Jerónimo de Rueda “Inmaculada Concepción”

Inmaculada Concepción Jeronimo Rueda y Navarrete

Pintor:

Catalogado a Jerónimo Rueda y Navarrete

Fecha/lugar creación:

1670-1750

Título pintura:

Inmaculada Concepción

Material:

Óleo sobre lienzo

Medidas:

114,5x110cm

Otros datos:

Sobre el Pitnor Jerónimo Rueda y Navarrete

Hijo del también pintor Esteban Rueda, nació en Granada en 1670. Si desea conocer más acerca de su vida, dirígase a la biografía de Jerónimo Rueda y Navarrete.

Sobre la obra Inmaculada Concepción

La obra representa a la Inmaculada Concepción coronada como reina de los cielos o como reina de los ángeles. Es una pintura al óleo sobre lienzo que mide, alto por ancho, 144,5 por 110 centímetros. Está restaurada, presenta su lienzo original forrado y montado sobre bastidor con travesaño central. Su estado de conservación es bueno y tras la limpieza de la capa pictórica su colorido es de gran intensidad. A simple vista no se aprecian firmas.

La Virgen María aparece en medio de un cielo luminoso, elevada sobre un paisaje marítimo y terrestre, con un pozo y una palmera, y rodeada de figuras de ángeles niños portadores de diversos símbolos de las letanías: Los del lado izquierdo llevan la rosa de Jericó, la azucena y el lirio, con el pozo de la sabiduría en la tierra; Los del lado derecho, la torre de David y el espejo de la justicia, con la puerta del cielo suspendida entre las nubes.

Por su estilo, técnica, y colorido se trata sin duda de una pintura española del Barroco, en concreto de la escuela de Granada, una Inmaculada Concepción  serena, recogida, sumisa, de gestos delicados, sin el dinamismo que suele caracterizar a este tema en el Barroco español. La pintura destaca por su cálida entonación dorada, Conseguida al mezclar ocres y blancos sobre una preparación rojiza.

Según el estudio del experto y cito textualmente:

Por los argumentos expuestos en el estudio precedente y de acuerdo con mis conocimientos del tema, creo que esta Inmaculada Concepción puede catalogarse como obra del pintor Jerónimo de Rueda (Granada, hacia 1670-1750)

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“San Isidro Labrador” Escuela española siglo XVII

Vitela San Isidro Labadror del siglo XVII con ángeles

Características cuadro “San Isidro Labrador” de la Escuela española siglo XVII

Pintor:

Escuela española

Fecha/lugar creación:

S.XVII

Título pintura:

“San Isidro Labadror”

Material:

Vitela

Medidas:

15cm x 11cm

Otros datos:

Sobre el cuadro “San Isidro Labrador” de la Escuela española siglo XVII

Nos encontramos ante una pintura en vitela, que es un tipo de pergamino de superficie particularmente pulida, caracterizado por combinar delgadez y durabilidad, y fabricado a partir de la piel de becerros nacidos muertos o recién nacidos. Suele estar muy pulida para permitir pintar en ella.

San Isidro Labrador (Madrid, c. 1082 -ibídem, 30 de noviembre de 1172)​ nacido en el Mayrit musulmán, fue un labrador mozárabe que estuvo posiblemente al servicio de la familia Vargas y de otros tantos señores terratenientes como Francisco Vera. Su trabajo como jornalero más mencionado por los biógrafos es a cargo de Juan de Vargas, y se realizó principalmente en el área de Madrid y alrededores. Se conocen algunos detalles de su vida por las alabanzas que indica un códice encontrado en la Iglesia de San Andrés en 1504 (denominado como Códice de San Isidro y escrito a finales del siglo XII) y donde se denomina Ysidorus Agricola.

En este documento se menciona que está casado, con un hijo y proporciona referencia de solo cinco milagros, siendo los demás añadidos posteriormente procedentes de la tradición oral durante su proceso de beatificación por varios hagiógrafos. Pese a que aún no estuviese santificado, los madrileños le rendían un culto desde el siglo XII que iba incrementándose rápidamente en siglos posteriores. Por ello, las autoridades eclesiásticas, municipales, la aristocracia madrileña y la corona real española lideraron su proceso de canonización en el siglo XVI.

Entre los estudiosos de su vida se encuentran: Alonso de Villegas,​ Jaume Bleda,​ Jerónimo de la Quintana, López de Hoyos, Juan de Ferreras y el mismo poeta madrileño Lope de Vega en un poema hagiográfico titulado Isidro (Madrid, 1599).​ La narración de los milagros puede diferir unos de otros, y se encuentra influenciada por la tradición oral popular.

San Isidro es el primer laico casado llevado a los altares tras un proceso de canonización instruido por la Congregación de Ritos. Los promotores de esta canonización fueron varios personajes del siglo XVI, incluida la familia Vargas y la casa real de los Austrias. El 14 de marzo del año 1622 fue finalmente canonizado por el papa Gregorio XV, y en 1960 el papa Juan XXIII le declara mediante bula como santo patrón de los agricultores españoles. Su cuerpo es empleado en procesiones del siglo XV para hacer rogativas por la lluvia en Madrid, su popularidad se extiende posteriormente. Isidro labrador fue un santo zahorí, pocero, traumatúrgico y hacedor de lluvias. Hombre sencillo y bienhechor de los pobres empezó a ser venerado por el pueblo de Madrid unos cuarenta años después de su fallecimiento.

La canonización llevó a una labor de asiento documental de parte de las dudas existentes sobre la vida de San Isidro, e institucionalizó una gran porción de la tradición oral de siglos anteriores.​ Fray Domingo de Mendoza, comisario nombrado por Felipe II para la canonización, se sospecha tuvo inventiva a la hora de reconstruir la biografía del Santo que ha llegado hasta nuestros días.​ Se menciona en el códice que Isidro Labrador estaba casado y tenía un hijo. La tradición popular, y algunos autores, fija el lugar donde conoció a su esposa en la localidad de Torrelaguna. Los patronazgos que representa en diversas ciudades del mundo, así como las festividades que se celebran su el día 15 de mayo, por ser el día en el que parece ser que su cuerpo incorrupto se trasladó a la Iglesia de San Andrés.​ Los restos del santo residen en el altar mayor de la Colegiata de San Isidro en un arca mortuoria, estando custodiado junto con las reliquias de Santa María de la Cabeza por la Real, muy Ilustre y Primitiva Congregación de San Isidro de Naturales de Madrid. Es patrón de varias localidades de España y de México.

Detalles de la vitela de San Isidro Labrador

La iconografía se centra, dependiendo de la época y del artista, en algunos de los milagros de Isidro. Las primeras imágenes del Santo le muestran vestido con un traje de campesino, portando un azadón en la mano derecha. El tipo de ropaje depende de la época en la que se represente, soliendo portar alguno de los utensilios agrícolas como una pala, azada, hoz, aguijada, mayal, arado. A veces con bueyes conducidos por ángeles haciendo rememoración a uno de los milagros. Es frecuente igualmente las expresiones plásticas y las manifestaciones artísticas que le representan realizando milagros. ​Desde el siglo XVII (tras su canonización en 1697) es frecuente encontrarlo representado en compañía de su esposa: Santa María de la Cabeza. Ella suele portar un jarrón de agua, a veces otro apero diferente de San Isidro.

En esta representación, encontramos al santo arrodillado en un paisaje montañoso que muestra lejanía, con vara y sombrero en el suelo, manos juntas en actitud de oración y mirada al cielo con pliegues marcados en la frente y raya al medio, ante la escena que presencia: dos ángeles sostienen una iglesia, en la que se ven arcadas y una torre, con cubierta a dos aguas y sillares bien delimitados. Sobre esta se sienta la Virgen, vestida con los colores tradicionales azul y rosa que tiene al Niño en su regazo, éste está desnudo y porta una bola del mundo coronada con la cruz. En ambas figuras, cada una con la cabeza en dirección al exterior, hay un resplandor dorado tras ellas, reflejo de la divinidad, y quedan enmarcadas con unas nubes que rodean la iglesia y se cortan por arriba de la composición. Son unas nubes negras que contrastan con el celeste del cielo, donde vemos rostros de querubes a ambos lados.

Destacamos las tonalidades celestes que predominan en la obra junto a los grises y los naranjas del santo y ángeles. Un detalle anecdótico es la representación de las sandalias de los ángeles. Vemos cierta ingenuidad en los rostros que miran hacia arriba, lo que le da cierto encanto y cercanía a esta pintura que tiene un fin devocional.

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“San José con el Niño” atribuido a Lorente Germán

Características cuadro “San José con el Niño” atribuido a Lorente Germán

Pintor:

Bernardo Lorente Germán. Después de Murillo, Bartolomé Esteban (Sevilla, 1617 – Cádiz, 1682).

Fecha/lugar creación:

S.XVII

Título pintura:

“San José con el Niño”

Material:

Óleo sobre lienzo.

Medidas:

106,5 x 82,5 cm; 119,5 x 95,5 cm (marco).

Otros datos:

Marco antiguo.

Sobre el cuadro “San José con el Niño” atribuido a Lorente Germán

Esta pintura es una copia del lienzo actualmente conservado en el Museo Lázaro Galdiano de Madrid, obra del taller de Murillo.

En la obra se muestra a San José, identificado por la vara florida, sentado con el Niño en su regazo, en una escena familiar llena de ternura típica del maestro sevillano. Hasta la Contrarreforma, lo más común era que la figura de San José permaneciera en un segundo plano, dado que no se le otorgaba ninguna importancia teológica. Sin embargo, a partir de Trento se recuperará su papel protagonista como protector de Jesús durante su infancia, como guía durante sus años de juventud, y como tal se representa aquí.

Frente a la ternura, indefensión y candidez de la figura infantil, San José se presenta como un personaje monumental, típicamente barroco, impresión que queda reforzada por la composición piramidal. Mediante esta forma de representación, el autor realza visualmente el papel decisivo como protector del padre putativo de Jesús.

Formalmente la obra se enmarca plenamente en el barroco naturalista, con una composición sencilla y claramente comprensible, sin detalles anecdóticos que desvíen la atención. José y el Niño aparecen en primer plano, ocupando la mayor parte de la superficie pictórica, sobre un fondo neutro y oscuro. Quedan además fuertemente iluminados por la luz tenebrista propia de esta escuela naturalista, una luz de foco, artificial y dirigida, que incide directamente en el rostro y las carnaciones de los personajes dejando el resto en penumbra, creando sutiles sombras y expresivos juegos de claroscuro que modelan los volúmenes y refuerzan la ilusión de tridimensionalidad tan buscada en el periodo barroco.

Asimismo, el cromatismo es el propio del barroco naturalista, una paleta centrada en las tonalidades terrosas y carmines, con toques blancos que iluminan el conjunto sin estridencias. Se trata de un cromatismo muy diferente al del contemporáneo barroco clasicista, que utiliza grandes campos de colores clásicos, delicadamente equilibrados. En cambio, los naturalistas utilizan colores cálidos que reflejan la luz y convierten la escena representada en una imagen más cercana al fiel, buscando su identificación con las figuras o hechos narrados.

Bernardo Lorente Germán inició su formación de la mano de su padre, también pintor, y a continuación estudió con Cristóbal López. Terminado su aprendizaje aventajó tanto a sus maestros y llegó a ser tan reconocido que, cuando viajó a Madrid, le fue encargado un retrato del infante Don Felipe. Dicha obra tuvo tan buena acogida que la reina Isabel de Farnesio le regaló como muestra de agradecimiento una serie de estampas del pintor francés Charles Le Brun.

Se le propuso entonces ser pintor del rey pero Lorente rechazó el cargo por no querer ausentarse de Sevilla. Fue nombrado individuo de mérito por la Real Academia de San Fernando en 1756. En Sevilla fue conocido como “el pintor de las Pastoras”, dado que pintó numerosas veces el tema de la Divina Pastora.

Fue también el principal retratista de la aristocracia hispalense, con obras que evidencian el gusto francés imperante entonces, que conviven con otras claramente deudoras de Murillo, cuyas formas algodonosas y colores pastel, por otra parte bellísimos, acordaban a la perfección con el asunto del que Ceán Bermúdez hace creador a Lorente Germán, el de la Divina Pastora.

Sus obras más conocidas se conservan en la cartuja de Jerez de la Frontera, y están repartidas por numerosas iglesias de Úbeda y Baeza, así como en la catedral de Jaén, en el Museo del Louvre en París y en el de Bellas Artes de Sevilla. También realizó bodegones y escenas de género, y llegó a ser un consumado maestro del género del trampantojo.

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Retrato María Luisa de Orleans , Escuela colonial de finales del siglo XVII

María Luisa de Orleans, escuela colonial

Características cuadro “María Luisa de Orleans” Escuela colonial de finales del siglo XVII

Pintor:

Escuela colonial de finales del siglo XVII

Fecha/lugar creación:

s.XVII

Título pintura:

“María Luisa de Orleans”

Material:

Óleo sobre lienzo.

Medidas:

138 x 98 cm.

Otros datos:

Sobre el cuadro María Luisa de Orleans de la Escuela Colonial de finales del siglo XVII

¿Quién fue María Luisa de Orleans?

María Luisa de Orleans (París, 1662-Madrid, 1689). Reina de España. Primogénita de Felipe de Orleans, hermano de Luis XIV de Francia. Se casó con Carlos II (1679). No logró dar el sucesor deseado por la corte. Siempre mantuvo malas relaciones con su suegra, Mariana de Austria. Su abuela paterna, Ana de Austria, la nombró heredera de la mayor parte de su fortuna.

Su muerte fue repentina, tras dar un paseo a caballo comenzó a sentir un intenso dolor en el vientre y al anochecer falleció. Algunas hipótesis apuntan al envenenamiento, pero lo más acertado parece ser que muriera por apendicitis, en esa época era una infección mortal hasta que siglos más tarde apareciera la anestesia y cirugía.

Detalles sobre el retrato de María Luisa de Orleans realizado por la Escuela Colonial a finales del siglo XVII

Estamos ante un retrato colonial de María Luisa de Orleans que parece inspirarse en los retratos de Claudio Coello, pintor español, destacado representante del pleno barroco madrileño, pintor del rey Carlos II.

Sobre un fondo neutro y un cortina verde donde se adivina el borlón aparece el personaje, casi de cuerpo entero, girado un poco hacia su izquierda y girando levemente la cabeza hacia el otro buscando al espectador. Se muestra ricamente vestida y enjoyada por su condición, sosteniendo un abanico cerrado con la mano izquierda cogiendo con gran delicadeza un pañuelo. Lleva vestido rojo brocado con guardainfantes y corsé, quedando los hombros al descubierto.

El rostro, de piel blanquecina y mejillas sonrosadas es alargado, con marcado mentón, labios cerrados, larga nariz, atentos ojos y cejas prominentes y arqueadas. Dos tirabuzones le caen por delante.

Destacan los adornos como el que tiene en el cabello o los pendientes que cuelgan. De gran virtuosismo resulta el empleo de las gamas de blanco en las anchas mangas y pañuelo, resuelto de manera efectista a grandes pinceladas, contrastando con la minuciosidad del resto de la obra. Un retrato que sigue inmerso en la tendencia barroca, entre otras cosas por el empleo del cortinaje y la oscuridad del fondo que resalta la luminosa figura de María Luisa de Orleans.

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“Judith con la cabeza de Holofernes” – Escuela Española

Judith con la cabeza de Holofernes

Cuadro de Escuela Española – “Judith con la cabeza de Holofernes”

Características cuadro “Judith con la cabeza de Holofernes”

Pintor:

Escuela española.

Fecha/lugar creación:

Siglo XVII.

Título pintura:

“Judith con la cabeza de Holofernes”

Material:

Óleo sobre lienzo. Reentelado.

Medidas:

Medidas: 149 x 112 cm.

Otros datos:

Presenta restauraciones y repintes.

 

Sobre la obra Judith con la cabeza de Holofernes

La obra muestra un fondo oscuro, en marcado contraste con los focos de luz que generan las carnaciones de los personajes. De entre los cuales destaca la de la protagonista, siguiendo así una tradición de carácter habitual en el barroco y en el desarrollo de la corriente tenebrista del siglo XVII.

En la escena se puede observar a una joven situada en el centro de la composición, ricamente vestida. Esta aparece sosteniendo una espada en alto con su mano derecha, y con la otra mano sosteniendo la cabeza cortada de un hombre barbado. A su lado y en penumbra, una mujer más mayor aparece ayudándola, vestida de manera más humilde. Unas colgaduras en la parte superior izquierda sitúan la escena en una tienda, lo cual se estable por la narración del relato bíblico que describe la historia de Judith y Holofernes.

Esta describe en el libro bíblico de Judith, perteneciente al Antiguo Testamento, la historia de esta viuda hebrea, en plena guerra de Israel contra el ejército babilónico, erróneamente denominado asirio. De bellas facciones, alta educación y enorme piedad, celo religioso y pasión patriótica, Judith descubre que el general invasor, Holofernes, se ha prendado de ella.

Acompañada de su criada, la viuda desciende de su ciudad amurallada y sitiada por el ejército extranjero y, engañando al militar para hacerle creer que está enamorada de él, consigue ingresar a su tienda de campaña.

Una vez allí, en lugar de ceder a sus reclamos galantes, lo embriaga. Cuando Holofernes cae dormido, Judith le corta la cabeza, sembrando la confusión en el ejército de Babilonia y obteniendo de este modo la victoria para Israel. Se trata de un tema frecuente en la historia del arte a partir del barroco, principalmente.

Si bien en época barroca se buscó expresamente el dramatismo y la plasmación cruenta de la historia, y de ahí que se escogiera generalmente el momento de la decapitación, en época neoclásica se prefiere una estética más atemperada y épica, tal y como aquí vemos.

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“Retrato de caballero” cuadro de Phillipe Champaigne

Cuadro “Retrato de caballero” de Champaigne

Características pintura de Phillipe Champaigne “Retrato de caballero”

Pintor:

Phillipe Champaigne

Fecha/lugar creación:

Francia, S. XVII

Título pintura:

“Retrato de caballero”

Material:

Óleo sobre lienzo pegado a tabla.

Medidas:

41,5 x 33,5 cm; 60 x 52 cm (marco)

Otros datos:

 

Sobre el pintor Champaigne

En esta obra el autor retrato a un caballero, en primer plano sobre un fondo neutro. Monumentalizando así el busto. La obra destaca por la sobriedad, tanto en la ornamentación que acompaña al retratado, como en su vestimenta y gesto.

Es esta atmosfera la que invita al espectador a prestar atención al rostro, sus facciones y a aquello que quiere trasmitir. Por lo que se intuye, que la intención del autor se fundamenta en la captación del carácter y la psicología del personaje.

Phillipe Champaigne fue un pintor de la época del barroco francés nacido en Brabançon, uno de los mayores exponentes de la escuela francesa. Fue miembro fundador de la Académie de peinture y de sculpture en París, la principal institución de arte de Francia en el siglo XVIII. Champaigne produjo una gran cantidad de pinturas, principalmente obras religiosas y retratos.

Influido por Rubens al principio de su carrera, su estilo se volvió más austero. Phillippe de Champaigne sigue siendo un pintor excepcional gracias al brillo de los colores en sus pinturas y la fuerza severa de sus composiciones.

Representó a toda la corte francesa, a la alta nobleza francesa, a la realeza, a los altos miembros de la iglesia y al estado, a los parlamentarios y arquitectos, y a otras personas notables. Su retrato del poeta Vincent Voiture se creó alrededor de 1649 como el frontispicio de las obras publicadas de Voiture (publicadas póstumamente en 1650). El retrato es muy inusual, ya que Champaigne lo modificó más tarde como un retrato de una figura religiosa, San Luis (Rey Luis IX), para permitir que la hija de Voiture la acompañara cuando ingresara en un convento. Al representar sus rostros, se negó a mostrar una expresión transitoria, en lugar de capturar la esencia psicológica de la persona.

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Imposición de la casulla a San Ildefonso

Imposición de la casulla a San Ildefonso pintura

Cuadro Imposición de la casulla a San Ildefonso

Óleo sobre lienzo en el que se encuentra representado el tema de la imposición de la Casulla a San Ildefonso.

Características cuadro Imposición de la Casulla a San Ildefonso de la Escuela Colonial

Atribución:

Escuela colonial

Fecha/lugar creación:

Finales del siglo XVII, principios del siglo XVIII

Título pintura:

“Imposición de la casulla a San Ildefonso”

Material:

Óleo sobre cobre.

Medidas:

26,5 x 21 cm sin marco | 41 x 36 cm con marco.

Otros datos:

Marco de finales del siglo XVIII.

Sobre San Ildefonso de Toledo

San Ildefonso de Toledo (Toledo, 607-667), hijo de padres visigodos y sobrino de san Eugenio III, fue arzobispo de Toledo entre el 657 y el 667, y es uno de los Padres de la Iglesia. Estudió en Sevilla bajo la tutela de san Isidoro, e ingresó en la orden de san Benito huyendo de sus padres, nobles que se oponían a su vida sacerdotal.

Posteriormente sería elegido abad de Agalia, cerca de Toledo, y finalmente arzobispo. San Ildefonso unificó la liturgia en España, y escribió numerosas obras de carácter litúrgico y dogmático, particularmente sobre la Virgen María.

Sobre la representación en el cuadro “Imposición de la casulla a San Ildefonso”

El pasaje más conocido de su biografía es el milagro de su encuentro con la Virgen. La noche del 18 de diciembre de 665 san Ildefonso acudió a la iglesia para cantar himnos en honor la María, acompañado de sus clérigos y algunas otras personas. No obstante al entrar, encontraron la capilla brillando con una luz tan deslumbrante, que sintieron temor. Todos huyeron excepto Ildefonso y sus dos diáconos, que entraron y se acercaron al altar. Ante ellos se encontraba la Virgen María, sentada en la silla del obispo, rodeada por una compañía de vírgenes entonando cantos celestiales. María le hizo al santo una seña para que se acercara y, habiendo obedecido, ella fijó sus ojos sobre él y dijo: “Tú eres mi capellán y fiel notario. Recibe esta casulla la cual mi Hijo te envía de su tesorería”.

Habiendo dicho esto, la Virgen misma lo invistió, dándole las instrucciones de usar la casilla solamente en los días festivos designados en su honor.

Durante la dominación colonial española, se desarrolló una pintura principalmente religiosa, destinada a cristianizar a los pueblos indígenas. Los pintores locales tenían como modelo las obras españolas, que seguían de forma literal en cuanto a tipos e iconografía.

Los modelos más frecuentes fueron los ángeles arcabuceros y las vírgenes triangulares, sin embargo, en los primeros años del siglo XIX, ya en tiempos de la independencia y apertura política de algunas de las colonias, varios artistas comenzaron a representar un nuevo modelo de pintura con una identidad propia

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Dolorosa – Círculo de Bartolomé Esteban Murillo

Cuadro del Círculo de Bartolomé Esteban Murillo “Dolorosa”

El tema representado es la Dolorosa de Bartolomé Esteban Murillo. En esta obra podemos ver en primer plano a La Virgen, con las manos unidas en gesto de oración e inclina su cabeza hacia la derecha, dirigiendo la mirada al cielo

Características cuadro “Dolorosa” – Círculo de Bartolomé Esteban Murillo

Pintor:

Círculo de Bartolomé Esteban Murillo

Fecha/lugar creación:

Finales siglo XVII

Título pintura:

Dolorosa

Material:

Óleo sobre lienzo

Medidas:

71 x 52 cm sin marco | 147 x 110 cm con marco

 

Acerca de Bartolomé Esteban Murillo

Los pintores españoles fueron los grandes maestros en el empleo de la luz, símbolo de la divinidad, en la pintura religiosa del Siglo de Oro. La característica principal de esta pintura era su carácter didáctico en una sociedad analfabeta. El máximo exponente de este estilo es Bartolomé Esteban Murillo (1617-1682).

El pintor barroco español Bartolomé Esteban Murillo nace en Sevilla y allí es bautizado el 1 de enero de 1618, muere el 3 de abril de 1682. Se forma en un naturalismo tardío, evolucionando hacia formulas propias del barroco pleno, teniendo una sensibilidad que en ocasiones se anticipa al Rococó, como en el caso de la Inmaculada Concepción o el Buen Pasto en figura infantil. Es una importante personalidad en la escuela sevillana, con un gran número de discípulos y seguidores que llevan su influencia hasta el siglo XVIII. Murillo fue el pintor español mejor conocido y apreciado fuera de las fronteras españolas. Si Velázquez es el pintor profano por excelencia en la España del Siglo de Oro, Murillo es el religioso.

La pintura más amable y sosegada de Murillo, con sus modelos de Vírgenes y santos con un halo de sentimentalidad dulce y delicada, se impone en Sevilla en las últimas décadas del siglo XVII al arte más barroco y dramático de Valdés Leal, llenando con su influjo gran parte de la pintura sevillana en el siglo siguiente.

Murillo es el pintor español que mejor expresa el sentir católico que se vive en ese momento. Normalmente el pintor que plasma con su arte temas amables con regularidad y soltura no tiene predilección por representar asuntos relativos a la Pasión de Jesucristo, pero cuando lo hace no es menos devoto. Este es el caso de Murillo que trata de dulcificar la escena reduciendo así el dramatismo que la impregna, simbolo propio de su madurez.

Esta pintura que tenemos delante, “Dolorosa”, se relaciona con su círculo ya que la pieza presenta características propias del arte de Murillo.

Sobre la “Dolorosa”

Esta obra es una representación que el pintor repite en varias ocasiones debido a su enorme éxito entre la clientela sevillana, en cuya realización intervienen sus discípulos y colaboradores. El prototipo de esta Dolorosa es creado para hacer pareja con un Ecce Homo, siendo parte de un conjunto iconográfico. Murillo realiza, desde 1660, varias versiones de este tema, utilizando normalmente dos lienzos que forman la pareja. Hay que relacionar iconográficamente este tipo de pintura con los conjuntos de Dolorosas y Ecce Homos que hace en escultura Pedro de Mena, también son bustos, contemporáneos a Murillo.

A nivel formal, muestra las características principales de la pintura devocional de Murillo, entre ellas la composición sencilla y clásica, sin elementos que compliquen la lectura de la imagen, con la figura a gran tamaño en el centro de la obra, sobre un fondo neutro y oscuro que realza su presencia. Parece que las primeras pinturas devocionales fueron los iconos bizantinos.

En esta obra podemos ver en primer plano a La Virgen, con las manos unidas en gesto de oración e inclina su cabeza hacia la derecha, dirigiendo la mirada al cielo. Por su mejilla izquierda resbalan dos lágrimas y mantiene la boca entreabierta. Pese al dolo representado en el cuadro, no pierde su belleza. El rostro de María se corresponde con el modelo femenino utilizado habitualmente por el pintor, en este caso con expresión apenada pero manteniéndose serena, con los ojos hinchados por el llanto y llenos de lágrimas.

Respecto a su vestimenta, lleva una camisa blanca que se puede apreciar en las mangas, una túnica rosa, una toca ocre, un velo blanco  y un manto azul, color que simboliza la virginidad. Estos son los colores con los que tradicionalmente se pintaban a las Inmaculadas. El velo cae por el lado derecho de forma suelta y ondeante, en la imagen destaca la calidad y detalle del mismo. También muestra bastante calidad la manga de la túnica rosa, tanto el detalle como el claroscuro. En contraste tenemos la toca, pintada de forma más abocetada. Hay que decir que en el siglo XVII los pintores alcanzan el dominio al pintar las telas.

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Inmaculada Concepción – Escuela colonial limeña

Detalle rostro Inmaculada Concepción

Cuadro Escuela Colonial Limeña “Inmaculada Concepción”

El tema representado es la Inmaculada Concepción, conocida también como la Purísima Concepción.

Características cuadro “Inmaculada Concepción” – Escuela Colonial Limeña

Pintor:

Escuela Colonial Limeña

Fecha/lugar creación:

Siglo XVII

Título pintura:

“Inmaculada Concepción”

Material:

Óleo sobre lienzo

Medidas:

S/N

 

Acerca de la Escuela Colonial Limeña

La pintura colonial, tuvo tres grandes influencias: la italiana, muy intensa durante el siglo XVI y principios del XVII, que después se diluyó para recuperar su hegemonía a fines del siglo XVIII con la introducción del neoclasicismo; la influencia flamenca, que se dio desde el principio y su importancia fue creciendo hasta ser muy fuerte en el siglo XVII, pero, sobre todo fue constante por medio de los grabados; y la española que se manifestó con mayor fuerza durante el período barroco de los siglos XVII y XVIII, especialmente a través de la escuela sevillana.

Zurbarán es la figura más influyente en el barroco hispanoamericano y Lima es la ciudad con mayor número de obras relacionadas con su taller. Se pueden hablar hasta de seis series suyas enviadas a Lima.

La pintura de caballete en Lima estaba fuertemente influenciada por la pintura flamenca, más cerca hacia lo académico y con intencionalidad dinámica, motivo por el cual no tuvo mucha acogida el claroscurismo. De esta etapa destacan cuatro pintores Francisco Escobar, Diego de Aguilera, Andrés de Liebana y Pedro Fernández de Noriega.

Sobre la temática: Inmaculada Concepción, Virgen María libre de pecado original

El tema representado es la Inmaculada Concepción, conocida también como la Purísima Concepción. Es un dogma de la iglesia católica decretado en 1854 que sostiene que la Virgen María estuvo libre del pecado original desde el primer momento de su concepción por los méritos de su hijo Jesucristo.

No debe confundirse este dogma con la doctrina del nacimiento virginal de Jesús, que sostiene que Jesús fue concebido sin intervención de varón mientras que María permaneció virgen antes, durante y después del parto.

Al desarrollar la doctrina de la Inmaculada Concepción, la Iglesia Católica contempla la posición especial de María por ser madre de Cristo, y sostiene que Dios preservó a María desde el momento de su concepción de toda mancha o efecto del pecado original, que había de transmitirse a todos los hombres por ser descendientes de Adán y Eva, en atención a que iba a ser la madre de Jesús, quien también es Dios. La doctrina reafirma con la expresión «llena de gracia» (Gratia Plena) contenida en el saludo del arcángel Gabriel (Lc. 1,28), y recogida en la oración del Ave María, este aspecto de ser libre de pecado por la gracia de Dios.

También podemos hablar del tema de la Coronación de la Virgen. En el cristianismo católico y ortodoxo la Coronación de la Virgen es una secuencia más dentro del ciclo de la vida de la Virgen María. Pertenece esta creencia a la tradición y su referencia en los libros sagrados de la Biblia se encuentra en el capítulo 12 del libro del Apocalipsis. Su promoción está en un relato atribuido a San Melitón, obispo de Sardes (ciudad de Asia Menor) en el siglo II, que fue divulgada en el occidente cristiano el siglo VI por Gregorio de Tours y más tarde en el siglo XIII por Santiago de la Vorágine en su Leyenda dorada.

El relato supone que en Cuerpo y Alma, María sube a los cielos (Asunción de la Virgen) y allí es coronada por Cristo, Dios Padre o la Trinidad. En este caso veremos que es coronada por dos ángeles.

Sobre el cuadro “Inmaculada Concepción”

Sobre un fondo celestial dorado aparece la Virgen Inmaculada. Abajo aparecen símbolos que aluden a las mariologías, al igual que los ángeles que en fila de tres, en ambos lados sujetan objetos que representan estas mariologías. Estos son “espejo de justicia”, “trono de sabiduría”, “rosa mística”, “torre de David”, “torre de marfil”, “casa de oro”, “arca de la Alianza”, “casa de oro” y “puerta del Cielo”. Otros dos ángeles arriba coronan a María como Reina de todo lo creado. Abajo pueden verse unas nubes grises.

Sobre la bola del mundo, y en ella enroscada la serpiente con la manzana, como símbolo del pecado, y sobre la media luna con los cuernos hacia arriba aparece esta Inmaculada. Viste de manera tradicional con túnica blanca y manto azul, con la peculiaridad de que el forro del manto es de un intenso rojo. El manto tiene estrellas doradas y encajes dorados en el filo. La Virgen tiene las manos en actitud de oración sobre el pecho y gira la cabeza a su derecha con la mirada baja. Lleva pendientes y anillos. Destaca el lazo rojo que lleva en su pecho, al igual que las mangas que deja ver debajo de la túnica, con motivos vegetales. En el cuello rectangular de la túnica se pueden ver piedras precios. El cabello castaño, largo, cae remarcando la silueta de cabeza, hombros y brazos. Vemos rayos centelleantes que salen de su cabeza.

El rostro de la Virgen presenta un modelado muy suave, aunque en la obra en general predomina más el dibujo. Destacan los plegados de la ropa y sobre todo los detalles en dorado de la misma, así como las joyas.

Ver cuadro completo “Inmaculada Concepción”

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Santa Cecilia – Círculo de Guido Reni

Cuadro de Guido Reni “Santa Cecilia”

La pintura de la que hablamos muestra a Santa Cecilia, pertenece a su círculo. A Santa Cecilia se la suele representar tocando el órgano u algún otro instrumento musical como violonchelos, violas o violines. Suele tener la mirada hacia arriba, con lo que nos está recordando que su música se eleva , es decir, que pretende que sea una alabanza a Dios.

Características cuadro “Santa Cecilia” de Guido Reni

Pintor:

Círculo de Guido Reni

Fecha/lugar creación:

Siglo XVII

Título pintura:

“Santa Cecilia”

Material:

Óleo sobre lienzo

Medidas:

130 x 100 cm

Sobre el pintor Guido Reni

Guido Reni (Bolonia4 de noviembre de 1575 – Bolonia, 18 de agosto de 1642) fue un pintor y grabador italianoperteneciente a la Escuela Boloñesa y famoso del clasicismo romano-boloñés.Artista largamente ignorado, fue sin embargo considerado en su época uno de los pintores más importantes de Italia. Cultivador (y uno de los protagonistas) del Clasicismo implantado en Bolonia por los Carracci, Reni prolongó el esplendor de dicho centro artístico por tres décadas más, e influyó en muchos maestros como Giovanni Lanfranco y Guercino, a quien llegó a acusar de plagio.

Su definitiva recuperación crítica se llevó a cabo en 1954, con motivo de la memorable exposición que tuvo lugar en dicho año en Bolonia. Su pintura, profundamente influida por la Antigüedad clásica y por Rafael, constituye una de las más vigorosas muestras de la tendencia clasicista del arte barroco. En Bolonia fue discípulo del artista flamenco Dionisio Fiamingo Calvaert, aunque muy pronto, quizás antes de 1595, comenzó a frecuentar la academia de los Carracci, cuya educación propugnaba el retorno a la naturaleza. Son muy pocas las obras existentes de esta primera etapa boloñesa, aunque las conocidas lo muestran experimentando con elementos formales de la tradición (Calvaert, Francesco Francia o Francesco Vanni), junto a otros que muestran ya su independencia de carácter, que propugna una visión más heroica e idealizada de la realidad. 

Su partida para Roma debió de producirse en 1601 y allí permaneció durante unos quince años, con puntuales viajes a Bolonia (quizá en 1603, para asistir al funeral de Agostino Carracci). Allí profundizó en el conocimiento de la pintura de Rafael y la copia de esculturas clásicas. Además, Roma le proporcionó la ocasión de entrar en contacto con propuestas innovadoras como era la pintura de Caravaggio, cuyo influjo se deja sentir poderosamente en su producción de 1603 a 1605, en obras como Crucifixión de san Pedro (Musei Vaticani, Roma). A partir de este momento, Reni manifestó con total independencia su personalidad artística para importantes comitentes, como los cardenales Paolo Emilio Sfondrati o Scipione Borghese, este último sobrino de Pablo V para el que realizó los frescos de San Andrea conducido al martirio, en el oratorio de San Andrés (San Gregorio al Celio, 1609) o la Aurora para el Casino de su nombre (1614). Al mismo tiempo llevó a cabo importantes encargos para Bolonia, entre los que se encuentra Matanza de los inocentes (1611, Pinacoteca Nazionale di Bologna), una de sus obras fundamentales. En esos momentos Reni alcanzó un lugar determinante en la cultura artística romana, sufriendo la influencia de Albani, Caballero de Arpino, Rubens y Gentileschi, al mismo tiempo que influyó poderosamente en otros, como Bernini. 

En 1614 se estableció definitivamente en Bolonia, ciudad que abandonó solo para trasladarse brevemente a Roma o Nápoles. Durante este periodo realizó obras como Hipomenes y Atalanta (Prado), una de sus obras maestras más reconocidas, y creó también sus célebres personajes femeninos (Cleopatra, Lucrecia, Salomé, Judith, etc.), dulces y serenas representaciones que gozaron de amplísima popularidad y que fueron copiadas en infinidad de ocasiones. Durante sus últimos años Reni modificó su paleta, que progresivamente se fue aclarando hasta alcanzar una calidad casi monocroma, con perfiles también cada vez más imprecisos y pinceladas más libres. Alguna de estas obras ha planteado enconadas polémicas entre los especialistas en su pintura, los cuales debaten sobre si se trata de obras finalizadas, o si, por el contrario, son los cuadros que se encontraban sin terminar en su taller en el momento de su muerte.

Sus temas son principalmente bíblicos y mitológicos. Pintó pocos retratosReni dio forma a un clasicismo “accesible” o de fácil conexión emotiva, que transmitía emociones mediante miradas de arrobo. Sus medias figuras de Cleopatra suicidándose y santos en trance o agonía fueron muy demandadas en el siglo XVIII, incidiendo en el estilo Neoclásico. Posteriormente, pasó de moda como toda la pintura boloñesa de la época, aunque ha recobrado estima gracias a exposiciones, desde mediados del siglo XX.

Autor admirado en la España del XVIII, cuenta con buena presencia en el Museo del Prado, que posee entre otras pinturas una versión de su Hipómenes y Atalanta (considerada mejor que la del Museo de Capodimonte), San SebastiánMuchacha con una rosa y La Virgen de la silla. El Louvre contiene veinte de sus cuadros, la National Gallery de Londres siete, de los cuales el más interesante es una pequeña Coronación de la Virgen, pintada sobre cobre y que data probablemente de fecha anterior a la marcha del pintor a Roma.

Sobre la pintura “Santa Cecilia” de Guido Reni

Hablemos algo de la iconografía de la santa. La historia cuenta que Cecilia era una noble romana convertida al cristianismo que vivió a finales del siglo II d.C.Una crónica del siglo V cuenta que, el día de su boda con el patricio Valeriano, y mientras sonaban los instrumentos, ella dirigió una oración a Dios:

“Señor, haz puro mi corazón”

Pasaje al que, con el tiempo, se dio una interpretación que dejaba suponer que la santa invocaba a Dios al son del órgano o de otros instrumentos musicales. De ahí que la nombraran santa patrona de los músicos.

Las primeras imágenes representan a Santa Cecilia con una palma en la mano (símbolo de todos los mártires), pero ya desde el siglo XIV le fue asociado un órgano portátil con lo que se la vinculó con la Música y los instrumentos musicales.

Desde entonces ha sido habitual representarla con el semblante arrobado, es decir, con una actitud de concentración y “escucha” de las armonías celestiales.

Es como si los ángeles o el mismísimo Dios le dictaran lo que tiene que tocar. En sus imágenes, santa Cecilia nunca mira partituras (que representan la música terrenal): ella está absorta en la audición interior de la música “celestial”.

En el siglo XVII, encontraron su tumba y los restos de la mártir en la iglesia romana de Trastevere, lo que motivó un aluvión de cuadros y representaciones de la Santa. 

Casi siempre está acompañada de ángeles que sostienen los instrumentos, sus ropajes, los cuadernos de música en donde están reproducidos los versos de la famosa antífona Cantantibus organis, junto a las notaciones del bajo continuo.

Tenemos que citar la pintura de la santa, obra de Guido Reni conservada en el Norton Simon Museum of Art, en el que la santa mira al cielo mientras toca un violín y de fondo se ven los tubos de un órgano. 

En nuestra pintura, sobre un fondo neutro, aparece la santa, pero con una especie de aureola sobre su cabeza que se prolonga hacia su izquierda. La figura es monumental, con ropajes voluminosos. Se lleva su mano izquierda al pecho, mientras con la otra sostiene el violín sin llegar a tocarlo, sobre una mesa de mármol que aparece en la esquina de la composición. Tiene carnaciones nacaradas, cuello largo y gira la cabeza hacia su izquierda. La cabeza es ovalada. La boca la tiene cerrada, la barbilla marcada, la nariz recta, las cejas arqueadas y la mirada absorta. Lleva una cinta en el pelo. Su peinado con la raya en medio dibuja una graciosa silueta, y la melena le cae por su lado izquierdo. 

Abajo, un angelillo rubio de pequeñas alas le sirve de atril, ya que le sostiene una partitura, aunque esta se encuentra un poco caída. El violín marca una suave diagonal hacia la cabeza de la santa, aunque se trata de una composición triangular que culmina en dicha cabeza. Destaca la luminosidad de su túnica celeste frente a los tonos ocres.Tanto la mano izquierda del ángel como la de la santa nos llevan de nuevo al rostro de la santa música. La pincelada utilizada es minuciosa. En general, esta obra transmite una sensación de espiritualidad y calma.

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