Testimonio de ello es un retrato que Maratta hizo de su maestro (Madrid, Museo del Prado).

Sacchi, discípulo de Francesco Albani, orientó a Maratta hacia el estudio de Rafael SanzioCorreggio y Annibale Carracci, influencias que Maratta fusionaría con otras de la escuela veneciana.

Tras un breve regreso a su tierra natal, Maratta volvió a Roma en 1650 y fue presentado por el gobernador de Ancona, el cardenal Albrizio, al papa Alejandro VII, que le encargaría pinturas para iglesias romanas y para la catedral de Siena. De laHuida a Egipto, conservada en esta última, existe una réplica de formato reducido en el Museo del Prado.

Al apoyo de Giovanni Bellori, teórico de arte y amigo de Poussin, debió Maratta su primer gran encargo: los frescos en Sant´Isidoro a Capo le Case de Roma (1652).

Maratta ingreso en la Accademia di San Luca de Roma en 1662. Trabajó al servicio de los papas Inocencio XII y Clemente IX, a quien retrató (1669) copiando el esquema del Inocencio X pintado porVelázquez. Se le encomendó la restauración de los frescos de las Estancias de Rafael.

Pintó en 1686 una famosa Asunción de la Virgen para Santa María del Popolo en Roma. Su labor como fresquista incluye ciclos decorativos en Frascati (la Villa Falconieri) y en Roma (el Palacio Altieri). Entre sus retratos, muy estimados, se puede mencionar el de André Le Nôtre, diseñador de los jardines de Versalles (h. 1679; Palacio de Versalles). Pero el grueso de su producción es pintura religiosa. De ello es ejemplo la Virgen dando de mamar al Niño de la Casa de Alba (Madrid, Palacio de Liria).

Muertos Bernini y Pietro da Cortona, Maratta se convirtió en líder de la pintura romana. Una de sus obras más importantes es una pintura de Constantino destruyendo los ídolos para el Baptisterio de Letrán. Esta obra incrementó la fama de Maratta en el Vaticano. Fue nombrado Caballero de la Orden de Cristo por Clemente XI en 1704, y primer pintor por Luis XIV de Francia el mismo año.

Su faceta como grabador, aunque importante, parece limitarse a sus años juveniles, antes de 1660. Grabó frescos que admiraba como La expulsión de Heliodoro del templo de Rafael y La flagelación de san Andrés de Domenichino. También grabó una serie de imágenes de diseño propio sobre La vida de la Virgen. También trabajó la arquitectura, diseñando diversas construcciones. Incluso trazó su propia tumba, dentro de un barroquismo más bien exuberante.

Su obra pictórica se singulariza por su aspecto sólido, sobrio y noble, contrapuesto al efectismo un tanto frívolo del barroco decorativo. Sin embargo, se achaca a Maratta su gusto excesivo por los detalles accesorios, y cierta debilidad en el tratamiento de los paños.

Maratta murió en Roma el 15 de diciembre de 1713. Poseedor de una buena colección de arte, en 1722 ésta sería puesta a la venta por su hija Faustina Maratta, siendo casi la mitad de ella, 124 pinturas de las más de 270 que había en el inventario, comprada por Felipe V de España e Isabel de Farnesio. Entre las piezas que atesoró, destacan pinturas de Giovanni Bellini, los Carracci, Guido Reni y de su maestro Sacchi.

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