Bodegón – Jose Felipe Parra Piquer

Cuadro de Jose Felipe Parra Piquer “Bodegón”

El tema representado es un bodegón de flores, muy característico del pintor valenciano. En el cuadro podemos ver en el fondo una puerta de tonalidades verdes. En primer plano, sobre una mesa de madera clara, se ven unas flores cortadas que probablemente se hayan utilizado para colocar en la cesta de mimbre que hay al final de la mesa. Un poco más atrás, sobre la misma mesa, hay una maceta de barro que contiene varias plantas con algunas flores.

Características cuadro “Bodegón” – Jose Felipe Parra Piquer

Pintor:

Jose Felipe Parra Piquer

Fecha/lugar creación:

Siglo XIX

Título pintura:

Bodegón

Material:

Óleo sobre lienzo. Reentelado.

Medidas:

73,5 x 56,5 cm sin marco | 86 x 71,5 cm con marco

Otros datos:

Firmado en el ángulo inferior derecho

Acerca de Jose Felipe Parra Piquer

El pintor español Jose Felipe Parra Piquer nace en Valencia en 1824 y muere en 1864 en Montevideo (Uruguay). Durante su vida se especializa en el bodegón y los cuadros de flores, aunque también es conocido por su pintura de tema histórico. De esta última modalidad destaca su lienzo “Carlos V recoge el pincel caído a Tiziano”, que se conserva actualmente en el Museo de Bellas Artes de Valencia.

Su padre Miguel Parra fue un destacado pintor de bodegones y flores, al igual que él, y además pintor de cámara de Fernando VII. Jose Felipe Parra estudia en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia. Con trece años comienza a destacar como pintor de flores y durante esos años obtiene diversos premios en todas las disciplinas académicas y, finalmente, es nombrado académico de mérito en 1843.

Su obra, en general, es sobria de colorido caracterizándose por un correctísimo dibujo que revela la influencia de los bodegonistas barroca, especialmente españoles, flamencos y holandeses. Realiza diversas exposiciones de su obra, de las cuales hay que destacar las celebradas en la Academia de San Fernando (Madrid) en 1832 y en el Liceo de Valencia en 1845. Asimismo, concurrió a las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes entre 1860 y 1964.

José Felipe Parra Piquer está representado en el Museo de Bellas Artes de Valencia, el Nacional de La Habana y en el de Cerámica y Artes Suntuarias González Martí,

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Dolorosa – Círculo de Bartolomé Esteban Murillo

Cuadro del Círculo de Bartolomé Esteban Murillo “Dolorosa”

El tema representado es la Dolorosa de Bartolomé Esteban Murillo. En esta obra podemos ver en primer plano a La Virgen, con las manos unidas en gesto de oración e inclina su cabeza hacia la derecha, dirigiendo la mirada al cielo

Características cuadro “Dolorosa” – Círculo de Bartolomé Esteban Murillo

Pintor:

Círculo de Bartolomé Esteban Murillo

Fecha/lugar creación:

Finales siglo XVII

Título pintura:

Dolorosa

Material:

Óleo sobre lienzo

Medidas:

71 x 52 cm sin marco | 147 x 110 cm con marco

 

Acerca de Bartolomé Esteban Murillo

Los pintores españoles fueron los grandes maestros en el empleo de la luz, símbolo de la divinidad, en la pintura religiosa del Siglo de Oro. La característica principal de esta pintura era su carácter didáctico en una sociedad analfabeta. El máximo exponente de este estilo es Bartolomé Esteban Murillo (1617-1682).

El pintor barroco español Bartolomé Esteban Murillo nace en Sevilla y allí es bautizado el 1 de enero de 1618, muere el 3 de abril de 1682. Se forma en un naturalismo tardío, evolucionando hacia formulas propias del barroco pleno, teniendo una sensibilidad que en ocasiones se anticipa al Rococó, como en el caso de la Inmaculada Concepción o el Buen Pasto en figura infantil. Es una importante personalidad en la escuela sevillana, con un gran número de discípulos y seguidores que llevan su influencia hasta el siglo XVIII. Murillo fue el pintor español mejor conocido y apreciado fuera de las fronteras españolas. Si Velázquez es el pintor profano por excelencia en la España del Siglo de Oro, Murillo es el religioso.

La pintura más amable y sosegada de Murillo, con sus modelos de Vírgenes y santos con un halo de sentimentalidad dulce y delicada, se impone en Sevilla en las últimas décadas del siglo XVII al arte más barroco y dramático de Valdés Leal, llenando con su influjo gran parte de la pintura sevillana en el siglo siguiente.

Murillo es el pintor español que mejor expresa el sentir católico que se vive en ese momento. Normalmente el pintor que plasma con su arte temas amables con regularidad y soltura no tiene predilección por representar asuntos relativos a la Pasión de Jesucristo, pero cuando lo hace no es menos devoto. Este es el caso de Murillo que trata de dulcificar la escena reduciendo así el dramatismo que la impregna, simbolo propio de su madurez.

Esta pintura que tenemos delante, “Dolorosa”, se relaciona con su círculo ya que la pieza presenta características propias del arte de Murillo.

Sobre la “Dolorosa”

Esta obra es una representación que el pintor repite en varias ocasiones debido a su enorme éxito entre la clientela sevillana, en cuya realización intervienen sus discípulos y colaboradores. El prototipo de esta Dolorosa es creado para hacer pareja con un Ecce Homo, siendo parte de un conjunto iconográfico. Murillo realiza, desde 1660, varias versiones de este tema, utilizando normalmente dos lienzos que forman la pareja. Hay que relacionar iconográficamente este tipo de pintura con los conjuntos de Dolorosas y Ecce Homos que hace en escultura Pedro de Mena, también son bustos, contemporáneos a Murillo.

A nivel formal, muestra las características principales de la pintura devocional de Murillo, entre ellas la composición sencilla y clásica, sin elementos que compliquen la lectura de la imagen, con la figura a gran tamaño en el centro de la obra, sobre un fondo neutro y oscuro que realza su presencia. Parece que las primeras pinturas devocionales fueron los iconos bizantinos.

En esta obra podemos ver en primer plano a La Virgen, con las manos unidas en gesto de oración e inclina su cabeza hacia la derecha, dirigiendo la mirada al cielo. Por su mejilla izquierda resbalan dos lágrimas y mantiene la boca entreabierta. Pese al dolo representado en el cuadro, no pierde su belleza. El rostro de María se corresponde con el modelo femenino utilizado habitualmente por el pintor, en este caso con expresión apenada pero manteniéndose serena, con los ojos hinchados por el llanto y llenos de lágrimas.

Respecto a su vestimenta, lleva una camisa blanca que se puede apreciar en las mangas, una túnica rosa, una toca ocre, un velo blanco  y un manto azul, color que simboliza la virginidad. Estos son los colores con los que tradicionalmente se pintaban a las Inmaculadas. El velo cae por el lado derecho de forma suelta y ondeante, en la imagen destaca la calidad y detalle del mismo. También muestra bastante calidad la manga de la túnica rosa, tanto el detalle como el claroscuro. En contraste tenemos la toca, pintada de forma más abocetada. Hay que decir que en el siglo XVII los pintores alcanzan el dominio al pintar las telas.

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Inmaculada Concepción – Escuela colonial limeña

Detalle rostro Inmaculada Concepción

Cuadro Escuela Colonial Limeña “Inmaculada Concepción”

El tema representado es la Inmaculada Concepción, conocida también como la Purísima Concepción.

Características cuadro “Inmaculada Concepción” – Escuela Colonial Limeña

Pintor:

Escuela Colonial Limeña

Fecha/lugar creación:

Siglo XVII

Título pintura:

“Inmaculada Concepción”

Material:

Óleo sobre lienzo

Medidas:

S/N

 

Acerca de la Escuela Colonial Limeña

La pintura colonial, tuvo tres grandes influencias: la italiana, muy intensa durante el siglo XVI y principios del XVII, que después se diluyó para recuperar su hegemonía a fines del siglo XVIII con la introducción del neoclasicismo; la influencia flamenca, que se dio desde el principio y su importancia fue creciendo hasta ser muy fuerte en el siglo XVII, pero, sobre todo fue constante por medio de los grabados; y la española que se manifestó con mayor fuerza durante el período barroco de los siglos XVII y XVIII, especialmente a través de la escuela sevillana.

Zurbarán es la figura más influyente en el barroco hispanoamericano y Lima es la ciudad con mayor número de obras relacionadas con su taller. Se pueden hablar hasta de seis series suyas enviadas a Lima.

La pintura de caballete en Lima estaba fuertemente influenciada por la pintura flamenca, más cerca hacia lo académico y con intencionalidad dinámica, motivo por el cual no tuvo mucha acogida el claroscurismo. De esta etapa destacan cuatro pintores Francisco Escobar, Diego de Aguilera, Andrés de Liebana y Pedro Fernández de Noriega.

Sobre la temática: Inmaculada Concepción, Virgen María libre de pecado original

El tema representado es la Inmaculada Concepción, conocida también como la Purísima Concepción. Es un dogma de la iglesia católica decretado en 1854 que sostiene que la Virgen María estuvo libre del pecado original desde el primer momento de su concepción por los méritos de su hijo Jesucristo.

No debe confundirse este dogma con la doctrina del nacimiento virginal de Jesús, que sostiene que Jesús fue concebido sin intervención de varón mientras que María permaneció virgen antes, durante y después del parto.

Al desarrollar la doctrina de la Inmaculada Concepción, la Iglesia Católica contempla la posición especial de María por ser madre de Cristo, y sostiene que Dios preservó a María desde el momento de su concepción de toda mancha o efecto del pecado original, que había de transmitirse a todos los hombres por ser descendientes de Adán y Eva, en atención a que iba a ser la madre de Jesús, quien también es Dios. La doctrina reafirma con la expresión «llena de gracia» (Gratia Plena) contenida en el saludo del arcángel Gabriel (Lc. 1,28), y recogida en la oración del Ave María, este aspecto de ser libre de pecado por la gracia de Dios.

También podemos hablar del tema de la Coronación de la Virgen. En el cristianismo católico y ortodoxo la Coronación de la Virgen es una secuencia más dentro del ciclo de la vida de la Virgen María. Pertenece esta creencia a la tradición y su referencia en los libros sagrados de la Biblia se encuentra en el capítulo 12 del libro del Apocalipsis. Su promoción está en un relato atribuido a San Melitón, obispo de Sardes (ciudad de Asia Menor) en el siglo II, que fue divulgada en el occidente cristiano el siglo VI por Gregorio de Tours y más tarde en el siglo XIII por Santiago de la Vorágine en su Leyenda dorada.

El relato supone que en Cuerpo y Alma, María sube a los cielos (Asunción de la Virgen) y allí es coronada por Cristo, Dios Padre o la Trinidad. En este caso veremos que es coronada por dos ángeles.

Sobre el cuadro “Inmaculada Concepción”

Sobre un fondo celestial dorado aparece la Virgen Inmaculada. Abajo aparecen símbolos que aluden a las mariologías, al igual que los ángeles que en fila de tres, en ambos lados sujetan objetos que representan estas mariologías. Estos son “espejo de justicia”, “trono de sabiduría”, “rosa mística”, “torre de David”, “torre de marfil”, “casa de oro”, “arca de la Alianza”, “casa de oro” y “puerta del Cielo”. Otros dos ángeles arriba coronan a María como Reina de todo lo creado. Abajo pueden verse unas nubes grises.

Sobre la bola del mundo, y en ella enroscada la serpiente con la manzana, como símbolo del pecado, y sobre la media luna con los cuernos hacia arriba aparece esta Inmaculada. Viste de manera tradicional con túnica blanca y manto azul, con la peculiaridad de que el forro del manto es de un intenso rojo. El manto tiene estrellas doradas y encajes dorados en el filo. La Virgen tiene las manos en actitud de oración sobre el pecho y gira la cabeza a su derecha con la mirada baja. Lleva pendientes y anillos. Destaca el lazo rojo que lleva en su pecho, al igual que las mangas que deja ver debajo de la túnica, con motivos vegetales. En el cuello rectangular de la túnica se pueden ver piedras precios. El cabello castaño, largo, cae remarcando la silueta de cabeza, hombros y brazos. Vemos rayos centelleantes que salen de su cabeza.

El rostro de la Virgen presenta un modelado muy suave, aunque en la obra en general predomina más el dibujo. Destacan los plegados de la ropa y sobre todo los detalles en dorado de la misma, así como las joyas.

Ver cuadro completo “Inmaculada Concepción”

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Santa Cecilia – Círculo de Guido Reni

Cuadro de Guido Reni “Santa Cecilia”

La pintura de la que hablamos muestra a Santa Cecilia, pertenece a su círculo. A Santa Cecilia se la suele representar tocando el órgano u algún otro instrumento musical como violonchelos, violas o violines. Suele tener la mirada hacia arriba, con lo que nos está recordando que su música se eleva , es decir, que pretende que sea una alabanza a Dios.

Características cuadro “Santa Cecilia” de Guido Reni

Pintor:

Círculo de Guido Reni

Fecha/lugar creación:

Siglo XVII

Título pintura:

“Santa Cecilia”

Material:

Óleo sobre lienzo

Medidas:

130 x 100 cm

Sobre el pintor Guido Reni

Guido Reni (Bolonia4 de noviembre de 1575 – Bolonia, 18 de agosto de 1642) fue un pintor y grabador italianoperteneciente a la Escuela Boloñesa y famoso del clasicismo romano-boloñés.Artista largamente ignorado, fue sin embargo considerado en su época uno de los pintores más importantes de Italia. Cultivador (y uno de los protagonistas) del Clasicismo implantado en Bolonia por los Carracci, Reni prolongó el esplendor de dicho centro artístico por tres décadas más, e influyó en muchos maestros como Giovanni Lanfranco y Guercino, a quien llegó a acusar de plagio.

Su definitiva recuperación crítica se llevó a cabo en 1954, con motivo de la memorable exposición que tuvo lugar en dicho año en Bolonia. Su pintura, profundamente influida por la Antigüedad clásica y por Rafael, constituye una de las más vigorosas muestras de la tendencia clasicista del arte barroco. En Bolonia fue discípulo del artista flamenco Dionisio Fiamingo Calvaert, aunque muy pronto, quizás antes de 1595, comenzó a frecuentar la academia de los Carracci, cuya educación propugnaba el retorno a la naturaleza. Son muy pocas las obras existentes de esta primera etapa boloñesa, aunque las conocidas lo muestran experimentando con elementos formales de la tradición (Calvaert, Francesco Francia o Francesco Vanni), junto a otros que muestran ya su independencia de carácter, que propugna una visión más heroica e idealizada de la realidad. 

Su partida para Roma debió de producirse en 1601 y allí permaneció durante unos quince años, con puntuales viajes a Bolonia (quizá en 1603, para asistir al funeral de Agostino Carracci). Allí profundizó en el conocimiento de la pintura de Rafael y la copia de esculturas clásicas. Además, Roma le proporcionó la ocasión de entrar en contacto con propuestas innovadoras como era la pintura de Caravaggio, cuyo influjo se deja sentir poderosamente en su producción de 1603 a 1605, en obras como Crucifixión de san Pedro (Musei Vaticani, Roma). A partir de este momento, Reni manifestó con total independencia su personalidad artística para importantes comitentes, como los cardenales Paolo Emilio Sfondrati o Scipione Borghese, este último sobrino de Pablo V para el que realizó los frescos de San Andrea conducido al martirio, en el oratorio de San Andrés (San Gregorio al Celio, 1609) o la Aurora para el Casino de su nombre (1614). Al mismo tiempo llevó a cabo importantes encargos para Bolonia, entre los que se encuentra Matanza de los inocentes (1611, Pinacoteca Nazionale di Bologna), una de sus obras fundamentales. En esos momentos Reni alcanzó un lugar determinante en la cultura artística romana, sufriendo la influencia de Albani, Caballero de Arpino, Rubens y Gentileschi, al mismo tiempo que influyó poderosamente en otros, como Bernini. 

En 1614 se estableció definitivamente en Bolonia, ciudad que abandonó solo para trasladarse brevemente a Roma o Nápoles. Durante este periodo realizó obras como Hipomenes y Atalanta (Prado), una de sus obras maestras más reconocidas, y creó también sus célebres personajes femeninos (Cleopatra, Lucrecia, Salomé, Judith, etc.), dulces y serenas representaciones que gozaron de amplísima popularidad y que fueron copiadas en infinidad de ocasiones. Durante sus últimos años Reni modificó su paleta, que progresivamente se fue aclarando hasta alcanzar una calidad casi monocroma, con perfiles también cada vez más imprecisos y pinceladas más libres. Alguna de estas obras ha planteado enconadas polémicas entre los especialistas en su pintura, los cuales debaten sobre si se trata de obras finalizadas, o si, por el contrario, son los cuadros que se encontraban sin terminar en su taller en el momento de su muerte.

Sus temas son principalmente bíblicos y mitológicos. Pintó pocos retratosReni dio forma a un clasicismo “accesible” o de fácil conexión emotiva, que transmitía emociones mediante miradas de arrobo. Sus medias figuras de Cleopatra suicidándose y santos en trance o agonía fueron muy demandadas en el siglo XVIII, incidiendo en el estilo Neoclásico. Posteriormente, pasó de moda como toda la pintura boloñesa de la época, aunque ha recobrado estima gracias a exposiciones, desde mediados del siglo XX.

Autor admirado en la España del XVIII, cuenta con buena presencia en el Museo del Prado, que posee entre otras pinturas una versión de su Hipómenes y Atalanta (considerada mejor que la del Museo de Capodimonte), San SebastiánMuchacha con una rosa y La Virgen de la silla. El Louvre contiene veinte de sus cuadros, la National Gallery de Londres siete, de los cuales el más interesante es una pequeña Coronación de la Virgen, pintada sobre cobre y que data probablemente de fecha anterior a la marcha del pintor a Roma.

Sobre la pintura “Santa Cecilia” de Guido Reni

Hablemos algo de la iconografía de la santa. La historia cuenta que Cecilia era una noble romana convertida al cristianismo que vivió a finales del siglo II d.C.Una crónica del siglo V cuenta que, el día de su boda con el patricio Valeriano, y mientras sonaban los instrumentos, ella dirigió una oración a Dios:

“Señor, haz puro mi corazón”

Pasaje al que, con el tiempo, se dio una interpretación que dejaba suponer que la santa invocaba a Dios al son del órgano o de otros instrumentos musicales. De ahí que la nombraran santa patrona de los músicos.

Las primeras imágenes representan a Santa Cecilia con una palma en la mano (símbolo de todos los mártires), pero ya desde el siglo XIV le fue asociado un órgano portátil con lo que se la vinculó con la Música y los instrumentos musicales.

Desde entonces ha sido habitual representarla con el semblante arrobado, es decir, con una actitud de concentración y “escucha” de las armonías celestiales.

Es como si los ángeles o el mismísimo Dios le dictaran lo que tiene que tocar. En sus imágenes, santa Cecilia nunca mira partituras (que representan la música terrenal): ella está absorta en la audición interior de la música “celestial”.

En el siglo XVII, encontraron su tumba y los restos de la mártir en la iglesia romana de Trastevere, lo que motivó un aluvión de cuadros y representaciones de la Santa. 

Casi siempre está acompañada de ángeles que sostienen los instrumentos, sus ropajes, los cuadernos de música en donde están reproducidos los versos de la famosa antífona Cantantibus organis, junto a las notaciones del bajo continuo.

Tenemos que citar la pintura de la santa, obra de Guido Reni conservada en el Norton Simon Museum of Art, en el que la santa mira al cielo mientras toca un violín y de fondo se ven los tubos de un órgano. 

En nuestra pintura, sobre un fondo neutro, aparece la santa, pero con una especie de aureola sobre su cabeza que se prolonga hacia su izquierda. La figura es monumental, con ropajes voluminosos. Se lleva su mano izquierda al pecho, mientras con la otra sostiene el violín sin llegar a tocarlo, sobre una mesa de mármol que aparece en la esquina de la composición. Tiene carnaciones nacaradas, cuello largo y gira la cabeza hacia su izquierda. La cabeza es ovalada. La boca la tiene cerrada, la barbilla marcada, la nariz recta, las cejas arqueadas y la mirada absorta. Lleva una cinta en el pelo. Su peinado con la raya en medio dibuja una graciosa silueta, y la melena le cae por su lado izquierdo. 

Abajo, un angelillo rubio de pequeñas alas le sirve de atril, ya que le sostiene una partitura, aunque esta se encuentra un poco caída. El violín marca una suave diagonal hacia la cabeza de la santa, aunque se trata de una composición triangular que culmina en dicha cabeza. Destaca la luminosidad de su túnica celeste frente a los tonos ocres.Tanto la mano izquierda del ángel como la de la santa nos llevan de nuevo al rostro de la santa música. La pincelada utilizada es minuciosa. En general, esta obra transmite una sensación de espiritualidad y calma.

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“Marina” de Juan Martínez Abades

Marina de Juan Martínez Abades

Cuadro de Juan Martínez Abades: “Marina”

En esta pieza se puede observar un paisaje de temática marina en la que destaca la luminosidad de esta época realista hacia el fin de siglo, comparando este aspecto con otros pintores. El autor propone una vista frontal en la que en un primer plano se pueden observar las rocas más grisáceas de un acantilado rodeadas de vegetación. En un segundo plano podemos observar una construcción al inicio de un segundo acantilado y cerca de este, pero más al fondo, una embarcación. Al fondo del paisaje se puede observar una línea de tierra.

Características de la pintura de Juan Martínez Abades

Pintor:

Juan Martínez Abades

Fecha/lugar creación:

Siglo XIX

Título pintura:

“Marina”

Material:

Óleo sobre lienzo

Medidas:

80 x 90 cm

Sobre el pintor Juan Martínez Abades

(Gijón, 7 de marzo de 1862-Madrid, 19 de enero de 1920). Pintor español. Además de a la pintura, se dedico también a la música, aunque en menor medida. La mayor parte de su obra está compuesta por marinas, escenas portuarias y representaciones naturalistas del paisaje costero de la cornisa cantábrica. Destacar también otras obras de su repertorio de estilo costumbrista. Debido a su fama como cupletista, además de ser un hombre de mundo, contaba con distinguidas amistades como las de María Guerrero o Álvaro Retana, entre otras personalidades de la élite cultural de la Restauración.

Hijo de un industrial gijonés, comenzó a mostrar sus cualidades artísticas muy pronto, cuando se encontraba en el Real Instituto de Jovellanos, localizado en su ciudad natal. Allí se dedicaba a copiar dibujos de la colección reunida por don Gaspar. Tiempo después se trasladó a Madrid donde se formó, entre 1880 y 1887, en la Escuela Especial de Pintura, Escultura y Grabado. Entre sus maestros destacan el escultor José Gragera y los pintores Ignacio Suárez Llanos y Carlos de Haes.

Con un lienzo de tema histórico, La muerte de Mesalina, se estrenó en la Exposición Nacional de Bellas Artes. Estuvo pensionado por la Diputación de Oviedo en Italia y tras ese periodo se presento a la Nacional de 1890, donde consiguió la Segunda Medalla por su obra El viático a bordo (Museo de San Telmo, San Sebastián). Este premio le volvió a ser otorgado dos años más tarde por su obra El entierro del piloto (colección Masaveu, Oviedo).

En el Madrid de la Restauración y bajo la protección de Florencio Valdés, desarrolló una intensa actividad social. Participó en todas las exposiciones del panorama nacional entre 1884 y 1917 y, además, comenzó a ser un popular cupletista. A partir de 1894 y hasta su muerte, fue uno de los ilustradores gráficos más asiduos en la etapa inicial de la revista “Blanco y Negro”.

Además de en Madrid, expuso en las Exposiciones Universales de Barcelona (1888) y Chicago (1893), y en La Habana (1914). En 1891 se casó con Aurora Moreno Caubín, de origen canario. Esto le llevó a decorar, en 1906, el Salón de Actos del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife.

Tanto en vida del artista como después de la muerte del pintor, su figura se reconoce por su producción marinista. Su obra, abundante y desigual, abarcó todos los temas relacionados con el mar: escenas portuarias o de rías, estampas navales de viejos veleros o “modernos” buques de la Armada Real, cuadros costumbristas o playeros, o las vistas naturalistas, tanto de interés geológico como episodios de crítica social. Sus referencias e inspiración a la hora de pintar eran las costas del Mar Cantábrico y de la Galicia atlántica, con un innovador apéndice canario y caribeño.

En 1987, el Museo de Bellas Artes de Asturias organizó una muestra homenaje que recorrió varias ciudades de la geografía española. También cuentan con obras de su repertorio el Museo Nacional del Prado y la colección Carmen Thyssen-Bonermisza.

Como comentábamos anteriormente, fue alumno de Carlos de Haes. Haes fue un pintor español de origen Belga. Se le puede clasificar como paisajista dentro de la tendencia general del realismo. En 1857 obtuvo la Cátedra de Paisaje en la Escuela Superior de la Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid. Desde entonces hasta 1898, año de su muerte, el pintor compartió sus conocimientos y su entusiasmo personal con un gran número de alumnos de variada condición social.

Haes practicaba y recomendaba, tanto técnica como ideológicamente,  el uso de métodos tradicionales. A pesar de este hecho, la propia dinámica de las “campañas” que Haes organizaba en su cátedra para pintar paisajes al natural llevaría a que muchos de sus alumnos practicasen el «auplein air/en plein air».

Aureliano de Beruete, Darío de Regoyos o Jaime Morera fueron plenairistas sin escuela pero de hecho. Además de los mencionados, otros alumnos de Haes viajaron a Francia y tuvieron la oportunidad de compaginar las enseñanzas de Haes con las propuestas más revolucionarias y rompedoras de miembros de la escuela de Barbizón y de personalidades del impresionismo comoClaude Monet, Camille Pisarro y Pierre-Auguste Renoir.

En sus pinturas, Haes se apoyaba en un contacto mucho más directo con la naturaleza, por sus frecuentes excursiones al aire libre para tomar apuntes y realizar bocetos de paisajes que le proporcionaron una perspectiva mucho más realista de como la concebían sus antecesores. Esto supuso una importante renovación del género del paisaje en España.

 Sobre la Marina de Juan Martínez Abades

A continuación trataremos sobre la temática representada. Conocida como “marina” o “pintura de marinas”, esta temática engloba cualquier forma de arte inspirada en el mar. En esta temática se incluyen representaciones a mar abierto, batallas navales, embarcaciones, lagos, ríos, estuarios, escenas de playa, etc.

Sin ser un género pictórico de primer orden tiene gran desarrollo en Europa entre los siglos XVII y XIX. En España es una temática frecuente.

En el cuadro que tenemos delante se puede destacar su luminosidad, característica de la época realista en la que se encuentra, comparando este aspecto con pintores como Mariano Fortuny (1838-1874), el propio Carlos de Haes mencionado, Martín Rico (1833-1908) o Aureliano de Beruete (1845-1912) o Joaquín Sorolla (1863-1923).

En la pintura se puede observar un paisaje captado desde un acantilado, en el que vemos dos formaciones rocosas más según alejamos la vista. Al fondo del todo se puede ver una línea de tierra. En primer plano vemos unas piedras, de tono más grisáceo, y alrededor algo de vegetación. Sobre el comienzo del segundo acantilado podemos apreciar lo que parece una muralla o una fortificación.

El mar, de un color azul oscuro en su mayor parte, presenta olas que, sin ser fuertes, se puede ver como golpean contra las rocas del acantilado, formando una espuma de color blanco a los pies de este. Al fondo, muy pequeño, se ve un barco. El cielo está despejado, con un toque anaranjado en algunas zonas.

Es claro el uso de la pincelada dividida en el agua por parte de Martínez Abades, lo que le da al reflejo del acantilado un gran efecto de realidad. Todas las características de la obra (horizontalidad, el tema, suavidad de los colores) la convierten en una pintura suave en la que casi se puede escuchar el sonido del mar.

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“Marina” de Martín Rico

"Marina" cuadro de Martín Rico

Cuadro de Martín Rico: “Marina”

En la obra atribuida a Martín Rico, pintor español, se pueden ver varias góndolas en la orilla de un canal de Venecia, amarrados a los pósteres típicos de la ciudad. En la calle que desemboca en el canal se pueden ver las figuras de varias personas.

Características de la pintura de Martín Rico

 

Pintor:

Atribuido a Martín Rico

Fecha/lugar creación:

Siglo XIX

Título pintura:

“Marina”

Material:

Óleo sobre tabla

Medidas:

30 x 23 cm

 

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Sobre el pintor Martín Rico

Martín Rico y Ortega nace en El Escorial el 12 de noviembre de 1833 y muere en Venecia el 13 de abril de 1908. El pintor español, al que se le considera como el iniciador del paisajismo moderno en España, se especializa a lo largo de su vida en la pintura paisajista siguiendo las influencias de la Escuela de Barbizon.

Su formación artística comienza junto a su hermano, el grabador Bernardo Rico, con el que colabora en el taller de su tío, Calixto Ortega Matamoros. Estudió en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, con los paisajistas Genaro Pérez Villaamil, Fernando Ferrant y Vicente Camarón.

Amistades de Martín Rico

Durante su etapa en el Liceo de Madrid mantiene amistad con Rosales, Fortuny y Raimundo de Madrazo. Posteriormente obtiene una beca que le permite seguir con su formación en París en 1862. En 1863 comenzó a trabajar en el taller de Meissonier y Daubigny, que conoció durante su beca.

Después viaja a Suiza y Gran Bretaña, además de viajar frecuentemente viajes a Venecia en compañía de su amigo Mariano Fortuny. En las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes obtiene tres medallasEn 1860 obtiene la tercera medalla por “Un país”; en 1864 y 1867 obtiene la segunda medalla. También manda sus lienzos a las Universales de París de 1878 y 1888, en las que es galardonado con tercera y segunda medalla.

Actualmente la mayoría de sus obras se encuentran en colecciones particulares extranjeras, debido a la estrecha relación comercial que mantiene con Adolphe Goupil, marchante de arte francés.

Como ilustrador colabora con La Ilustración Española y Americana, publicación de la que es director en 1895. Es comendador de la orden de Isabel la Católica y recibe la cruz de la Legión de Honor francesa. En 1907 se publica su libro de memorias “Recuerdos de mi vida”, dedicado al su amigo Aureliano de Beruete, paisajista al igual que él. El 13 de abril de 1908 fallece en Venecia.

Sobre el cuadro “Marina”

Sobre su cuadro “Marina” es creado durante su última etapa pictórica, la etapa de vistas venecianas. En Venecia realiza varias composiciones, siendo las más frecuentes las que acotan un fragmento de fachadas que dan al agua. En la imagen se pueden ver varias góndolas en un pequeño embarcadero con los pósteres típicos de la ciudad. Los reflejos del agua son de colores muy variados, recurso que utiliza Martín Rico con asiduidad. Las pinceladas divididas del agua, recurso de los pintores impresionistas, lo que le da gran atractivo junto a su luminosidad y soltura.

En el reflejo del agua se puede observar, a la izquierda, como predomina el color celeste debido a que una calle desemboca en el canal y el resto son fachadas. En la calle, al fondo, se ven personas y una gran cantidad de ventanas de madera con diferentes tonalidades.

En el suelo, bajo la fachada del edificio principal del cuadro, se ven colores lilas. En dicho edificio se pueden apreciar pinceladas más densas.

 

 

 

 

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“Niña comiendo” de Antonio Puga

Cuadro óleo niña comiendo de Antonio Puga

Cuadro de Antonio Puga: “Niña Comiendo”

Os presentamos este maravilloso cuadro del pintor gallego Antonio Puga en el que vemos a una niña comiendo de un cuenco con apariencia desaliñada. El estilo, los detalles, el juego de luces…hacen de este cuadro una descripción realista de la época y de la pintura del siglo XVII.

 

Características de la pintura de Antonio Puga

Pintor:

Atribuido a Antonio Puga

Fecha/lugar creación:

Siglo XVII

Título pintura:

Niña comiendo”

Material:

Óleo sobre lienzo

Medidas:

80 x 60 cm 

Otros datos:

 

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Sobre el pintor Antonio Puga

El pintor barroco español Antonio Puga nace en Orense (Galicia), convirtiéndose años más tarde en el primer artista importante de su tierra. Su reconocimiento ha sido posible tras una datación precisa de algunos aspectos de su vida y obra por parte de Maria Luisa Caturla, su principal biógrafa y estudiosa.

Durante su vida, Antonio Puga cultiva diversos géneros pictóricos, aunque la temática con la que alcanza la fama es con la costumbrista. Tras un inventario redactado a su muerte se puede ver que en vida fue un coleccionista de cuadros de artistas contemporáneos, dibujos, libros y armas.

Del artista no existen noticias hasta 1635, año en el que dicta en Madrid su primer testamento, donde declara que trabajó “Por orden y en casa de Eugenio Caxes”. En el Salón de Reinos del Palacio del Buen Retiro dos lienzos bélicos corresponden a Eugenio Cajés: “El marqués de Cadereita y su armada” (actualmente perdido) y la “Recuperación de Puerto Rico por Don Juan de Haro” (Museo Nacional del Prado, Madrid). En estos cuadros a Puga, tras cierto consenso entre los historiadores, se le ha atribuido el paisaje.

Del testamento se intuye que Puga era un pintor ya formado, pues había pintado un retrato del duque de Medina de las Torres para Luis Ramírez de Haro y se le había dado participación en la decoración del palacio. Este testamento también permite conocer su residencia, establecida en Madrid, donde trabaja de manera ocasional como oficial de Cajés. De este último se sospecha que podría haber sido su maestro, pero se le relaciona también con otros pintores,Fracisco Barrera y Mazo, con los que contrajo deudas.

En 1636 firma un San Jerónimo de pobre factura conservado en Inglaterra (Museo de Bowes en Barnard Castle, Durham), siendo una de las dos copias de un original riberesco. Esta es la única obra que se ha conservado que es segura de mano de Puga, siendo todo lo demás mera atribución.

El segundo testamento de Puga data de 1648, en vísperas de su muerte, y en el se relacionan algunas pinturas ecuestres que tenía sin terminar. En este testamento, además, se acredita la relación con Juan de Solís, pintor paisajista al igual que Puga. También en ese testamento se mencionan retratos en número importante que le serían como modelos para las copias efectuadas en el taller. De ahí se puede suponer que trabajó con cierta asiduidad para Felipe IV y otros miembros de la familia real, conde de Lemos y duque de Ariscote.

Del documento se desprende que durante su vida consiguió reunir un gran número de obras de otros artistas y una gran biblioteca de unos cien volúmenes. En el documento también se hace mención a tres oficiales que trabajaban para el por lo que todo apunta a que tenía un taller con gran volumen de trabajo.

Obras atribuidas a Puga

  • El afilador del Museo del Ermitage.
  • La taberna del Museo de Pontevedra.
  • La sopa de los pobres del Museo Cortés de Puerto Rico.
  • El aceitero del Museo Goya de Castres.
  • La madre del pintor, en el pasado estuvo en el Prado y atribuido a Velázquez, actualmente se encuentra en el Museo de Pontevedra.
  • El Soldado muerto de la National Gallery de Londres, en el pasado atribuido a Velázquez y actualmente considerado como anónimo napolitano.
  • El bebedor, propiedad de Caixanova.
  • Una Magadalena penitente, de sorprendente desnudo para ser obra de un artista español, llevaba en el reverso la inscripción “PVGA” invisible tras ser reentelada.

 

Sobre la pintura “Niña comiendo”

Hablemos ahora un poco de la pintura atribuida a Antonio Puga “Niña comiendo”. Sobre un fondo neutro oscuro aparece retratada una niña sentada que ocupa casi la totalidad del cuadro. Esta niña se encuentra comiendo de un cuenco de barro que sujeta con su mano izquierda de una forma que parece algo forzada; con su mano derecha se lleva la cuchara a la boca.

La niña en cuestión fija su mirada en el espectador, como protegiendo su comida. Su cabello es rubio y su nariz corta, todo propio de la edad. En el pelo lleva dos lazos rojos, de la misma tonalidad que sus labios y con sus mejillas, levemente sonrojadas. Hay que destacar del rostro la iluminación, con partes iluminadas y partes en sombra. Junto a los lazos se puede apreciar el brillo que proporciona Puga a los cabellos rubios de la niña.

Su manga derecha deja al descubierto la ropa interior blanca que viste la niña. Respecto a la indumentaria que lleva, viste ropajes de color marrón con gruesos pliegues en las mangas. Es posible apreciar como chorrea algo de caldo del cuenco.

Al igual que en el resto de obras atribuidas a Antonio Puga, la pintura se compone de tonos ocres. Además, no se aprecia ninguna referencia espacial y se muestra una temática costumbrista.

 

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“Coronación de la Virgen” de Francesco Solimena

Coronación de la Virgen de Francesco Solimena

Cuadro de Francesco Solimena: “Coronación de la Virgen”

Esta obra de arte de Francesco Solimena presenta un formato ovalado. En la pintura está representada la Virgen ascendiendo a los cielos sobre una gran nube. Alrededor de la nube, custodiándola, están dos ángeles y en la parte superior derecha tenemos a Dios Hijo coronado a la Virgen junto a Dios Padre. Ocupando el centro de la imagen, está el Espíritu Santo representado como una paloma, que representa es la Santísima Trinidad coronando a la Virgen María.

Características de la pintura de Francesco Solimena

Pintor:

Francesco Solimena

Fecha/lugar creación:

Siglo XVI

Título pintura:

Coronación de la Virgen”

Material:

Óleo sobre lienzo.

Medidas:

46 x 36 cm 

Otros datos:

 

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Sobre Francesco Solimena

Francesco Solimena es un pintor italiano que nace en Canale di Serino en 1657 y fallece en la localidad de Barra, Nápoles, en 1747. Durante sus primeros años se forma junto a su padre, hasta que en 1674 se traslada a Nápoles. Allí se sumerge en el rico ambiente pictórico local. Durante su breve estancia en el taller de De Maria se aproxima a las influencias barrocas más avanzadas: Cortona, Lanfranco, Preti o Giordano. De hecho, sus primeras obras ya muestran su gusto por la cultura barroca romana, así como a la reciente tradición pictórica napolitana.

Con posterioridad intenta crear una alternativa al lenguaje fantástico de Luca Giordano y Francesco Solimena se acerca al arte de Mattia Preti, más tenebroso, insistiendo en una mayor plasticidad. Aparecen entonces en sus obras los sombreados, que tanto han caracterizado a sus obras. En poco tiempo se convierte en un referente de la escuela napolitana y, más tarde, se ve influido por Maratta y su experiencia clasicista. Esto induce a Solimena a buscar una mayor intensidad en el dibujo de acentos académicos.

Francesco Solimena tiene obra en el Museo del Prado, Madrid. Sus pinturas llegan a España desde sus inicios, y la presencia de Carlos de Borbón en Nápoles refuerza las relaciones entre Solimena y la corte de Isabel de Farnesio.

Sobre la pintura “Coronación de la Virgen”

Esta pintura de Solimena presenta un formato ovalado, muy repetido durante la Edad Moderna a la hora de representar a la Virgen. Compositivamente se puede comparar con la Coronación de la Virgen del Greco y de Velázquez, ambas conservadas en el Museo del Prado, Madrid.

En la pintura está representada la Virgen, con la media luna a los pies marcando una diagonal a su izquierda. Viste con los colores tradicionales: túnica jacinto, manto azul y tocado ocre. La Virgen está ascendiendo a los cielos sobre una gran nube, que destaca por su blanco más intenso. Junta sus dedos corazón con suma delicadeza mientras inclina el rostro hacia la derecha.

Alrededor de la nube, custodiándola, están dos ángeles; uno lleva lirios blancos, símbolo de pureza; y otro porta un espejo, que hace referencia a la cuarta letanía de la Virgen, dedicada a su ejemplaridad, cuando se recoge el símbolo de espejo de justicia.

En la parte superior derecha tenemos a Dios Hijo, desnudo de cintura para arriba y dejando ver parte de su pierna derecha, porta una cruz escuadrada. Corona a la Virgen junto a Dios Padre en la parte superior contraria, coronado por el mimbo triangular que le identifica. Éste está apoyado sobre la bola del mundo, la cual está sostenida por un ángel.

En la parte superior, ocupando el centro de la imagen, está  el Espíritu Santo representado como una paloma, por lo que se puede decir que lo que representa es la Santísima Trinidad coronando a la Virgen María, como reina de todo lo creado.

Pese a la presencia de las nubes, se puede apreciar que el fondo inferior de la imagen es azul, y donde está la Santísima Trinidad es dorado, color de la divinidad, ya que la Virgen está subiendo al cielo.

Destacan, como era típico en las pinturas de Francesco Solimena, los claroscuros: en los ángeles, el cuerpo de Cristo, en el rostro de la Virgen, en las carnaciones en los paños… El detalle con el que pinta los paños es de gran calidad y variedad de colores: amarillo y rojo en los ángeles y verdes en Dios Padre e Hijo. Hay un especial trabajo y claroscuro en los paños de María.

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“Diosa Flora” de Gérard de Lairesse

Cuadro de Gérard de Lairesse: “Diosa Flora”

El artista nos ofrece un paisaje en medio de la naturaleza, donde se ven árboles, ramas, nubes y celaje, todo ello en un tono verdoso. En el centro de la obra aparece Flora, sentada y girada hacia la izquierda, hacia el espectador. Su cabeza está cubierta por hojas. Cubre su pecho, dejando ver los hombros, brazos y la zona alrededor de sus senos.

Características de la pintura de Gérard de Lairesse

Pintor:

Gérard de Lairesse

Fecha/lugar creación:

Siglo XVII

Título pintura:

Diosa Flora

Material:

Óleo sobre lienzo.

Medidas:

78 x 114 cm sin marco | 96 x 130 cm con marco

Otros datos:

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Sobre el pintor Gérard de Lairesse

Gérard de Lairesse nace en Lieja (Bélgica) en 1941 y fallece en la Haya (Países Bajos) en 1711. Fue un pintor y teórico holandés de estilo clasicista, el último maestro relevante del Barroco en Bélgica. Su padre, Renier Lairesse, también fue artista aunque de menor relevancia.

Se especializa en plasmar en temas mitológicos e históricos de la Antigüedad, dentro de un gusto más bien académico, decorativo y de belleza idealizada, con influencias francesas e italianas. Gérard de Lairesse fue el artista holandés más renombrado de la segunda mitad del siglo XVII pero, actualmente, es más célebre por el retrato que le hizo Rembrandt que por sus propias obras.

Sobre su vida personal, Gérard de Lairesse padecía sífilis congénita, pese a ello vivió hasta los 70 años. De joven huyó de Lieja por peripecias amorosas. Lairesse fue un artista polifacético y de gran cultura. Sus escritos tuvieron influencia en el siglo XVIII. Además, se interesó por la música y el teatro.

Como mencionábamos anteriormente, su padre también era artista por lo que se forma junto a él y con Bertholet Flemalle, pero en 1664 se ve obligado a huir de Lieja tras una tormentosa relación amorosa. Después de esto decide instalarse en Utrecht donde es descubierto por el marchante de arte Gerrit van Uylenburgh. Debido a esto último se muda a Ámsterdam en 1667. En está época, con unos 26 años, posa para un famoso retrato de Rembrandt (New York, Metropolitan Museum), donde aparece con aspecto enfermizo y demacrado, provocado por la sífilis congénita que padecía.

La mayoría de pinturas que Gérard de Lairesse produce son de gran formato para edificios públicos y mansiones, tanto cuadros como plafones para techo, recreando la pintura al fresco. Los temas más recurrentes del artista son mitologías y alegorías, aunque también toca los bíblicos pero dentro de la misma estética artificiosa y monumental. Su estilo conecta con artistas italianos y franceses, como Poussin y Pierre Mignard. De hecho, fue apodado “el Poussin holandés” y se le llega a ser comparado con Rafael Sanzio.

De sus obras destacan:

  • Aquiles descubierto entre las mujeres (Mauritshuis de La Haya).
  • Alegoría de los cinco sentidos, de 1668 (Glasgow, Museo Kelvingrove).
  • Alegoría de la libertad del Comercio (La Haya, Palacio de la Paz).
  • Venus presentando las armas a Enea (Amberes, Museo Mayer van der Bergh).
  • Hermes y Calypso (Museo de Arte de Cleveland).
  • El banquete de Cleopatra (Rijksmuseum de Ámsterdam).

Lairesse fue más hábil con el dibujo que con el color: introdujo tonos metálicos mediante pinceladas pulidas, lo que creo contrastes un tanto duros. También hay que nombrar su labor como grabador. Se pueden citar aguafuertes como: La reina Semíramis cazando leones y El sacrificio de Ifigenia (1667), entre otros. Muchos de ellos están incluidos en el libro Opus Elegantissimum, editado por Gerard Valck. Dicha  recopilación reúne tanto grabados originales de Lairesse como otros basados en sus diseños. Además, el artista diseñó decorados teatrales y aportó ilustraciones para escritos sobre anatomía. El museo Británico de Londres posee algunos grabados de Gérard de Lairesse.

En 1690 Lairesse queda ciego, por lo que desde ese momento se dedica a la teoría artística. Sus escritos son recopilados en los libros Fundación del dibujo (1701) y El gran libro de la pintura (1707). En 1711 fallece en La Haya, donde vivía desde 1684.

 

Sobre el cuadro “Diosa Flora”

Flora era diosa de la flores, los jardines y la primavera en la mitología romana. En la mitología griega su equivalente es Cloris.

Su figura estaba entre varias diosas de la fertilidad. Su asociación con la primavera le otorgaba una particular importante en dicha época del año. La Floralia, su festividad, se celebraba en abril o mayo y simbolizaba la renovación del ciclo de la vida. Esta festividad estaba marcada por los bailes, bebidas y flores.

Flora era una mujer exuberante, adornada con flores en el pelo y el vestido. Se dedicaba a regalar miel a los hombres. Se casó con Céfiro, Dios del Viento, quien se enamoró de ella y la raptó.

El artista nos ofrece un paisaje en medio de la naturaleza, donde se ven árboles, ramas, nubes y celaje, todo ello en un tono verdoso. En el centro de la obra aparece Flora, sentada y girada hacia la izquierda, hacia el espectador. Su cabeza está cubierta por hojas. Cubre su pecho, dejando ver los hombros, brazos y la zona alrededor de sus senos.

Delante de la diosa hay abundantes flores de distintos y variados colores: rojos, rosas, amarillos… A su izquierda, de pie, un putto le ofrece una cesta de mimbre con más flores mientras sonríe. A su espalda, dos putti juegan con ramas. Uno de ellos, el más rubio de los tres, se encuentra desnudo y sentado sobre una tela blanca.

Los tonos verdes son predominantes en esta obra de Gérard de Lairesse. Aparecen en los árboles del fondo, ramas, hojas e incluso en la ropa de la diosa Flora. Las pieles son blancas con matices sonrojados, como en las mejillas de las figuras, las orejas o los pies. Hay que destacar el detalle con el que están tratados los elementos de la naturaleza muerta, tradición de la pintura holandesa por el bodegón.

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Reloj de sobremesa. Francia, siglo XIX.

Reloj de sobremesa del siglo XIX

Se trata de un reloj de sobremesa, de bronce dorado, dornado con un conjunto escultórico superior y un relieve en la base. Data del siglo XIX, en Francia. La pieza incluye la figura de una mujer, la diosa Ceres, montada en un arado que es arrastrado por dos vacas. La esfera del reloj está completamente integrada en la pieza, siendo una de las ruedas del arado.

Características de la pieza

Fecha/lugar creación:

 Siglo XIX, Francia

Pieza:

Reloj de sobremesa

Material:

Bronce dorado al mercurio

Medidas:

 43 x 46 x 13 cm

Otros datos:

Maquinaria París con péndulo
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Sobre la pieza

La pieza, de origen francés, es un reloj de sobremesa del siglo XIX. Está realizada completamente en bronce dorado y adornado con un conjunto escultórico superior y un relieve en la base.

La estructura de la pieza está inspirada por el periodo del segundo Imperio, manteniéndose así la estructura arquitectónica monolítica, con volúmenes rotundos y aristas vivas.

La estructura descansa sobre seis pequeñas patas, que se compone de una base ornamentada con relieves que se asemejan a la cestería y al trigo.

 

 

Dicha ornamentación está complementada con la escultura en bulto redondo que se establece sobre la base.

La escultura representa a una diosa sentada en un arado, dominándolo. El autor integra la esfera del reloj como si fuese una rueda más del arado, creando un conjunto escultórico funcional e integrado.

 

 

Respecto a qué diosa es la representada se puede ver que la mujer está dominando un arado tirado por vacas y rodeado de trigo, por lo que representa a la diosa Ceres: diosa de la agricultura, las cosechas y la fecundidad. Ceres es el equivalente en la mitología griega a la diosa Deméter.

 

 

 

 

Ceres era hija de Saturno y Ops, madre de Proserpina, hermana de Juno, Vesta, Neptuno, Plutón y Júpiter.

En la tierra enseñó a los hombres el arte de cultivar, de sembrar, de recoger el trigo y de elaborar pan, lo que provocó que fuese considerada la diosa de la agricultura.

A su cargo, Ceres, tenía doce dioses menores que la ayudaban y estaban a cargo  de la agricultura.

 

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