Dama Egipica pintura de Carl Nys

Dama Egipcia - Carl Nys

Cuadro Dama Egipcia de Carl Nys

Características pintura de Carl Nys – Dama Egipcia

Pintor:

Carl Nys

Fecha/lugar creación:

S. XX

Título pintura:

“Dama Egipcia”

Material:

Óleo sobre lienzo.

Medidas:

N/S

Otros datos:

 

Sobre el pintor Carl Nys

Tenemos que hablar respecto a esta pintura del orientalismo, una corriente artística dada en el siglo XIX que se interesa por el Próximo y Medio Oriente, donde se representan determinados aspectos de las culturas orientales en Occidente por parte de escritores, diseñadores y artistas, que terminaron por convertirse en tópicos estereotipados. 

La campaña napoleónica en Egipto y Siria, la guerra de la independencia de Grecia, la guerra de Crimea y la apertura del canal de Suez contribuyeron a aumentar el interés por un exotismo profusamente documentado. 

En el romanticismo hubo una seducción por el oriente que cumplía con el mismo alejamiento de la realidad que el historicismo medievalista.  Washington Irving en Granada generó el tópico del exotismo español. Hay que citar las traducciones del Kama Sutra y Las Mil y una noches también para entender este movimiento.

Se pueden encontrar representaciones de “moros” y “turcos” en otras etapas artísticas desde el medievo, pero en el siglo XIX es cuando el orientalismo se torna en un tema. Destacan las representaciones de todo tipo de escenas inspiradas en escenarios de los países árabes del norte de África y Oriente Medio. Tanto en los paisajes como en los interiores se acentuaban los aspectos exóticos y sensuales, con fantásticos colores de ropajes y carnaciones seductoras, destacando escenas de baño y harenes que permitían representaciones de odaliscas en posturas comprometidas. Se valoraba el color, la textura y el exotismo. La sensualidad se veía aceptable en el exótico oriente. Este estilo tuvo su momento álgido en las Exposiciones universales de París de 1855 y 1867.

Pintores orientalistas destacados fueron: Jean Auguste Dominique Ingres, Eugéne Delacroix, Théodore Chasséireau, Eugéne Fromentin, Jean-Léon GérômeLéon BellyWillen de FamarsTestas, Gustave Guillaumet o Alexandre Roubtzoff. En España el principal ejemplo fue Mariano Fortuny que viajó a Marruecos donde quedó impresionado del pintoresquismo que veía. 

Las obras orientalistas se concretan en las culturas islámicas, hebrea y otras de origen semita, ya que eran las que visitaban los viajeros. La sensualidad puede verse en las odaliscas en un harem, recostadas de manera prototípica. Los europeos no tenían realmente tanto contacto con este mundo. 

La presencia europea en Egipto atrajo un número importante de viajeros occidentales al Oriente, de los que muchos capturaron sus impresiones a través de la pintura y el grabado. El gobierno francés publicó una edición de 24 volúmenes llamada Descripción de Egipto, en la que se ilustró fotografía, vida silvestre, flora y fauna, arquitectura monumental del antiguo Egipto, y población.

En esta pintura de Carl Nys vemos a una dama egipcia recostada en un gran salón con una vestimenta pintoresca, donde llama la atención los senos descubiertos, mientras juega con dos gatos blancos hay un tercero que nos mira. Al lado está la cesta vacía donde reposan estos animales domésticos, que tenían gran importancia en el Antiguo Egipto. La dama inclina la cabeza, y también deja ver uno de sus pies pese a la sandalia que lleva. Destacan las calidades de las telas, contexturas bien diferenciadas, aspecto que hemos dicho que buscaban estos pintores orientalistas. 

Al fondo se ve una columna, pinturas egipcias, una escultura de un personaje frontal y dos esculturas también de gatos, una abierta, lo que podría ser un ataúd, donde se muestra que está siendo pintada, posiblemente por esta dama. 

Esta pintura nos lleva a un mundo imaginario que buscaban estos pintores, muy estereotipado, colorido y sensual, en el que predomina una calma y sensualidad que nos invita a sentarnos junto la dama.

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Serenata cuadro de Adolphe Leleux

Serenata cuadro de Adolphe Leleux3

Cuadro Serenata de Adolphe Leleux

Características pintura “Serenata” de Leleux

Pintor:

Adolphe Leleux

Fecha/lugar creación:

1843

Título pintura:

“Serenata”

Material:

Óleo sobre lienzo.

Medidas:

N/S

Otros datos:

Apodo “Leleux le breton”

 

Sober el pintor Adolphe Pierre Leleux

Adolphe Pierre Leleux, nace el 15 de noviembre de 1812 en París y muere en la misma ciudad el 27 de julio de 1891. Es pintor y grabador, hermano mayor del también pintor Armand Lelux

Tenemos que decir que es un pintor autodidacta, que expuso en el Salón de París desde 1835. En este primer año, presenta escenas de la campiña de Picardía. En el género del grabado es formado en el estudio de Alexandre Vicent Sixdeneirs, aunque decidió dedicarse principalmente a la pintura en 1837. 

Descubrió Bretaña en 1838 y realiza muchas escenas de género inspiradas en el campo bretón, lo que le otorgó el apodo de “Leleux le breton”. En 1847 realizó una estancia en Constantino (Argelia) con Edmon Hédouin (pintor y grabador). Su inspiración luego se extenderá a Argelia, España, Morvan o los Pirineos. Una curiosidad es que en 1848 conoció al pintor Charles Chaplin, especialista en escenas de género y en la representación de mujeres. también era amigo de Théophille Gautier (poeta, novelista y crítico de arte) y Gérard de Nerval (escritor y poeta). Se considera un pintor realista post-romántico.

En colecciones públicas podemos encontrar obras en el Museo de Bellas Artes de Dijon, en el Quimper Museum of Fine Arts o en el Museo de arte e historia de Cognac. Los títulos de Salida de posada en Vendéeuna fiesta de bodas en BretañaDía de mercado en FinistéreLa depilación del trigo en Argelia El asalto de los chouans nos evocan a la temática referida.

 

Información y análisis el cuadro “Serenata” de Leleux

Hablemos del realismo que practica el pintor, un movimiento pictórico dado en Francia a mediados del siglo XIX, su mayor representante en Gustave Courbet. Destaca en este estilo la crudeza. Se suelen identificar los principios estéticos del realismo pictórico con los del realismo literario contemporáneo, en el que destaca Honoré de Balzac. Destaca el compromiso con las clases bajas y los movimientos políticos de izquierda. Su estética se basa en la representación directa de la realidad

Entendían que no hay temas banales, así que cualquier cuestión puede ser objeto de interés pictórico. Importa más la forma en que se representa la imagen que su desarrollo narrativo. La realidad no es una copia o imitación, pero si debe ajustarse a cierta verosimilitud. No se podía idealizar. En el romanticismo había idealización y evasión, aquí no, y se centran en temas de la vida cotidiana. 

Vemos en la pintura un tema de la vida cotidiana, de esas clases más bajas, del campo, y mostrándose con realismo como es esta serenata, tocada por instrumentos de cuerdas, algunos de cuerda frotada y otros punteada. 

Se abre una puerta de madera, donde se ve el celaje, vegetación y dos personajes al fondo oscuros, y sobre esta, en unos escalones se disponen estos músicos, algunos tocando, una mujer una pandereta, y otros cantando, aunque también hay algunos que no cantan, incluso vemos un personaje que se lleva algo a la boca, y un niño con un perro que parece estar pasando por ahí y que mira y escucha. Al fondo a la derecha se ven dos campesinos con una cabra en lo que parece ser su puerta. A la izquierda vemos ropa, sombrero y una vara de un personaje que se la ha desprendido de estos objetos en el momento de cantar.

Destacan los escorzos de los personajes, así como su iluminación, de tonos ocres, verdes y azules que resaltan con un blanco muy intenso. 

La sensación es que estamos viendo un momento puntual de una realidad de una manera muy real representado, como se prentendía con este estilo surgido en Francia que se extenderá por más países.

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Batalla – Oleo sobre lienzo

Batalla - Escuela italiana

Cuadro Batalla

Óleo sobre lienzo. Reentelado, con leves restauraciones.

Características oleo Batalla

Atribución:

Escuela italiana

Fecha/lugar creación:

Finales del siglo XVII, principios del siglo XVIII

Título pintura:

“Batalla”

Material:

Óleo sobre cobre. Rentelado.

Medidas:

48,5 x 64 cm

Otros datos:

Marco de finales del siglo XVIII.

Sobre el cuadro “Batalla” de la Escuela Italiana

En este lienzo de la escuela italiana siglo XVII se plasma una escena de batalla en primera plano, en un amplio escenario desarrollado a base de planos que se suceden en profundidad, desde el primer término, donde vemos como espectador, casi a la totalidad de los personajes que componen la escena cada uno de ellos adoptando una expresión y postura diferente.

En profundidad a la escena desarrollada como tema principal intuye amplio campo en el que se despliegan hombres. Aunque el autor pretende mostrar una imagen histórica, sin embargo centra la atención del espectador en el primer plano, en la atención a los heridos como el que se sitúa en la zona inferior derecha. Mediante este recurso no sólo se acrecienta la tensión y el sentido narrativo de la escena, sino que se refleja con mayor verismo el drama de la guerra.

La composición rompe con de raíz clásica, tendente a la simetría ya que los personajes no se sitúan a la misma altura, y el espectador debe recorrer visualmente la totalidad del cuadro para conocer el desarrollo de la escena concreta. Entre ambos lados se abre el paisaje hacia el fondo, y destacan en la lejanía, situando el artista, en la zona superior izquierda la torre que podría que bien podría ser una torre defensiva.

En el lado izquierdo la composición con un celaje oscuro de tonos intensos y densos acompañado del paisaje clasicista de la época, que tiene su eco en las nubes de humo que suben hacia el cielo en la parte derecha de la composición.

Este tipo de escenas de batallas tuvieron un amplio desarrollo, provocado por la temática, que no solamente ensalzaba las victorias de aquellos que habían participado en la contienda. Sino que más allá de este rasgo testimonial, dichas pinturas reflejaban con su tema, escenas de carácter histórico. Un género que era ampliamente valorado, siendo considera el mejor de la historia del arte, por ensalzar las virtudes y el espíritu noble de los actos

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Imposición de la casulla a San Ildefonso

Imposición de la casulla a San Ildefonso pintura

Cuadro Imposición de la casulla a San Ildefonso

Óleo sobre lienzo en el que se encuentra representado el tema de la imposición de la Casulla a San Ildefonso.

Características cuadro Imposición de la Casulla a San Ildefonso de la Escuela Colonial

Atribución:

Escuela colonial

Fecha/lugar creación:

Finales del siglo XVII, principios del siglo XVIII

Título pintura:

“Imposición de la casulla a San Ildefonso”

Material:

Óleo sobre cobre.

Medidas:

26,5 x 21 cm sin marco | 41 x 36 cm con marco.

Otros datos:

Marco de finales del siglo XVIII.

Sobre San Ildefonso de Toledo

San Ildefonso de Toledo (Toledo, 607-667), hijo de padres visigodos y sobrino de san Eugenio III, fue arzobispo de Toledo entre el 657 y el 667, y es uno de los Padres de la Iglesia. Estudió en Sevilla bajo la tutela de san Isidoro, e ingresó en la orden de san Benito huyendo de sus padres, nobles que se oponían a su vida sacerdotal.

Posteriormente sería elegido abad de Agalia, cerca de Toledo, y finalmente arzobispo. San Ildefonso unificó la liturgia en España, y escribió numerosas obras de carácter litúrgico y dogmático, particularmente sobre la Virgen María.

Sobre la representación en el cuadro “Imposición de la casulla a San Ildefonso”

El pasaje más conocido de su biografía es el milagro de su encuentro con la Virgen. La noche del 18 de diciembre de 665 san Ildefonso acudió a la iglesia para cantar himnos en honor la María, acompañado de sus clérigos y algunas otras personas. No obstante al entrar, encontraron la capilla brillando con una luz tan deslumbrante, que sintieron temor. Todos huyeron excepto Ildefonso y sus dos diáconos, que entraron y se acercaron al altar. Ante ellos se encontraba la Virgen María, sentada en la silla del obispo, rodeada por una compañía de vírgenes entonando cantos celestiales. María le hizo al santo una seña para que se acercara y, habiendo obedecido, ella fijó sus ojos sobre él y dijo: “Tú eres mi capellán y fiel notario. Recibe esta casulla la cual mi Hijo te envía de su tesorería”.

Habiendo dicho esto, la Virgen misma lo invistió, dándole las instrucciones de usar la casilla solamente en los días festivos designados en su honor.

Durante la dominación colonial española, se desarrolló una pintura principalmente religiosa, destinada a cristianizar a los pueblos indígenas. Los pintores locales tenían como modelo las obras españolas, que seguían de forma literal en cuanto a tipos e iconografía.

Los modelos más frecuentes fueron los ángeles arcabuceros y las vírgenes triangulares, sin embargo, en los primeros años del siglo XIX, ya en tiempos de la independencia y apertura política de algunas de las colonias, varios artistas comenzaron a representar un nuevo modelo de pintura con una identidad propia

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Bodegón – Jose Felipe Parra Piquer

Cuadro de Jose Felipe Parra Piquer “Bodegón”

El tema representado es un bodegón de flores, muy característico del pintor valenciano. En el cuadro podemos ver en el fondo una puerta de tonalidades verdes. En primer plano, sobre una mesa de madera clara, se ven unas flores cortadas que probablemente se hayan utilizado para colocar en la cesta de mimbre que hay al final de la mesa. Un poco más atrás, sobre la misma mesa, hay una maceta de barro que contiene varias plantas con algunas flores.

Características cuadro “Bodegón” – Jose Felipe Parra Piquer

Pintor:

Jose Felipe Parra Piquer

Fecha/lugar creación:

Siglo XIX

Título pintura:

Bodegón

Material:

Óleo sobre lienzo. Reentelado.

Medidas:

73,5 x 56,5 cm sin marco | 86 x 71,5 cm con marco

Otros datos:

Firmado en el ángulo inferior derecho

Acerca de Jose Felipe Parra Piquer

El pintor español Jose Felipe Parra Piquer nace en Valencia en 1824 y muere en 1864 en Montevideo (Uruguay). Durante su vida se especializa en el bodegón y los cuadros de flores, aunque también es conocido por su pintura de tema histórico. De esta última modalidad destaca su lienzo “Carlos V recoge el pincel caído a Tiziano”, que se conserva actualmente en el Museo de Bellas Artes de Valencia.

Su padre Miguel Parra fue un destacado pintor de bodegones y flores, al igual que él, y además pintor de cámara de Fernando VII. Jose Felipe Parra estudia en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia. Con trece años comienza a destacar como pintor de flores y durante esos años obtiene diversos premios en todas las disciplinas académicas y, finalmente, es nombrado académico de mérito en 1843.

Su obra, en general, es sobria de colorido caracterizándose por un correctísimo dibujo que revela la influencia de los bodegonistas barroca, especialmente españoles, flamencos y holandeses. Realiza diversas exposiciones de su obra, de las cuales hay que destacar las celebradas en la Academia de San Fernando (Madrid) en 1832 y en el Liceo de Valencia en 1845. Asimismo, concurrió a las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes entre 1860 y 1964.

José Felipe Parra Piquer está representado en el Museo de Bellas Artes de Valencia, el Nacional de La Habana y en el de Cerámica y Artes Suntuarias González Martí,

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Dolorosa – Círculo de Bartolomé Esteban Murillo

Cuadro del Círculo de Bartolomé Esteban Murillo “Dolorosa”

El tema representado es la Dolorosa de Bartolomé Esteban Murillo. En esta obra podemos ver en primer plano a La Virgen, con las manos unidas en gesto de oración e inclina su cabeza hacia la derecha, dirigiendo la mirada al cielo

Características cuadro “Dolorosa” – Círculo de Bartolomé Esteban Murillo

Pintor:

Círculo de Bartolomé Esteban Murillo

Fecha/lugar creación:

Finales siglo XVII

Título pintura:

Dolorosa

Material:

Óleo sobre lienzo

Medidas:

71 x 52 cm sin marco | 147 x 110 cm con marco

 

Acerca de Bartolomé Esteban Murillo

Los pintores españoles fueron los grandes maestros en el empleo de la luz, símbolo de la divinidad, en la pintura religiosa del Siglo de Oro. La característica principal de esta pintura era su carácter didáctico en una sociedad analfabeta. El máximo exponente de este estilo es Bartolomé Esteban Murillo (1617-1682).

El pintor barroco español Bartolomé Esteban Murillo nace en Sevilla y allí es bautizado el 1 de enero de 1618, muere el 3 de abril de 1682. Se forma en un naturalismo tardío, evolucionando hacia formulas propias del barroco pleno, teniendo una sensibilidad que en ocasiones se anticipa al Rococó, como en el caso de la Inmaculada Concepción o el Buen Pasto en figura infantil. Es una importante personalidad en la escuela sevillana, con un gran número de discípulos y seguidores que llevan su influencia hasta el siglo XVIII. Murillo fue el pintor español mejor conocido y apreciado fuera de las fronteras españolas. Si Velázquez es el pintor profano por excelencia en la España del Siglo de Oro, Murillo es el religioso.

La pintura más amable y sosegada de Murillo, con sus modelos de Vírgenes y santos con un halo de sentimentalidad dulce y delicada, se impone en Sevilla en las últimas décadas del siglo XVII al arte más barroco y dramático de Valdés Leal, llenando con su influjo gran parte de la pintura sevillana en el siglo siguiente.

Murillo es el pintor español que mejor expresa el sentir católico que se vive en ese momento. Normalmente el pintor que plasma con su arte temas amables con regularidad y soltura no tiene predilección por representar asuntos relativos a la Pasión de Jesucristo, pero cuando lo hace no es menos devoto. Este es el caso de Murillo que trata de dulcificar la escena reduciendo así el dramatismo que la impregna, simbolo propio de su madurez.

Esta pintura que tenemos delante, “Dolorosa”, se relaciona con su círculo ya que la pieza presenta características propias del arte de Murillo.

Sobre la “Dolorosa”

Esta obra es una representación que el pintor repite en varias ocasiones debido a su enorme éxito entre la clientela sevillana, en cuya realización intervienen sus discípulos y colaboradores. El prototipo de esta Dolorosa es creado para hacer pareja con un Ecce Homo, siendo parte de un conjunto iconográfico. Murillo realiza, desde 1660, varias versiones de este tema, utilizando normalmente dos lienzos que forman la pareja. Hay que relacionar iconográficamente este tipo de pintura con los conjuntos de Dolorosas y Ecce Homos que hace en escultura Pedro de Mena, también son bustos, contemporáneos a Murillo.

A nivel formal, muestra las características principales de la pintura devocional de Murillo, entre ellas la composición sencilla y clásica, sin elementos que compliquen la lectura de la imagen, con la figura a gran tamaño en el centro de la obra, sobre un fondo neutro y oscuro que realza su presencia. Parece que las primeras pinturas devocionales fueron los iconos bizantinos.

En esta obra podemos ver en primer plano a La Virgen, con las manos unidas en gesto de oración e inclina su cabeza hacia la derecha, dirigiendo la mirada al cielo. Por su mejilla izquierda resbalan dos lágrimas y mantiene la boca entreabierta. Pese al dolo representado en el cuadro, no pierde su belleza. El rostro de María se corresponde con el modelo femenino utilizado habitualmente por el pintor, en este caso con expresión apenada pero manteniéndose serena, con los ojos hinchados por el llanto y llenos de lágrimas.

Respecto a su vestimenta, lleva una camisa blanca que se puede apreciar en las mangas, una túnica rosa, una toca ocre, un velo blanco  y un manto azul, color que simboliza la virginidad. Estos son los colores con los que tradicionalmente se pintaban a las Inmaculadas. El velo cae por el lado derecho de forma suelta y ondeante, en la imagen destaca la calidad y detalle del mismo. También muestra bastante calidad la manga de la túnica rosa, tanto el detalle como el claroscuro. En contraste tenemos la toca, pintada de forma más abocetada. Hay que decir que en el siglo XVII los pintores alcanzan el dominio al pintar las telas.

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Inmaculada Concepción – Escuela colonial limeña

Detalle rostro Inmaculada Concepción

Cuadro Escuela Colonial Limeña “Inmaculada Concepción”

El tema representado es la Inmaculada Concepción, conocida también como la Purísima Concepción.

Características cuadro “Inmaculada Concepción” – Escuela Colonial Limeña

Pintor:

Escuela Colonial Limeña

Fecha/lugar creación:

Siglo XVII

Título pintura:

“Inmaculada Concepción”

Material:

Óleo sobre lienzo

Medidas:

S/N

 

Acerca de la Escuela Colonial Limeña

La pintura colonial, tuvo tres grandes influencias: la italiana, muy intensa durante el siglo XVI y principios del XVII, que después se diluyó para recuperar su hegemonía a fines del siglo XVIII con la introducción del neoclasicismo; la influencia flamenca, que se dio desde el principio y su importancia fue creciendo hasta ser muy fuerte en el siglo XVII, pero, sobre todo fue constante por medio de los grabados; y la española que se manifestó con mayor fuerza durante el período barroco de los siglos XVII y XVIII, especialmente a través de la escuela sevillana.

Zurbarán es la figura más influyente en el barroco hispanoamericano y Lima es la ciudad con mayor número de obras relacionadas con su taller. Se pueden hablar hasta de seis series suyas enviadas a Lima.

La pintura de caballete en Lima estaba fuertemente influenciada por la pintura flamenca, más cerca hacia lo académico y con intencionalidad dinámica, motivo por el cual no tuvo mucha acogida el claroscurismo. De esta etapa destacan cuatro pintores Francisco Escobar, Diego de Aguilera, Andrés de Liebana y Pedro Fernández de Noriega.

Sobre la temática: Inmaculada Concepción, Virgen María libre de pecado original

El tema representado es la Inmaculada Concepción, conocida también como la Purísima Concepción. Es un dogma de la iglesia católica decretado en 1854 que sostiene que la Virgen María estuvo libre del pecado original desde el primer momento de su concepción por los méritos de su hijo Jesucristo.

No debe confundirse este dogma con la doctrina del nacimiento virginal de Jesús, que sostiene que Jesús fue concebido sin intervención de varón mientras que María permaneció virgen antes, durante y después del parto.

Al desarrollar la doctrina de la Inmaculada Concepción, la Iglesia Católica contempla la posición especial de María por ser madre de Cristo, y sostiene que Dios preservó a María desde el momento de su concepción de toda mancha o efecto del pecado original, que había de transmitirse a todos los hombres por ser descendientes de Adán y Eva, en atención a que iba a ser la madre de Jesús, quien también es Dios. La doctrina reafirma con la expresión «llena de gracia» (Gratia Plena) contenida en el saludo del arcángel Gabriel (Lc. 1,28), y recogida en la oración del Ave María, este aspecto de ser libre de pecado por la gracia de Dios.

También podemos hablar del tema de la Coronación de la Virgen. En el cristianismo católico y ortodoxo la Coronación de la Virgen es una secuencia más dentro del ciclo de la vida de la Virgen María. Pertenece esta creencia a la tradición y su referencia en los libros sagrados de la Biblia se encuentra en el capítulo 12 del libro del Apocalipsis. Su promoción está en un relato atribuido a San Melitón, obispo de Sardes (ciudad de Asia Menor) en el siglo II, que fue divulgada en el occidente cristiano el siglo VI por Gregorio de Tours y más tarde en el siglo XIII por Santiago de la Vorágine en su Leyenda dorada.

El relato supone que en Cuerpo y Alma, María sube a los cielos (Asunción de la Virgen) y allí es coronada por Cristo, Dios Padre o la Trinidad. En este caso veremos que es coronada por dos ángeles.

Sobre el cuadro “Inmaculada Concepción”

Sobre un fondo celestial dorado aparece la Virgen Inmaculada. Abajo aparecen símbolos que aluden a las mariologías, al igual que los ángeles que en fila de tres, en ambos lados sujetan objetos que representan estas mariologías. Estos son “espejo de justicia”, “trono de sabiduría”, “rosa mística”, “torre de David”, “torre de marfil”, “casa de oro”, “arca de la Alianza”, “casa de oro” y “puerta del Cielo”. Otros dos ángeles arriba coronan a María como Reina de todo lo creado. Abajo pueden verse unas nubes grises.

Sobre la bola del mundo, y en ella enroscada la serpiente con la manzana, como símbolo del pecado, y sobre la media luna con los cuernos hacia arriba aparece esta Inmaculada. Viste de manera tradicional con túnica blanca y manto azul, con la peculiaridad de que el forro del manto es de un intenso rojo. El manto tiene estrellas doradas y encajes dorados en el filo. La Virgen tiene las manos en actitud de oración sobre el pecho y gira la cabeza a su derecha con la mirada baja. Lleva pendientes y anillos. Destaca el lazo rojo que lleva en su pecho, al igual que las mangas que deja ver debajo de la túnica, con motivos vegetales. En el cuello rectangular de la túnica se pueden ver piedras precios. El cabello castaño, largo, cae remarcando la silueta de cabeza, hombros y brazos. Vemos rayos centelleantes que salen de su cabeza.

El rostro de la Virgen presenta un modelado muy suave, aunque en la obra en general predomina más el dibujo. Destacan los plegados de la ropa y sobre todo los detalles en dorado de la misma, así como las joyas.

Ver cuadro completo “Inmaculada Concepción”

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Santa Cecilia – Círculo de Guido Reni

Cuadro de Guido Reni “Santa Cecilia”

La pintura de la que hablamos muestra a Santa Cecilia, pertenece a su círculo. A Santa Cecilia se la suele representar tocando el órgano u algún otro instrumento musical como violonchelos, violas o violines. Suele tener la mirada hacia arriba, con lo que nos está recordando que su música se eleva , es decir, que pretende que sea una alabanza a Dios.

Características cuadro “Santa Cecilia” de Guido Reni

Pintor:

Círculo de Guido Reni

Fecha/lugar creación:

Siglo XVII

Título pintura:

“Santa Cecilia”

Material:

Óleo sobre lienzo

Medidas:

130 x 100 cm

Sobre el pintor Guido Reni

Guido Reni (Bolonia4 de noviembre de 1575 – Bolonia, 18 de agosto de 1642) fue un pintor y grabador italianoperteneciente a la Escuela Boloñesa y famoso del clasicismo romano-boloñés.Artista largamente ignorado, fue sin embargo considerado en su época uno de los pintores más importantes de Italia. Cultivador (y uno de los protagonistas) del Clasicismo implantado en Bolonia por los Carracci, Reni prolongó el esplendor de dicho centro artístico por tres décadas más, e influyó en muchos maestros como Giovanni Lanfranco y Guercino, a quien llegó a acusar de plagio.

Su definitiva recuperación crítica se llevó a cabo en 1954, con motivo de la memorable exposición que tuvo lugar en dicho año en Bolonia. Su pintura, profundamente influida por la Antigüedad clásica y por Rafael, constituye una de las más vigorosas muestras de la tendencia clasicista del arte barroco. En Bolonia fue discípulo del artista flamenco Dionisio Fiamingo Calvaert, aunque muy pronto, quizás antes de 1595, comenzó a frecuentar la academia de los Carracci, cuya educación propugnaba el retorno a la naturaleza. Son muy pocas las obras existentes de esta primera etapa boloñesa, aunque las conocidas lo muestran experimentando con elementos formales de la tradición (Calvaert, Francesco Francia o Francesco Vanni), junto a otros que muestran ya su independencia de carácter, que propugna una visión más heroica e idealizada de la realidad. 

Su partida para Roma debió de producirse en 1601 y allí permaneció durante unos quince años, con puntuales viajes a Bolonia (quizá en 1603, para asistir al funeral de Agostino Carracci). Allí profundizó en el conocimiento de la pintura de Rafael y la copia de esculturas clásicas. Además, Roma le proporcionó la ocasión de entrar en contacto con propuestas innovadoras como era la pintura de Caravaggio, cuyo influjo se deja sentir poderosamente en su producción de 1603 a 1605, en obras como Crucifixión de san Pedro (Musei Vaticani, Roma). A partir de este momento, Reni manifestó con total independencia su personalidad artística para importantes comitentes, como los cardenales Paolo Emilio Sfondrati o Scipione Borghese, este último sobrino de Pablo V para el que realizó los frescos de San Andrea conducido al martirio, en el oratorio de San Andrés (San Gregorio al Celio, 1609) o la Aurora para el Casino de su nombre (1614). Al mismo tiempo llevó a cabo importantes encargos para Bolonia, entre los que se encuentra Matanza de los inocentes (1611, Pinacoteca Nazionale di Bologna), una de sus obras fundamentales. En esos momentos Reni alcanzó un lugar determinante en la cultura artística romana, sufriendo la influencia de Albani, Caballero de Arpino, Rubens y Gentileschi, al mismo tiempo que influyó poderosamente en otros, como Bernini. 

En 1614 se estableció definitivamente en Bolonia, ciudad que abandonó solo para trasladarse brevemente a Roma o Nápoles. Durante este periodo realizó obras como Hipomenes y Atalanta (Prado), una de sus obras maestras más reconocidas, y creó también sus célebres personajes femeninos (Cleopatra, Lucrecia, Salomé, Judith, etc.), dulces y serenas representaciones que gozaron de amplísima popularidad y que fueron copiadas en infinidad de ocasiones. Durante sus últimos años Reni modificó su paleta, que progresivamente se fue aclarando hasta alcanzar una calidad casi monocroma, con perfiles también cada vez más imprecisos y pinceladas más libres. Alguna de estas obras ha planteado enconadas polémicas entre los especialistas en su pintura, los cuales debaten sobre si se trata de obras finalizadas, o si, por el contrario, son los cuadros que se encontraban sin terminar en su taller en el momento de su muerte.

Sus temas son principalmente bíblicos y mitológicos. Pintó pocos retratosReni dio forma a un clasicismo “accesible” o de fácil conexión emotiva, que transmitía emociones mediante miradas de arrobo. Sus medias figuras de Cleopatra suicidándose y santos en trance o agonía fueron muy demandadas en el siglo XVIII, incidiendo en el estilo Neoclásico. Posteriormente, pasó de moda como toda la pintura boloñesa de la época, aunque ha recobrado estima gracias a exposiciones, desde mediados del siglo XX.

Autor admirado en la España del XVIII, cuenta con buena presencia en el Museo del Prado, que posee entre otras pinturas una versión de su Hipómenes y Atalanta (considerada mejor que la del Museo de Capodimonte), San SebastiánMuchacha con una rosa y La Virgen de la silla. El Louvre contiene veinte de sus cuadros, la National Gallery de Londres siete, de los cuales el más interesante es una pequeña Coronación de la Virgen, pintada sobre cobre y que data probablemente de fecha anterior a la marcha del pintor a Roma.

Sobre la pintura “Santa Cecilia” de Guido Reni

Hablemos algo de la iconografía de la santa. La historia cuenta que Cecilia era una noble romana convertida al cristianismo que vivió a finales del siglo II d.C.Una crónica del siglo V cuenta que, el día de su boda con el patricio Valeriano, y mientras sonaban los instrumentos, ella dirigió una oración a Dios:

“Señor, haz puro mi corazón”

Pasaje al que, con el tiempo, se dio una interpretación que dejaba suponer que la santa invocaba a Dios al son del órgano o de otros instrumentos musicales. De ahí que la nombraran santa patrona de los músicos.

Las primeras imágenes representan a Santa Cecilia con una palma en la mano (símbolo de todos los mártires), pero ya desde el siglo XIV le fue asociado un órgano portátil con lo que se la vinculó con la Música y los instrumentos musicales.

Desde entonces ha sido habitual representarla con el semblante arrobado, es decir, con una actitud de concentración y “escucha” de las armonías celestiales.

Es como si los ángeles o el mismísimo Dios le dictaran lo que tiene que tocar. En sus imágenes, santa Cecilia nunca mira partituras (que representan la música terrenal): ella está absorta en la audición interior de la música “celestial”.

En el siglo XVII, encontraron su tumba y los restos de la mártir en la iglesia romana de Trastevere, lo que motivó un aluvión de cuadros y representaciones de la Santa. 

Casi siempre está acompañada de ángeles que sostienen los instrumentos, sus ropajes, los cuadernos de música en donde están reproducidos los versos de la famosa antífona Cantantibus organis, junto a las notaciones del bajo continuo.

Tenemos que citar la pintura de la santa, obra de Guido Reni conservada en el Norton Simon Museum of Art, en el que la santa mira al cielo mientras toca un violín y de fondo se ven los tubos de un órgano. 

En nuestra pintura, sobre un fondo neutro, aparece la santa, pero con una especie de aureola sobre su cabeza que se prolonga hacia su izquierda. La figura es monumental, con ropajes voluminosos. Se lleva su mano izquierda al pecho, mientras con la otra sostiene el violín sin llegar a tocarlo, sobre una mesa de mármol que aparece en la esquina de la composición. Tiene carnaciones nacaradas, cuello largo y gira la cabeza hacia su izquierda. La cabeza es ovalada. La boca la tiene cerrada, la barbilla marcada, la nariz recta, las cejas arqueadas y la mirada absorta. Lleva una cinta en el pelo. Su peinado con la raya en medio dibuja una graciosa silueta, y la melena le cae por su lado izquierdo. 

Abajo, un angelillo rubio de pequeñas alas le sirve de atril, ya que le sostiene una partitura, aunque esta se encuentra un poco caída. El violín marca una suave diagonal hacia la cabeza de la santa, aunque se trata de una composición triangular que culmina en dicha cabeza. Destaca la luminosidad de su túnica celeste frente a los tonos ocres.Tanto la mano izquierda del ángel como la de la santa nos llevan de nuevo al rostro de la santa música. La pincelada utilizada es minuciosa. En general, esta obra transmite una sensación de espiritualidad y calma.

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“Marina” de Martín Rico

"Marina" cuadro de Martín Rico

Cuadro de Martín Rico: “Marina”

En la obra atribuida a Martín Rico, pintor español, se pueden ver varias góndolas en la orilla de un canal de Venecia, amarrados a los pósteres típicos de la ciudad. En la calle que desemboca en el canal se pueden ver las figuras de varias personas.

Características de la pintura de Martín Rico

 

Pintor:

Atribuido a Martín Rico

Fecha/lugar creación:

Siglo XIX

Título pintura:

“Marina”

Material:

Óleo sobre tabla

Medidas:

30 x 23 cm

 

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Sobre el pintor Martín Rico

Martín Rico y Ortega nace en El Escorial el 12 de noviembre de 1833 y muere en Venecia el 13 de abril de 1908. El pintor español, al que se le considera como el iniciador del paisajismo moderno en España, se especializa a lo largo de su vida en la pintura paisajista siguiendo las influencias de la Escuela de Barbizon.

Su formación artística comienza junto a su hermano, el grabador Bernardo Rico, con el que colabora en el taller de su tío, Calixto Ortega Matamoros. Estudió en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, con los paisajistas Genaro Pérez Villaamil, Fernando Ferrant y Vicente Camarón.

Amistades de Martín Rico

Durante su etapa en el Liceo de Madrid mantiene amistad con Rosales, Fortuny y Raimundo de Madrazo. Posteriormente obtiene una beca que le permite seguir con su formación en París en 1862. En 1863 comenzó a trabajar en el taller de Meissonier y Daubigny, que conoció durante su beca.

Después viaja a Suiza y Gran Bretaña, además de viajar frecuentemente viajes a Venecia en compañía de su amigo Mariano Fortuny. En las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes obtiene tres medallasEn 1860 obtiene la tercera medalla por “Un país”; en 1864 y 1867 obtiene la segunda medalla. También manda sus lienzos a las Universales de París de 1878 y 1888, en las que es galardonado con tercera y segunda medalla.

Actualmente la mayoría de sus obras se encuentran en colecciones particulares extranjeras, debido a la estrecha relación comercial que mantiene con Adolphe Goupil, marchante de arte francés.

Como ilustrador colabora con La Ilustración Española y Americana, publicación de la que es director en 1895. Es comendador de la orden de Isabel la Católica y recibe la cruz de la Legión de Honor francesa. En 1907 se publica su libro de memorias “Recuerdos de mi vida”, dedicado al su amigo Aureliano de Beruete, paisajista al igual que él. El 13 de abril de 1908 fallece en Venecia.

Sobre el cuadro “Marina”

Sobre su cuadro “Marina” es creado durante su última etapa pictórica, la etapa de vistas venecianas. En Venecia realiza varias composiciones, siendo las más frecuentes las que acotan un fragmento de fachadas que dan al agua. En la imagen se pueden ver varias góndolas en un pequeño embarcadero con los pósteres típicos de la ciudad. Los reflejos del agua son de colores muy variados, recurso que utiliza Martín Rico con asiduidad. Las pinceladas divididas del agua, recurso de los pintores impresionistas, lo que le da gran atractivo junto a su luminosidad y soltura.

En el reflejo del agua se puede observar, a la izquierda, como predomina el color celeste debido a que una calle desemboca en el canal y el resto son fachadas. En la calle, al fondo, se ven personas y una gran cantidad de ventanas de madera con diferentes tonalidades.

En el suelo, bajo la fachada del edificio principal del cuadro, se ven colores lilas. En dicho edificio se pueden apreciar pinceladas más densas.

 

 

 

 

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“Niña comiendo” de Antonio Puga

Cuadro óleo niña comiendo de Antonio Puga

Cuadro de Antonio Puga: “Niña Comiendo”

Os presentamos este maravilloso cuadro del pintor gallego Antonio Puga en el que vemos a una niña comiendo de un cuenco con apariencia desaliñada. El estilo, los detalles, el juego de luces…hacen de este cuadro una descripción realista de la época y de la pintura del siglo XVII.

 

Características de la pintura de Antonio Puga

Pintor:

Atribuido a Antonio Puga

Fecha/lugar creación:

Siglo XVII

Título pintura:

Niña comiendo”

Material:

Óleo sobre lienzo

Medidas:

80 x 60 cm 

Otros datos:

 

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Sobre el pintor Antonio Puga

El pintor barroco español Antonio Puga nace en Orense (Galicia), convirtiéndose años más tarde en el primer artista importante de su tierra. Su reconocimiento ha sido posible tras una datación precisa de algunos aspectos de su vida y obra por parte de Maria Luisa Caturla, su principal biógrafa y estudiosa.

Durante su vida, Antonio Puga cultiva diversos géneros pictóricos, aunque la temática con la que alcanza la fama es con la costumbrista. Tras un inventario redactado a su muerte se puede ver que en vida fue un coleccionista de cuadros de artistas contemporáneos, dibujos, libros y armas.

Del artista no existen noticias hasta 1635, año en el que dicta en Madrid su primer testamento, donde declara que trabajó “Por orden y en casa de Eugenio Caxes”. En el Salón de Reinos del Palacio del Buen Retiro dos lienzos bélicos corresponden a Eugenio Cajés: “El marqués de Cadereita y su armada” (actualmente perdido) y la “Recuperación de Puerto Rico por Don Juan de Haro” (Museo Nacional del Prado, Madrid). En estos cuadros a Puga, tras cierto consenso entre los historiadores, se le ha atribuido el paisaje.

Del testamento se intuye que Puga era un pintor ya formado, pues había pintado un retrato del duque de Medina de las Torres para Luis Ramírez de Haro y se le había dado participación en la decoración del palacio. Este testamento también permite conocer su residencia, establecida en Madrid, donde trabaja de manera ocasional como oficial de Cajés. De este último se sospecha que podría haber sido su maestro, pero se le relaciona también con otros pintores,Fracisco Barrera y Mazo, con los que contrajo deudas.

En 1636 firma un San Jerónimo de pobre factura conservado en Inglaterra (Museo de Bowes en Barnard Castle, Durham), siendo una de las dos copias de un original riberesco. Esta es la única obra que se ha conservado que es segura de mano de Puga, siendo todo lo demás mera atribución.

El segundo testamento de Puga data de 1648, en vísperas de su muerte, y en el se relacionan algunas pinturas ecuestres que tenía sin terminar. En este testamento, además, se acredita la relación con Juan de Solís, pintor paisajista al igual que Puga. También en ese testamento se mencionan retratos en número importante que le serían como modelos para las copias efectuadas en el taller. De ahí se puede suponer que trabajó con cierta asiduidad para Felipe IV y otros miembros de la familia real, conde de Lemos y duque de Ariscote.

Del documento se desprende que durante su vida consiguió reunir un gran número de obras de otros artistas y una gran biblioteca de unos cien volúmenes. En el documento también se hace mención a tres oficiales que trabajaban para el por lo que todo apunta a que tenía un taller con gran volumen de trabajo.

Obras atribuidas a Puga

  • El afilador del Museo del Ermitage.
  • La taberna del Museo de Pontevedra.
  • La sopa de los pobres del Museo Cortés de Puerto Rico.
  • El aceitero del Museo Goya de Castres.
  • La madre del pintor, en el pasado estuvo en el Prado y atribuido a Velázquez, actualmente se encuentra en el Museo de Pontevedra.
  • El Soldado muerto de la National Gallery de Londres, en el pasado atribuido a Velázquez y actualmente considerado como anónimo napolitano.
  • El bebedor, propiedad de Caixanova.
  • Una Magadalena penitente, de sorprendente desnudo para ser obra de un artista español, llevaba en el reverso la inscripción “PVGA” invisible tras ser reentelada.

 

Sobre la pintura “Niña comiendo”

Hablemos ahora un poco de la pintura atribuida a Antonio Puga “Niña comiendo”. Sobre un fondo neutro oscuro aparece retratada una niña sentada que ocupa casi la totalidad del cuadro. Esta niña se encuentra comiendo de un cuenco de barro que sujeta con su mano izquierda de una forma que parece algo forzada; con su mano derecha se lleva la cuchara a la boca.

La niña en cuestión fija su mirada en el espectador, como protegiendo su comida. Su cabello es rubio y su nariz corta, todo propio de la edad. En el pelo lleva dos lazos rojos, de la misma tonalidad que sus labios y con sus mejillas, levemente sonrojadas. Hay que destacar del rostro la iluminación, con partes iluminadas y partes en sombra. Junto a los lazos se puede apreciar el brillo que proporciona Puga a los cabellos rubios de la niña.

Su manga derecha deja al descubierto la ropa interior blanca que viste la niña. Respecto a la indumentaria que lleva, viste ropajes de color marrón con gruesos pliegues en las mangas. Es posible apreciar como chorrea algo de caldo del cuenco.

Al igual que en el resto de obras atribuidas a Antonio Puga, la pintura se compone de tonos ocres. Además, no se aprecia ninguna referencia espacial y se muestra una temática costumbrista.

 

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