“Coronación de la Virgen” de Francesco Solimena

Coronación de la Virgen de Francesco Solimena

Cuadro de Francesco Solimena: “Coronación de la Virgen”

Esta obra de arte de Francesco Solimena presenta un formato ovalado. En la pintura está representada la Virgen ascendiendo a los cielos sobre una gran nube. Alrededor de la nube, custodiándola, están dos ángeles y en la parte superior derecha tenemos a Dios Hijo coronado a la Virgen junto a Dios Padre. Ocupando el centro de la imagen, está el Espíritu Santo representado como una paloma, que representa es la Santísima Trinidad coronando a la Virgen María.

Características de la pintura de Francesco Solimena

Pintor:

Francesco Solimena

Fecha/lugar creación:

Siglo XVI

Título pintura:

Coronación de la Virgen”

Material:

Óleo sobre lienzo.

Medidas:

46 x 36 cm 

Otros datos:

 

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Sobre Francesco Solimena

Francesco Solimena es un pintor italiano que nace en Canale di Serino en 1657 y fallece en la localidad de Barra, Nápoles, en 1747. Durante sus primeros años se forma junto a su padre, hasta que en 1674 se traslada a Nápoles. Allí se sumerge en el rico ambiente pictórico local. Durante su breve estancia en el taller de De Maria se aproxima a las influencias barrocas más avanzadas: Cortona, Lanfranco, Preti o Giordano. De hecho, sus primeras obras ya muestran su gusto por la cultura barroca romana, así como a la reciente tradición pictórica napolitana.

Con posterioridad intenta crear una alternativa al lenguaje fantástico de Luca Giordano y Francesco Solimena se acerca al arte de Mattia Preti, más tenebroso, insistiendo en una mayor plasticidad. Aparecen entonces en sus obras los sombreados, que tanto han caracterizado a sus obras. En poco tiempo se convierte en un referente de la escuela napolitana y, más tarde, se ve influido por Maratta y su experiencia clasicista. Esto induce a Solimena a buscar una mayor intensidad en el dibujo de acentos académicos.

Francesco Solimena tiene obra en el Museo del Prado, Madrid. Sus pinturas llegan a España desde sus inicios, y la presencia de Carlos de Borbón en Nápoles refuerza las relaciones entre Solimena y la corte de Isabel de Farnesio.

Sobre la pintura “Coronación de la Virgen”

Esta pintura de Solimena presenta un formato ovalado, muy repetido durante la Edad Moderna a la hora de representar a la Virgen. Compositivamente se puede comparar con la Coronación de la Virgen del Greco y de Velázquez, ambas conservadas en el Museo del Prado, Madrid.

En la pintura está representada la Virgen, con la media luna a los pies marcando una diagonal a su izquierda. Viste con los colores tradicionales: túnica jacinto, manto azul y tocado ocre. La Virgen está ascendiendo a los cielos sobre una gran nube, que destaca por su blanco más intenso. Junta sus dedos corazón con suma delicadeza mientras inclina el rostro hacia la derecha.

Alrededor de la nube, custodiándola, están dos ángeles; uno lleva lirios blancos, símbolo de pureza; y otro porta un espejo, que hace referencia a la cuarta letanía de la Virgen, dedicada a su ejemplaridad, cuando se recoge el símbolo de espejo de justicia.

En la parte superior derecha tenemos a Dios Hijo, desnudo de cintura para arriba y dejando ver parte de su pierna derecha, porta una cruz escuadrada. Corona a la Virgen junto a Dios Padre en la parte superior contraria, coronado por el mimbo triangular que le identifica. Éste está apoyado sobre la bola del mundo, la cual está sostenida por un ángel.

En la parte superior, ocupando el centro de la imagen, está  el Espíritu Santo representado como una paloma, por lo que se puede decir que lo que representa es la Santísima Trinidad coronando a la Virgen María, como reina de todo lo creado.

Pese a la presencia de las nubes, se puede apreciar que el fondo inferior de la imagen es azul, y donde está la Santísima Trinidad es dorado, color de la divinidad, ya que la Virgen está subiendo al cielo.

Destacan, como era típico en las pinturas de Francesco Solimena, los claroscuros: en los ángeles, el cuerpo de Cristo, en el rostro de la Virgen, en las carnaciones en los paños… El detalle con el que pinta los paños es de gran calidad y variedad de colores: amarillo y rojo en los ángeles y verdes en Dios Padre e Hijo. Hay un especial trabajo y claroscuro en los paños de María.

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“Diosa Flora” de Gérard de Lairesse

Cuadro de Gérard de Lairesse: “Diosa Flora”

El artista nos ofrece un paisaje en medio de la naturaleza, donde se ven árboles, ramas, nubes y celaje, todo ello en un tono verdoso. En el centro de la obra aparece Flora, sentada y girada hacia la izquierda, hacia el espectador. Su cabeza está cubierta por hojas. Cubre su pecho, dejando ver los hombros, brazos y la zona alrededor de sus senos.

Características de la pintura de Gérard de Lairesse

Pintor:

Gérard de Lairesse

Fecha/lugar creación:

Siglo XVII

Título pintura:

Diosa Flora

Material:

Óleo sobre lienzo.

Medidas:

78 x 114 cm sin marco | 96 x 130 cm con marco

Otros datos:

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Sobre el pintor Gérard de Lairesse

Gérard de Lairesse nace en Lieja (Bélgica) en 1941 y fallece en la Haya (Países Bajos) en 1711. Fue un pintor y teórico holandés de estilo clasicista, el último maestro relevante del Barroco en Bélgica. Su padre, Renier Lairesse, también fue artista aunque de menor relevancia.

Se especializa en plasmar en temas mitológicos e históricos de la Antigüedad, dentro de un gusto más bien académico, decorativo y de belleza idealizada, con influencias francesas e italianas. Gérard de Lairesse fue el artista holandés más renombrado de la segunda mitad del siglo XVII pero, actualmente, es más célebre por el retrato que le hizo Rembrandt que por sus propias obras.

Sobre su vida personal, Gérard de Lairesse padecía sífilis congénita, pese a ello vivió hasta los 70 años. De joven huyó de Lieja por peripecias amorosas. Lairesse fue un artista polifacético y de gran cultura. Sus escritos tuvieron influencia en el siglo XVIII. Además, se interesó por la música y el teatro.

Como mencionábamos anteriormente, su padre también era artista por lo que se forma junto a él y con Bertholet Flemalle, pero en 1664 se ve obligado a huir de Lieja tras una tormentosa relación amorosa. Después de esto decide instalarse en Utrecht donde es descubierto por el marchante de arte Gerrit van Uylenburgh. Debido a esto último se muda a Ámsterdam en 1667. En está época, con unos 26 años, posa para un famoso retrato de Rembrandt (New York, Metropolitan Museum), donde aparece con aspecto enfermizo y demacrado, provocado por la sífilis congénita que padecía.

La mayoría de pinturas que Gérard de Lairesse produce son de gran formato para edificios públicos y mansiones, tanto cuadros como plafones para techo, recreando la pintura al fresco. Los temas más recurrentes del artista son mitologías y alegorías, aunque también toca los bíblicos pero dentro de la misma estética artificiosa y monumental. Su estilo conecta con artistas italianos y franceses, como Poussin y Pierre Mignard. De hecho, fue apodado “el Poussin holandés” y se le llega a ser comparado con Rafael Sanzio.

De sus obras destacan:

  • Aquiles descubierto entre las mujeres (Mauritshuis de La Haya).
  • Alegoría de los cinco sentidos, de 1668 (Glasgow, Museo Kelvingrove).
  • Alegoría de la libertad del Comercio (La Haya, Palacio de la Paz).
  • Venus presentando las armas a Enea (Amberes, Museo Mayer van der Bergh).
  • Hermes y Calypso (Museo de Arte de Cleveland).
  • El banquete de Cleopatra (Rijksmuseum de Ámsterdam).

Lairesse fue más hábil con el dibujo que con el color: introdujo tonos metálicos mediante pinceladas pulidas, lo que creo contrastes un tanto duros. También hay que nombrar su labor como grabador. Se pueden citar aguafuertes como: La reina Semíramis cazando leones y El sacrificio de Ifigenia (1667), entre otros. Muchos de ellos están incluidos en el libro Opus Elegantissimum, editado por Gerard Valck. Dicha  recopilación reúne tanto grabados originales de Lairesse como otros basados en sus diseños. Además, el artista diseñó decorados teatrales y aportó ilustraciones para escritos sobre anatomía. El museo Británico de Londres posee algunos grabados de Gérard de Lairesse.

En 1690 Lairesse queda ciego, por lo que desde ese momento se dedica a la teoría artística. Sus escritos son recopilados en los libros Fundación del dibujo (1701) y El gran libro de la pintura (1707). En 1711 fallece en La Haya, donde vivía desde 1684.

 

Sobre el cuadro “Diosa Flora”

Flora era diosa de la flores, los jardines y la primavera en la mitología romana. En la mitología griega su equivalente es Cloris.

Su figura estaba entre varias diosas de la fertilidad. Su asociación con la primavera le otorgaba una particular importante en dicha época del año. La Floralia, su festividad, se celebraba en abril o mayo y simbolizaba la renovación del ciclo de la vida. Esta festividad estaba marcada por los bailes, bebidas y flores.

Flora era una mujer exuberante, adornada con flores en el pelo y el vestido. Se dedicaba a regalar miel a los hombres. Se casó con Céfiro, Dios del Viento, quien se enamoró de ella y la raptó.

El artista nos ofrece un paisaje en medio de la naturaleza, donde se ven árboles, ramas, nubes y celaje, todo ello en un tono verdoso. En el centro de la obra aparece Flora, sentada y girada hacia la izquierda, hacia el espectador. Su cabeza está cubierta por hojas. Cubre su pecho, dejando ver los hombros, brazos y la zona alrededor de sus senos.

Delante de la diosa hay abundantes flores de distintos y variados colores: rojos, rosas, amarillos… A su izquierda, de pie, un putto le ofrece una cesta de mimbre con más flores mientras sonríe. A su espalda, dos putti juegan con ramas. Uno de ellos, el más rubio de los tres, se encuentra desnudo y sentado sobre una tela blanca.

Los tonos verdes son predominantes en esta obra de Gérard de Lairesse. Aparecen en los árboles del fondo, ramas, hojas e incluso en la ropa de la diosa Flora. Las pieles son blancas con matices sonrojados, como en las mejillas de las figuras, las orejas o los pies. Hay que destacar el detalle con el que están tratados los elementos de la naturaleza muerta, tradición de la pintura holandesa por el bodegón.

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Reloj de sobremesa. Francia, siglo XIX.

Reloj de sobremesa del siglo XIX

Se trata de un reloj de sobremesa, de bronce dorado, dornado con un conjunto escultórico superior y un relieve en la base. Data del siglo XIX, en Francia. La pieza incluye la figura de una mujer, la diosa Ceres, montada en un arado que es arrastrado por dos vacas. La esfera del reloj está completamente integrada en la pieza, siendo una de las ruedas del arado.

Características de la pieza

Fecha/lugar creación:

 Siglo XIX, Francia

Pieza:

Reloj de sobremesa

Material:

Bronce dorado al mercurio

Medidas:

 43 x 46 x 13 cm

Otros datos:

Maquinaria París con péndulo
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Sobre la pieza

La pieza, de origen francés, es un reloj de sobremesa del siglo XIX. Está realizada completamente en bronce dorado y adornado con un conjunto escultórico superior y un relieve en la base.

La estructura de la pieza está inspirada por el periodo del segundo Imperio, manteniéndose así la estructura arquitectónica monolítica, con volúmenes rotundos y aristas vivas.

La estructura descansa sobre seis pequeñas patas, que se compone de una base ornamentada con relieves que se asemejan a la cestería y al trigo.

 

 

Dicha ornamentación está complementada con la escultura en bulto redondo que se establece sobre la base.

La escultura representa a una diosa sentada en un arado, dominándolo. El autor integra la esfera del reloj como si fuese una rueda más del arado, creando un conjunto escultórico funcional e integrado.

 

 

Respecto a qué diosa es la representada se puede ver que la mujer está dominando un arado tirado por vacas y rodeado de trigo, por lo que representa a la diosa Ceres: diosa de la agricultura, las cosechas y la fecundidad. Ceres es el equivalente en la mitología griega a la diosa Deméter.

 

 

 

 

Ceres era hija de Saturno y Ops, madre de Proserpina, hermana de Juno, Vesta, Neptuno, Plutón y Júpiter.

En la tierra enseñó a los hombres el arte de cultivar, de sembrar, de recoger el trigo y de elaborar pan, lo que provocó que fuese considerada la diosa de la agricultura.

A su cargo, Ceres, tenía doce dioses menores que la ayudaban y estaban a cargo  de la agricultura.

 

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“Virgen con el Niño” Circulo de ANTON VAN DYCK

Virgen con Niño Escuela Italiana

Cuadro de Anton Van Dyck: “Virgen con el Niño”

El artista nos ofrece una escena tradicional de la cultura del occidente cristiano: la Virgen sentada, abrazando y sosteniendo en su regazo al Niño Jesús. La figura de la Virgen y el Niño Jesús se encuentran iluminadas por un foco de luz de cenital del rompimiento.

Características de la pintura de Anton Van Dyck

Pintor:

Anton Van Dyck

Fecha/lugar creación:

Siglo XVII

Título pintura:

“Virgen con el Niño”

Material:

Óleo sobre lienzo. Reentelado.

Medidas:

160 x 105 cm sin marco | 184 x 128 cm con marco

Otros datos:

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Sobre el pintor Anton Van Dyck

El pintor romanista Anton Van Dyck nace en 1599 en la ciudad de Amberes (Bélgica). En 1609 comienza su formación y seis años más tarde, en 1615-16, trabaja con Jordaens. Posteriormente, entre 1617 y 1620, trabaja junto a Rubens, quién dijo de él que fue su mejor alumno.

En 1620 visita Inglaterra por primera vez, al servicio de Jacobo I. Allí deja a un lado la pintura religiosa, ya que disfruta de una mayor libertad, y comienza a dedicarse al retrato a a tiempo completo.

Entre 1621 y 1627 viaja por la geografía italiana y completa su formación, quedando impresionado por la pintura boloñesa y las obras de Tiziano. En esta etapa alcanza su estilo más maduro, refinado y elegante, además de configurar su tipo de retrato, convirtiéndose en modelo para la pintura occidental.

En 1629 regresa a Londres, esta vez para trabajar bajo las ordenes del rey Carlos I, quién admiraba profundamente la obra de Tiziano y vio en Van Dyck su heredero, que tantos años llevaba buscando.  Tan convencido estaba de esto que despidió al resto de sus pintores.

En 1640, tras la muerte de Rubens, Van Dyck regresa a Amberes para terminar obras que había dejado inacabadas. Un años más tarde se traslada a París, pero regresa a Londres por motivos de salud. Poco después fallece en su casa de la capital inglesa.

En la actualidad Anton Van Dyck está representado en los museos más importantes de todo el mundo: el Louvre, el Prado, el Kunsthistorisches de Viena, la National Gallery, el Museo Británico de Londres, el Hermitage de San Petersburgo o el Metropolitan de Nueva York.

Sobre el cuadro “Virgen con el Niño”

Desde los últimos años de la Edad Media los artistas querían representar, de forma cada vez más intensa, el fuerte vínculo de afecto que unió a Cristo con su madre. Este hecho se incrementó en el Renacimiento y posteriormente en el Barroco, época en la que la exacerbación de las emociones caracteriza a un gran número de obras.

Anton Van Dyck nos ofrece una escena tradicional de la cultura del occidente cristiano: la Virgen sentada, abrazando y sosteniendo en su regazo al Niño Jesús.

El pintor centra el cuadro exclusivamente en los dos personajes, presentados bajo un rompimiento de Gloria donde se puede observar al Espíritu Santo, representado por la paloma. La figura de la Virgen y el Niño Jesús se encuentran iluminadas por un foco de luz de cenital del rompimiento. Madre e hijo se sitúan en posición frontal respecto al espectador.

Van Dyck consigue transmitir la naturalidad de gesto del pequeño, apoyado sobre su madre y mirando a un punto externo del cuadro.

Esta obra en cuestión es una copia parcial, eliminando el escenario pero manteniendo los personajes de forma fiel, del cuadro pintado por Anton Van Dyck y, actualmente, se encuentra conservado en el Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (Madrid). Otra versión de la misma obra, también de la mano de Van Dyck, se encuentra en el Museo Ftizwiliam de Cambridge.

 

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“Baserritarras” de Valentín de Zubiaurre Aguirrezábal

Cuadro de Valentín de Zubiaurre y Aguirrezábal“Baserritarras” 

En esta pieza se puede observar un retrato costumbrista de temática vasca en el que aparecen tres personas, dos hombres y una mujer, mirando directamente al pintor. El autor propone una vista frontal en la cual a las tres personas vestidas con las ropas típicas vascas de la época.

Características de la pintura de Valentín de Zubiaurre y Aguirrezábal

Pintor:

Valentín de Zubiaurre y Aguirrezábal

Fecha/lugar creación:

Siglo XIX

Título pintura:

“Baserritarras”

Material:

Grafito sobre papel

Medidas:

44 x 60 cm sin marco | 64 x 83 cm con marco

Otros datos:

Obra reproducida en “Pintores y escultores vascos de ayer, hoy y mañana” Ed, La gran Enciclopedia Vasco, p.241
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Sobre el pintor Valentín de Zubiaurre y Aguirrezábal

Valentín de Zubiaurre y Aguirrezábal (1879 – 1963), hijo del compositor musical con el mismo nombre, nació sordomudo, al igual que su hermano menor Ramón, que también fue pintor. El joven pintor, de origen vasco pero instalado en Madrid, comienza su formación con el pintor Daniel Perea, también sordomudo.

En 1894 ingresa en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, donde es discípulo de Carlos de Haes, Muñoz Defrain, Ferrant y Moreno Carbonero. Con visitas al Museo del Prado completa su sólida formación, donde realiza copias de los grandes maestros. En 1898, finalizada su etapa en San Fernando, los dos hermanos emprenden un viaje de estudios que les lleva a Francia, Paises Bajos e Italia.

En 1902 obtienen una beca de la Diputación de Vizcaya lo que les permite instalarse en París, donde acuden a las clases de la Academia Julian y conocen las corrientes modernas que se desarrollaban en la capital francesa donde se interesan por el impresionismo. No obstante, no cala tanto en ellos su influencia, debido a su gran de su formación académica y a su admiración tanto por los primitivos flamencos e italianos como por pintores españoles coetáneos como Ignacio Zuloaga.

Valentín de Zubiaurre envía sus obras a las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes periódicamente y es premiado en varias ocasiones. En 1908 obtiene segunda medalla y nueve años después, en 1917, alcanza la primera. En la primera década del siglo XX, también obtiene premios en destacados certámenes internacionales  como los de Múnich, Buenos Aires, Bruselas, San Diego, San Francisco y la Universidad de Panamá.

Hasta la llegada de la Guerra Civil, los hermanos Zubiaurre viven su época de mayor éxito y reconocimiento, tanto a nivel nacional como internacional. Para entonces, ambos tienen su estilo bien definido e identificado: Ramón es más colorista y Valentín más clasicista, pero sin caer en rigideces académicas.

En 1939, tras la guerra, Ramón se traslada a América, concretamente a Chile, donde está hasta 1951; mientras Valentín se queda en Madrid, donde retoma su carrera y su reconocimiento es oficial con el nombramiento como académico de número de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en 1945, culminando con la medalla de honor que se le concede en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1957, seis años antes de su muerte.

Valentín de Zubiaurre y Aguirrezábal cultivó una pintura costumbrista en la que se centro, principalmente, en temas vascos y castellanos. Destacar también sus pinturas con temática paisajista. Su pintura estuvo dominada por una cierta melancolía, rasgo que le diferencia de su hermano Ramón. Actualmente sus obras se encuentran en los Museos de Bellas Artes de Chicago, Buenos Aires, París, Luxemburgo, Munich, Berlón, Tokio, Pittsburg y San Diego, así como en las principales pinacotecas del País Vasco, el Museo Castagnino en Argentina, el Nacional Centro de Arte Reina Sofía, la colección BBVA y el Museo de Arte Moderno de Roma.

Sobre el cuadro “Baserritarras” de Valentín de Zubiaurre y Aguirrezábal

En esta pieza se puede observar un retrato costumbrista de temática vasca en el que aparecen  dos hombres y una mujer, mirando directamente al pintor. El autor propone una vista frontal en la cual a las tres personas vestidas con las ropas típicas vascas de la época y en segundo plano se pueden observar dos edificios.

 

 

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“Le petite marché” de Chereau, S

Cuadro de Chereau, S“Le petite marché” 

En esta pieza se puede observar una escena popular realizado con una estética del género de la pintura flamenca y holandesa debido a la pincelada suelta, deshecha y expresiva, construyendo un atmósfera dinámica y naturalista. El autor propone una vista frontal en la cual sitúa un espacio con un grupo de personas en primer plano, alrededor de un pequeño mercado de pescado en la calle.

Características de la pintura de Chereau, S.

Pintor:

Atribuido a Chereau, S.

Fecha/lugar creación:

Siglo XVIII

Título pintura:

“Le petite marché”

Material:

Óleo sobre lienzo

Medidas:

35,5 x 47 cm sin marco | 43 x 54 cm con marco

Otros datos:

Escuela francesa del siglo XVIII
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Sobre el cuadro “Le petite marché” de Chereau, S.

En esta pieza se puede observar una escena popular de la vida cotidiana en la que destacan sus alegres personajes, la mayoría mujeres y niños, reunidos alrededor de un pequeño puesto de pescado en la calle.

Siguiendo la influencia de la pintura de género flamenca y holandesa, el autor esboza los rasgos y juega con las tonalidades, utilizando una pincelada suelta, deshecha y expresiva que construye una atmósfera dinámica y naturalista. Así, aunque aún se describen los detalles anecdóticos, que aportan narratividad a la escena, el color comienza a sobrepasar al dibujo, cobrando una nueva importancia gracias a la pincelada, siguiendo modelos de grandes maestros como Frans Hals, Rubens o Rembrandt.

Los personajes siguen siendo los protagonistas, pero ahora no vemos retratos naturalistas ni expresiones teatrales, sino una impresión general de vida, de actividad y alegría. Tampoco hallamos la vulgaridad de tipos de Flandes u Holanda; aquí los personajes son de rostro suave, no idealizado pero tampoco feísta, representando un ideal de armonía popular que tiene algo de preludio de la fantasía romántica.

Por otro lado, la composición está rigurosamente organizada, de forma racional, con los personajes organizados en una estructura piramidal que aporta equilibrio y asienta la composición. A ambos lados vemos líneas y planos ligeramente oblicuos, evitando el escorzo excesivo pero indicando una cierta profundidad, evitando el efecto de friso al que podría conducir la acumulación de personajes en el primer plano. Por otro lado, la composición se abre en la zona central a un paisaje del que sólo vemos un celaje magníficamente trabajado, con efectistas juegos de luces.

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“Paisaje en la costa” de Juan Martínez Abades

Paisaje en la Cosa Juan Martinez Abades

Cuadro de Juan Martínez Abades:

“Paisaje en la costa” 

En esta pieza se puede observar un paisaje de temática marina en la que destaca la luminosidad de esta época realista hacia el fin de siglo, comparando este aspecto con otros pintores. El autor propone una vista frontal en la cual sitúa un suelo natural y dos formaciones rocosas plagadas de vegetación en primer plano, para disponer en la lejanía tres barcos de vapor, la orilla y las montañas.

Características de la pintura de Juan Martínez Abades

Pintor:

Atribuido a Juan Martínez Abades

Fecha/lugar creación:

S/N

Título pintura:

“Paisaje en la costa”

Material:

Óleo sobre lienzo

Medidas:

59 x 69 cm sin marco | 68,5 x 80 cm con marco

Otros datos:

Pintor español discípulo de Carlos de Haes
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Sobre el autor Juan Martínez Abades

(Gijón, 7 de marzo de 1862-Madrid, 19 de enero de 1920). Pintor español. Además de a la pintura, se dedico también a la música, aunque en menor medida. La mayor parte de su obra está compuesta por marinas, escenas portuarias y representaciones naturalistas del paisaje costero de la cornisa cantábrica. Destacar también otras obras de su repertorio de estilo costumbrista. Debido a su fama como cupletista, además de ser un hombre de mundo, contaba con distinguidas amistades como las de María Guerrero o Álvaro Retana, entre otras personalidades de la élite cultural de la Restauración.

Hijo de un industrial gijonés, comenzó a mostrar sus cualidades artísticas muy pronto, cuando se encontraba en el Real Instituto de Jovellanos, localizado en su ciudad natal. Allí se dedicaba a copiar dibujos de la colección reunida por don Gaspar. Tiempo después se trasladó a Madrid donde se formó, entre 1880 y 1887, en la Escuela Especial de Pintura, Escultura y Grabado. Entre sus maestros destacan el escultor José Gragera y los pintores Ignacio Suárez Llanos y Carlos de Haes.

Con un lienzo de tema histórico, La muerte de Mesalina, se estrenó en la Exposición Nacional de Bellas Artes. Estuvo pensionado por la Diputación de Oviedo en Italia y tras ese periodo se presento a la Nacional de 1890, donde consiguió la Segunda Medalla por su obra El viático a bordo (Museo de San Telmo, San Sebastián). Este premio le volvió a ser otorgado dos años más tarde por su obra El entierro del piloto (colección Masaveu, Oviedo).

En el Madrid de la Restauración y bajo la protección de Florencio Valdés, desarrolló una intensa actividad social. Participó en todas las exposiciones del panorama nacional entre 1884 y 1917 y, además, comenzó a ser un popular cupletista. A partir de 1894 y hasta su muerte, fue uno de los ilustradores gráficos más asiduos en la etapa inicial de la revista “Blanco y Negro”.

Además de en Madrid, expuso en las Exposiciones Universales de Barcelona (1888) y Chicago (1893), y en La Habana (1914). En 1891 se casó con Aurora Moreno Caubín, de origen canario. Esto le llevó a decorar, en 1906, el Salón de Actos del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife.

Tanto en vida del artista como después de la muerte del pintor, su figura se reconoce por su producción marinista. Su obra, abundante y desigual, abarcó todos los temas relacionados con el mar: escenas portuarias o de rías, estampas navales de viejos veleros o “modernos” buques de la Armada Real, cuadros costumbristas o playeros, o las vistas naturalistas, tanto de interés geológico como episodios de crítica social. Sus referencias e inspiración a la hora de pintar eran las costas del Mar Cantábrico y de la Galicia atlántica, con un innovador apéndice canario y caribeño.

En 1987, el Museo de Bellas Artes de Asturias organizó una muestra homenaje que recorrió varias ciudades de la geografía española. También cuentan con obras de su repertorio el Museo Nacional del Prado y la colección Carmen Thyssen-Bonermisza.

Como comentábamos anteriormente, fue alumno de Carlos de Haes. Haes fue un pintor español de origen Belga. Se le puede clasificar como paisajista dentro de la tendencia general del realismo. En 1857 obtuvo la Cátedra de Paisaje en la Escuela Superior de la Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid. Desde entonces hasta 1898, año de su muerte, el pintor compartió sus conocimientos y su entusiasmo personal con un gran número de alumnos de variada condición social.

Haes practicaba y recomendaba, tanto técnica como ideológicamente,  el uso de métodos tradicionales. A pesar de este hecho, la propia dinámica de las “campañas” que Haes organizaba en su cátedra para pintar paisajes al natural llevaría a que muchos de sus alumnos practicasen el «auplein air/en plein air».

Aureliano de Beruete, Darío de Regoyos o Jaime Morera fueron plenairistas sin escuela pero de hecho. Además de los mencionados, otros alumnos de Haes viajaron a Francia y tuvieron la oportunidad de compaginar las enseñanzas de Haes con las propuestas más revolucionarias y rompedoras de miembros de la escuela de Barbizón y de personalidades del impresionismo comoClaude Monet, Camille Pisarro y Pierre-Auguste Renoir.

En sus pinturas, Haes se apoyaba en un contacto mucho más directo con la naturaleza, por sus frecuentes excursiones al aire libre para tomar apuntes y realizar bocetos de paisajes que le proporcionaron una perspectiva mucho más realista de como la concebían sus antecesores. Esto supuso una importante renovación del género del paisaje en España.

Sobre el cuadro “Paisaje en la costa” de Juan Martínez Abades

Hablemos ahora de la temática representada. Se conoce como marina o pintura de marinas, a cualquier forma de arte figurativo cuya inspiración principal es el mar.​

Además de las representaciones a mar abierto, de batallas navales o de tipos de embarcaciones, pueden incluirse en este género las estampas de lagos, ríos y estuarios, escenas de playa, etc.

Aunque no es un género pictórico de primer orden (según cánones jerárquicos academicistas de origen francés), tuvo un especial desarrollo en Europa entre los siglos XVII y XIX. En España es un tema frecuenta en la época que nos ocupa.

Destaca en la presente pintura la luminosidad de esta época realista hacia el fin de siglo, comparando este aspecto con pintores como Mariano Fortuny (1838-1874), el propio Carlos de Haes mencionado, Martín Rico (1833-1908) o Aureliano de Beruete (1845-1912) o Joaquín Sorolla (1863-1923).

La composición aparece centrada por un suelo natural, donde crecen hierbas de distinta altura y florecillas amarillas, también se pueden ver dos rocas y al fondo, siendo lo más llamativo de la pintura, grandes árboles. A la izquierda se divisa el mar, entre dos árboles menos poblados podemos ver tres barcos de vapor, y al fondo de manera más clara por la lejanía, la orilla y montañas.

A la derecha de la composición aparece un camino, que se pierde cuando hace un giro a la derecha al fondo. En este vemos farolas y tendido eléctrico, y el fondo casas con tejados a dos aguas poco inclinados de colores suaves anaranjados, entre algo de vegetación, y al fondo el pico de otra montaña. El cielo está casi despejado, presentando pocas nubes. Destaca la intención de captar el paisaje tal y como es, de manera realista. Predomina una sensación de calma.

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“Atardecer en la aldea” de Francisco Llorens Díaz

francisco llorens atardecer en la aldea

Cuadro de Francisco Llorens Díaz: “Atardecer en la Aldea”

En esta pieza se puede observar un paisaje de carácter rural realizado con una estética de carácter postimpresionista debido a la pincelada suelta y la importancia de la luz que refleja fielmente el momento del día. El autor propone una visa frontal en el cual sitúa un espacio vacío en primer plano, para dispones en lejanía media animales y la figura de una mujer. Esta se encuentra sola sentada junto al pórtico de la iglesia.

Características cuadro de Francisco Llorens Díaz

Pintor:

Francisco Llorens Díaz

Fecha/lugar creación:

1906

Título pintura:

“Atardecer en la aldea”

Material:

Óleo sobre lienzo

Medidas:

100 x 150 cm sin marco | 105 x 155 cm con marco

Otros datos:

Pintor español discípulo de Carlos de Haes
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Sobre el pintor Francisco Llorens

Formado en Madrid, Francisco Llorens fue galardonado con mención honorífica en la Exposición Nacional de 1895, y en 1903 obtuvo una pensión para ampliar sus estudios en Roma. Visita también los Países Bajos, y sigue concurriendo a las Exposiciones Nacionales, siendo galardonado con tercera medalla en 1907. Posteriormente obtendrá también segunda medalla (1908) y primera (1922), títulos que se añaden a otros conseguidos en la Internacional de Barcelona (1907), la Internacional de Buenos Aires (1910) y la Universal de Panamá (1916). Fue también Gran Cruz de la Corona de Bélgica y socio de honor en el Salón de Otoño, así como miembro de número de la Real Academia de San Fernando desde 1943. Tras la interrupción de su actividad a causa de la guerra civil, concluida la contienda es designado socio de honor de la Real Academia Gallega, y alcanza la cátedra de paisaje en la Escuela de San Fernando. Actualmente está representado en el Museo del Prado, la Colección Nova Caixa Galicia, el Museo de Arte Moderno de Madrid, todos los de Galicia y en numerosos de provincias, de España.

Detalles cuadro “Atardecer en la Aldea

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Cristo con la cruz a cuestas en la calle de la Amargura – Antonio Arias

antonio arias cuadro

Pintura atribuida a Antonio Arias: Cristo con la Cruz a cuestas en Calle de la Amargura

Pintura Antonio Arias

Es parte del ciclo de la Pasión de Cristo y del Via Crucis, y contiene muchos episodios que pueden ser objeto de tratamiento artístico por separado o bien representarse conjuntamente (el Cirineo, la Verónicalas caídas, etc.). Los episodios anteriores son los relacionados con el juicio de Cristo y los posteriores son los relacionados con la crucifixión.

Características cuadro atribuido a Antonio Arias

Pintor:

Antonio Arias

Fecha/lugar creación:

S/N

Título pintura:

“Cristo con la Cruz a cuestas en la Calle de la Amargura”

Material:

Óleo sobre lienzo

Medidas:

148 x 107 cm sin marco | 176 x 138 cm con marco

Otros datos:

Pintor barroco español de la Escuela Madrileña
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Sobre Antonio Arias Pintor

(Madrid, h. 1614-1684). Pintor español. Formado con Pedro de las Cuevas, fue un artista precoz. A los catorce años, según Palomino, recibió su primer encargo: el retablo de los carmelitas calzados de Toledo (perdido). En 1639 contrató, junto a otros artistas, cuatro lienzos para la decoración del salón dorado del Alcázar Real, siendo Carlos V y Felipe II la única obra de su mano que del conjunto se conserva. A partir de 1645, en que abrió un estudio en Madrid, tuvo numerosos encargos en su mayor parte de carácter religioso, tanto obras devocionales como lienzos destinados a series conventuales.

Entre las primeras destacan Cristo recogiendo sus vestiduras (1645, convento de las Carboneras, Madrid); La moneda del César (1646, donado por los duques de Monteleón al monasterio benedictino de Montserrat de Madrid); San Antonio de Padua (1650, colección Plasencia, Bilbao); Virgen con el Niño(h. 1655), y Piedad (1658, convento de las Carvajalas, León); así como numerosas representaciones de temas marianos, evangélicos y de santos. De las series, cabe señalar los once lienzos de la Pasión de Cristo para el claustro del convento de San Felipe el Real -de los cuales el Museo del Prado conserva Cristo con la cruz a cuestas, encuentra a la Verónica y Jesucristo lavando los pies a san Pedro, firmados en 1657-, y dos Apostolados con el Salvador. A juzgar por la biblioteca que poseía, era hombre culto, que se diferenciaba del prototipo del artista de su tiempo. Falleció, según Palomino, en la miseria, en el Hospital General de la corte.

Antonio Arias Fernández (Madrid, c. 1614 – Madrid, 1684), pintor barroco español, perteneciente a la escuela madrileña. Su estilo es bastante personal, con gusto por las formas rotundas, y una gran maestría en la caracterización de sus personajes, sobre todo en la expresión de los rostros. El modelado escultórico de las figuras, la paleta de colores claros y cierto naturalismo nos remiten a la obra de Juan Bautista Maíno, mientras que algunas de sus vírgenes son francamente zurbaranescas. Con el tiempo sus composiciones irán resultando más arcaicas, apegado a formulismos escurialenses e incapaz de adaptarse a las nuevas tendencias del barroco más decorativo.

Sobre la obra: “Cristo con la cruz a cuestas en la calle de la Amargura”

Veamos el tema representado. Cristo llevando la cruz es un episodio evangélico y tema artístico muy frecuente en la devoción y el arte cristiano, denominado también de muchas otras formas (Jesús o Cristo portando la cruz o su cruz -con mayúsculas en la mayor parte de la bibliografía-,​ cargando la cruzcon la cruz a cuestas​ o al hombro, etc.) 

En los primeros siglos del arte medieval se solía representar no tanto a Cristo sino a Simón de Cirene llevando la cruz. Desde entonces crece mucho la complejidad de la escena representada. En la pintura bizantina se representa típicamente a Jesús caminando con las manos atadas, y un soldado tirando de la cuerda, mientras que el Cirineo carga con la cruz. En algunas representaciones muy tempranas, Jesús y Simón Cirineo llevan juntos la cruz.

Al final de la Edad Media, posiblemente por influencia de las representaciones dramatizadas de la Pasión, se pasó a representar a Cristo rodeado de una gran multitud cuyos rostros muestran todo tipo de sentimientos, desde la ferocidad hasta el dolor, pasando por la burla, la aceptación o la indiferencia.​

En los primeros ejemplos de este tema artístico, el peso de la cruz no parece representarse como una gran carga, mientras que en la Baja Edad Media sí se insiste en ello, haciendo arrastrar su parte inferior por el suelo, al igual que se intensifica la representación del sufrimiento de Cristo.​ También se hace más habitual que aparezca la cabeza de Jesús con la corona de espinas, mientras que antes no.

Algunos ejemplos primitivos representan únicamente a Cristo cargando la cruz, tipología que se continúa en el Renacimiento y el Barroco con encuadres más centrados en la mitad superior de la figura (Norte de Italia, desde 1490). En contraste con ello, la mayor parte de los denominados andachtsbilder, el sufrimiento de Cristo se plasma de forma más evidente en las escenas más complejas, que incluyen una multitud hostil.​ A medida que los trípticos y otras formas de retablo se hicieron populares, la escena pasa a ocupar el panel izquierdo, reservando el panel central para una Crucifixión y el panel derecho para una escena posterior, como el Descendimiento, el Entierro de Cristo o la Resurrección para el panel derecho.

Desde 1500, con el Renacimiento pleno, y luego con el Manierismo, el tema pasa a ser elegido como escena única para las pale italianas, seleccionando escenas concretas, como la de Verónica o el desmayo de la Virgen (Lo Spasimo del Virgine), introducción moderna no referida explícitamente en las Escrituras. ​El tema se siguió tratando en el Barroco.

Verónica, según la tradición cristiana, fue la mujer que, durante el Viacrucis, tendió a Cristo un velolienzo o paño (el pañolienzo velo de la Verónica, también llamado “Verónica” a secas) para que enjugara el sudor y la sangre. En la tela habría quedado milagrosamente impreso el Santo Rostro. La escena no se encuentra en los evangelios canónicos, sino en los apócrifos (Evangelio de Nicodemo).

Se le rinde culto por su vinculación con la figura de Cristo, como a otras Santas Mujeres, y es muy común su representación pictórica o escultórica portando el paño. En ocasiones, el personaje de Verónica se identifica con el de la Hemorroísa.

El tema fue muy desarrollado en el arte cristiano occidental desde finales de la Edad Media. Tiene notables ejemplos en los primitivos flamencos, el Renacimiento y el Barroco.

La pintura muestra la calle de la Amargura. Jesús en el lado derecho de la pintura se encuentra caído con una mano apoyada en el suelo. Mira expresivamente pidiendo consuelo al espectador. La corona de espinas es verde y muestra abundantes espinas. La cruz que carga a cuestas es escuadrada. Delante suya encontramos las santas mujeres que le lloraban en su camino. La verónica, tendida, tiene el paño para enjuagarle la cara a Cristo. Un personaje, probablemente Simón de Cirene ayuda a Cristo a sostener la cruz. Detrás de este, un personaje en actitud de caminar lleva una cesta con los clavos para crucificarlo. Delante de este y de fondo, soldados romanos a caballo van mostrando el camino a seguir. En el otro extremo del cuadro de fondo, otros personajes, con lanzas, que parecen romanos, aunque con una indumentaria no usual para representar a estos personajes. Se puede ver un fondo arquitectónico.

Destaca la monumentalidad de las figuras, la mujer que se encuentra tendida a la izquierda (Verónica) tiene gran corporeidad en su indumentaria. Las figuras entreabren la boca y levantan las cejas. Predominan en las ropas los tonos ocres y verdosos. También llama la atención el personaje que avanza con mucha decisión con los clavos, y el amable rostro del cirineo, era una persona del campo, y esto se puede apreciar en el rostro, ya que es un personaje de la calle. 

Hay que relacionarlo con la pintura de la misma temática y autor que se conserva en el Museo del Prado, aunque también presentan monumentalidad, cristo y la Verónica se encuentra de pie, y alteran el orden de la composición ya que Cristo avanza de izquierda a derecha y las santas mujeres están a la derecha. 

 

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