“San Isidro Labrador” Escuela española siglo XVII

Vitela San Isidro Labadror del siglo XVII con ángeles

Características cuadro “San Isidro Labrador” de la Escuela española siglo XVII

Pintor:

Escuela española

Fecha/lugar creación:

S.XVII

Título pintura:

“San Isidro Labadror”

Material:

Vitela

Medidas:

15cm x 11cm

Otros datos:

Sobre el cuadro “San Isidro Labrador” de la Escuela española siglo XVII

Nos encontramos ante una pintura en vitela, que es un tipo de pergamino de superficie particularmente pulida, caracterizado por combinar delgadez y durabilidad, y fabricado a partir de la piel de becerros nacidos muertos o recién nacidos. Suele estar muy pulida para permitir pintar en ella.

San Isidro Labrador (Madrid, c. 1082 -ibídem, 30 de noviembre de 1172)​ nacido en el Mayrit musulmán, fue un labrador mozárabe que estuvo posiblemente al servicio de la familia Vargas y de otros tantos señores terratenientes como Francisco Vera. Su trabajo como jornalero más mencionado por los biógrafos es a cargo de Juan de Vargas, y se realizó principalmente en el área de Madrid y alrededores. Se conocen algunos detalles de su vida por las alabanzas que indica un códice encontrado en la Iglesia de San Andrés en 1504 (denominado como Códice de San Isidro y escrito a finales del siglo XII) y donde se denomina Ysidorus Agricola.

En este documento se menciona que está casado, con un hijo y proporciona referencia de solo cinco milagros, siendo los demás añadidos posteriormente procedentes de la tradición oral durante su proceso de beatificación por varios hagiógrafos. Pese a que aún no estuviese santificado, los madrileños le rendían un culto desde el siglo XII que iba incrementándose rápidamente en siglos posteriores. Por ello, las autoridades eclesiásticas, municipales, la aristocracia madrileña y la corona real española lideraron su proceso de canonización en el siglo XVI.

Entre los estudiosos de su vida se encuentran: Alonso de Villegas,​ Jaume Bleda,​ Jerónimo de la Quintana, López de Hoyos, Juan de Ferreras y el mismo poeta madrileño Lope de Vega en un poema hagiográfico titulado Isidro (Madrid, 1599).​ La narración de los milagros puede diferir unos de otros, y se encuentra influenciada por la tradición oral popular.

San Isidro es el primer laico casado llevado a los altares tras un proceso de canonización instruido por la Congregación de Ritos. Los promotores de esta canonización fueron varios personajes del siglo XVI, incluida la familia Vargas y la casa real de los Austrias. El 14 de marzo del año 1622 fue finalmente canonizado por el papa Gregorio XV, y en 1960 el papa Juan XXIII le declara mediante bula como santo patrón de los agricultores españoles. Su cuerpo es empleado en procesiones del siglo XV para hacer rogativas por la lluvia en Madrid, su popularidad se extiende posteriormente. Isidro labrador fue un santo zahorí, pocero, traumatúrgico y hacedor de lluvias. Hombre sencillo y bienhechor de los pobres empezó a ser venerado por el pueblo de Madrid unos cuarenta años después de su fallecimiento.

La canonización llevó a una labor de asiento documental de parte de las dudas existentes sobre la vida de San Isidro, e institucionalizó una gran porción de la tradición oral de siglos anteriores.​ Fray Domingo de Mendoza, comisario nombrado por Felipe II para la canonización, se sospecha tuvo inventiva a la hora de reconstruir la biografía del Santo que ha llegado hasta nuestros días.​ Se menciona en el códice que Isidro Labrador estaba casado y tenía un hijo. La tradición popular, y algunos autores, fija el lugar donde conoció a su esposa en la localidad de Torrelaguna. Los patronazgos que representa en diversas ciudades del mundo, así como las festividades que se celebran su el día 15 de mayo, por ser el día en el que parece ser que su cuerpo incorrupto se trasladó a la Iglesia de San Andrés.​ Los restos del santo residen en el altar mayor de la Colegiata de San Isidro en un arca mortuoria, estando custodiado junto con las reliquias de Santa María de la Cabeza por la Real, muy Ilustre y Primitiva Congregación de San Isidro de Naturales de Madrid. Es patrón de varias localidades de España y de México.

Detalles de la vitela de San Isidro Labrador

La iconografía se centra, dependiendo de la época y del artista, en algunos de los milagros de Isidro. Las primeras imágenes del Santo le muestran vestido con un traje de campesino, portando un azadón en la mano derecha. El tipo de ropaje depende de la época en la que se represente, soliendo portar alguno de los utensilios agrícolas como una pala, azada, hoz, aguijada, mayal, arado. A veces con bueyes conducidos por ángeles haciendo rememoración a uno de los milagros. Es frecuente igualmente las expresiones plásticas y las manifestaciones artísticas que le representan realizando milagros. ​Desde el siglo XVII (tras su canonización en 1697) es frecuente encontrarlo representado en compañía de su esposa: Santa María de la Cabeza. Ella suele portar un jarrón de agua, a veces otro apero diferente de San Isidro.

En esta representación, encontramos al santo arrodillado en un paisaje montañoso que muestra lejanía, con vara y sombrero en el suelo, manos juntas en actitud de oración y mirada al cielo con pliegues marcados en la frente y raya al medio, ante la escena que presencia: dos ángeles sostienen una iglesia, en la que se ven arcadas y una torre, con cubierta a dos aguas y sillares bien delimitados. Sobre esta se sienta la Virgen, vestida con los colores tradicionales azul y rosa que tiene al Niño en su regazo, éste está desnudo y porta una bola del mundo coronada con la cruz. En ambas figuras, cada una con la cabeza en dirección al exterior, hay un resplandor dorado tras ellas, reflejo de la divinidad, y quedan enmarcadas con unas nubes que rodean la iglesia y se cortan por arriba de la composición. Son unas nubes negras que contrastan con el celeste del cielo, donde vemos rostros de querubes a ambos lados.

Destacamos las tonalidades celestes que predominan en la obra junto a los grises y los naranjas del santo y ángeles. Un detalle anecdótico es la representación de las sandalias de los ángeles. Vemos cierta ingenuidad en los rostros que miran hacia arriba, lo que le da cierto encanto y cercanía a esta pintura que tiene un fin devocional.

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“San José con el Niño” atribuido a Lorente Germán

Características cuadro “San José con el Niño” atribuido a Lorente Germán

Pintor:

Bernardo Lorente Germán. Después de Murillo, Bartolomé Esteban (Sevilla, 1617 – Cádiz, 1682).

Fecha/lugar creación:

S.XVII

Título pintura:

“San José con el Niño”

Material:

Óleo sobre lienzo.

Medidas:

106,5 x 82,5 cm; 119,5 x 95,5 cm (marco).

Otros datos:

Marco antiguo.

Sobre el cuadro “San José con el Niño” atribuido a Lorente Germán

Esta pintura es una copia del lienzo actualmente conservado en el Museo Lázaro Galdiano de Madrid, obra del taller de Murillo.

En la obra se muestra a San José, identificado por la vara florida, sentado con el Niño en su regazo, en una escena familiar llena de ternura típica del maestro sevillano. Hasta la Contrarreforma, lo más común era que la figura de San José permaneciera en un segundo plano, dado que no se le otorgaba ninguna importancia teológica. Sin embargo, a partir de Trento se recuperará su papel protagonista como protector de Jesús durante su infancia, como guía durante sus años de juventud, y como tal se representa aquí.

Frente a la ternura, indefensión y candidez de la figura infantil, San José se presenta como un personaje monumental, típicamente barroco, impresión que queda reforzada por la composición piramidal. Mediante esta forma de representación, el autor realza visualmente el papel decisivo como protector del padre putativo de Jesús.

Formalmente la obra se enmarca plenamente en el barroco naturalista, con una composición sencilla y claramente comprensible, sin detalles anecdóticos que desvíen la atención. José y el Niño aparecen en primer plano, ocupando la mayor parte de la superficie pictórica, sobre un fondo neutro y oscuro. Quedan además fuertemente iluminados por la luz tenebrista propia de esta escuela naturalista, una luz de foco, artificial y dirigida, que incide directamente en el rostro y las carnaciones de los personajes dejando el resto en penumbra, creando sutiles sombras y expresivos juegos de claroscuro que modelan los volúmenes y refuerzan la ilusión de tridimensionalidad tan buscada en el periodo barroco.

Asimismo, el cromatismo es el propio del barroco naturalista, una paleta centrada en las tonalidades terrosas y carmines, con toques blancos que iluminan el conjunto sin estridencias. Se trata de un cromatismo muy diferente al del contemporáneo barroco clasicista, que utiliza grandes campos de colores clásicos, delicadamente equilibrados. En cambio, los naturalistas utilizan colores cálidos que reflejan la luz y convierten la escena representada en una imagen más cercana al fiel, buscando su identificación con las figuras o hechos narrados.

Bernardo Lorente Germán inició su formación de la mano de su padre, también pintor, y a continuación estudió con Cristóbal López. Terminado su aprendizaje aventajó tanto a sus maestros y llegó a ser tan reconocido que, cuando viajó a Madrid, le fue encargado un retrato del infante Don Felipe. Dicha obra tuvo tan buena acogida que la reina Isabel de Farnesio le regaló como muestra de agradecimiento una serie de estampas del pintor francés Charles Le Brun.

Se le propuso entonces ser pintor del rey pero Lorente rechazó el cargo por no querer ausentarse de Sevilla. Fue nombrado individuo de mérito por la Real Academia de San Fernando en 1756. En Sevilla fue conocido como “el pintor de las Pastoras”, dado que pintó numerosas veces el tema de la Divina Pastora.

Fue también el principal retratista de la aristocracia hispalense, con obras que evidencian el gusto francés imperante entonces, que conviven con otras claramente deudoras de Murillo, cuyas formas algodonosas y colores pastel, por otra parte bellísimos, acordaban a la perfección con el asunto del que Ceán Bermúdez hace creador a Lorente Germán, el de la Divina Pastora.

Sus obras más conocidas se conservan en la cartuja de Jerez de la Frontera, y están repartidas por numerosas iglesias de Úbeda y Baeza, así como en la catedral de Jaén, en el Museo del Louvre en París y en el de Bellas Artes de Sevilla. También realizó bodegones y escenas de género, y llegó a ser un consumado maestro del género del trampantojo.

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Retrato María Luisa de Orleans , Escuela colonial de finales del siglo XVII

María Luisa de Orleans, escuela colonial

Características cuadro “María Luisa de Orleans” Escuela colonial de finales del siglo XVII

Pintor:

Escuela colonial de finales del siglo XVII

Fecha/lugar creación:

s.XVII

Título pintura:

“María Luisa de Orleans”

Material:

Óleo sobre lienzo.

Medidas:

138 x 98 cm.

Otros datos:

Sobre el cuadro María Luisa de Orleans de la Escuela Colonial de finales del siglo XVII

¿Quién fue María Luisa de Orleans?

María Luisa de Orleans (París, 1662-Madrid, 1689). Reina de España. Primogénita de Felipe de Orleans, hermano de Luis XIV de Francia. Se casó con Carlos II (1679). No logró dar el sucesor deseado por la corte. Siempre mantuvo malas relaciones con su suegra, Mariana de Austria. Su abuela paterna, Ana de Austria, la nombró heredera de la mayor parte de su fortuna.

Su muerte fue repentina, tras dar un paseo a caballo comenzó a sentir un intenso dolor en el vientre y al anochecer falleció. Algunas hipótesis apuntan al envenenamiento, pero lo más acertado parece ser que muriera por apendicitis, en esa época era una infección mortal hasta que siglos más tarde apareciera la anestesia y cirugía.

Detalles sobre el retrato de María Luisa de Orleans realizado por la Escuela Colonial a finales del siglo XVII

Estamos ante un retrato colonial de María Luisa de Orleans que parece inspirarse en los retratos de Claudio Coello, pintor español, destacado representante del pleno barroco madrileño, pintor del rey Carlos II.

Sobre un fondo neutro y un cortina verde donde se adivina el borlón aparece el personaje, casi de cuerpo entero, girado un poco hacia su izquierda y girando levemente la cabeza hacia el otro buscando al espectador. Se muestra ricamente vestida y enjoyada por su condición, sosteniendo un abanico cerrado con la mano izquierda cogiendo con gran delicadeza un pañuelo. Lleva vestido rojo brocado con guardainfantes y corsé, quedando los hombros al descubierto.

El rostro, de piel blanquecina y mejillas sonrosadas es alargado, con marcado mentón, labios cerrados, larga nariz, atentos ojos y cejas prominentes y arqueadas. Dos tirabuzones le caen por delante.

Destacan los adornos como el que tiene en el cabello o los pendientes que cuelgan. De gran virtuosismo resulta el empleo de las gamas de blanco en las anchas mangas y pañuelo, resuelto de manera efectista a grandes pinceladas, contrastando con la minuciosidad del resto de la obra. Un retrato que sigue inmerso en la tendencia barroca, entre otras cosas por el empleo del cortinaje y la oscuridad del fondo que resalta la luminosa figura de María Luisa de Orleans.

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Marina – Escuela inglesa del siglo XIX

cuadro Marina Escuela inglesa del siglo xix

Características cuadro “Marina” Escuela inglesa del siglo XIX

Pintor:

Escuela inglesa del siglo XIX.

Fecha/lugar creación:

S.XIX

Título pintura:

“Marina”

Material:

Óleo sobre lienzo.

Medidas:

120 x 100 cm.

Otros datos:

Sobre el cuadro Marina de la Escuela Inglesa del siglo XIX

¿Qué es una marina?

Se conoce como marina o pintura de marinas, a cualquier forma de arte figurativo cuya inspiración principal es el mar.​ Además de las representaciones a mar abierto, de batallas navales o de tipos de embarcaciones, pueden incluirse en este género las estampas de lagos, ríos y estuarios, escenas de playa, etc.

Aunque no es un género pictórico de primer orden (según cánones jerárquicos academicistas de origen francés), tuvo un especial desarrollo en Europa entre los siglos XVII y XIX.

En el XIX, mientras Antoine Roux y sus descendientes seguían cultivando el retrato minucioso de los más bellos navíos, artistas con más nervio, como Théodore Gericault o más genio, como Turner, recogieron la antorcha del mar como espacio bélico, pero desde una nueva estética (algo así como “acerquemos la cámara” y “quememos la maqueta”).

En el otro extremo, la postura más filosófica, casi mística, del romanticismo alemán, daba como fruto en su historia de la pintura una original colección de marinas que mezclaban experiencias científicas de sabios viajeros con introspecciones de poetas nacionales. Los ejemplos más conocidos se encuentran en la obra de Caspar David Friedrich: Monje junto al mar (hacia 1808), En el velero (1819) o Acantilados blancos en Rügen (1818).

En este siglo XIX, una serie de factores revolucionaron la pintura de marinas: la explosión y “popularización” de la pintura de paisaje en el mercado burgués, las propuestas vanguardistas de pintar del natural al aire libre (“plenair”) y la creación y comercialización de la pintura de tubo (que permitía transportar los colores ya hechos, sin necesidad de tener que mezclar los pigmentos). Paseos marítimos, costas, ensenadas, playas, puertos y canales se llenan de “pintores de caballete”, que inmortalizan panoramas, encuadres, perspectivas, instantes de luz o anécdotas, con el mar como protagonista principal o de fondo. El resultado final se materializará en una serie de subgéneros que recibirán los títulos de “marinas impresionistas”, “el realismo en la pintura de marinas”, “marina y naturalismo”, “luministas del mar”, etc.

Las tradicionales marinas holandesas o inglesas dejarán paso a una horda de artistas protagonistas de la última gran revolución de la marina. Un bello cataclismo pictórico con carácter universal.

Tenemos frente a nosotros una marina típica romántica. Sobre un mar embravecido se haya la gran embarcación que es el motivo principal de la obra. Esta se haya algo doblada, como se aprecia sobre todo en sus velas, en el que se recortan varias figuras. En primer término vemos una barca pequeña que bien o sale, o llega del mar.

Decimos esto, ya que hay un personaje subiéndose o bajándose y a que podemos ver un poste en primer término, y al fondo un faro. El cielo que es una parte importante de la obra es celeste, blanco, anaranjado y dorado. Incluso en el agua encontramos claroscuros, y toques naranjas, resaltando el fondo blanquecino de la parte superior.

La obra rebosa romanticismo por su pincelada suelta, menos dibujística que en momentos anteriores, su agitada composición, su luz dorada y por el culto a la naturaleza en su estado más salvaje, a lo sublime, en definitiva, a dejarse llevar por los sentimientos que provoca.

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“Retrato femenino” de Escuela Francesa

“Retrato femenino” de Escuela Francesa

Características cuadro “Retrato femenino” de Escuela Francesa

Pintor:

Escuela francesa.

Fecha/lugar creación:

S.XVIII

Título pintura:

“Retrato femenino”

Material:

Óleo sobre lienzo. Reentelado.

Medidas:

62 x 51 cm; 76 x 66 cm (marco).

Otros datos:

Presenta restauraciones.

Sobre el cuadro Retrato femenino

Retrato de carácter ovalado en el que se representa en primer plano, ocupando casi la totalidad de la superficie. Aun así solo se parecía el busto de la mujer, la cual porta una corona de laurel y un manto que destaca por el azul intenso y los soles dorados que estampan la tela.

Es esta ornamentación, la que asocia a la retratada con una estética de carácter antigua, simulando o aludiendo a la antigua Roma. El tema mitológico en el retrato, en el cual las damas de la clase alta se retrataban como diosas, fue uno de los más recurrentes del siglo XVIII, y más especialmente en la primera mitad de la centuria dentro de la escuela francesa, como bien demuestra el gran número de retratos femeninos de autores como Jean Marc Nattier o Jean Ranc, y también del propio Nicolas de Largillière.

Como consecuencia de las nuevas estructuras sociales que se implantaron en el mundo occidental a lo largo de esta centuria, encarnando la expresión máxima de la transformación del gusto y la mentalidad de la nueva clientela, surgida entre la nobleza y la alta burguesía adinerada, que tomaría las riendas de la historia en este periodo.

Mientras los círculos oficiales dieron preponderancia a otros géneros artísticos, como la pintura de historia, y el incipiente coleccionismo alentó la profusión de los cuadros de costumbres, el retrato acaparó la demanda de pintura destinada al ámbito más privado, como reflejo del valor de lo individual en la nueva sociedad.

Este género encarna la presencia permanente de la imagen de sus protagonistas, para su disfrute reservado en la intimidad de un estudio, al calor cotidiano de un gabinete familiar o presidiendo los salones principales de la casa.

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“Judith con la cabeza de Holofernes” – Escuela Española

Judith con la cabeza de Holofernes

Cuadro de Escuela Española – “Judith con la cabeza de Holofernes”

Características cuadro “Judith con la cabeza de Holofernes”

Pintor:

Escuela española.

Fecha/lugar creación:

Siglo XVII.

Título pintura:

“Judith con la cabeza de Holofernes”

Material:

Óleo sobre lienzo. Reentelado.

Medidas:

Medidas: 149 x 112 cm.

Otros datos:

Presenta restauraciones y repintes.

 

Sobre la obra Judith con la cabeza de Holofernes

La obra muestra un fondo oscuro, en marcado contraste con los focos de luz que generan las carnaciones de los personajes. De entre los cuales destaca la de la protagonista, siguiendo así una tradición de carácter habitual en el barroco y en el desarrollo de la corriente tenebrista del siglo XVII.

En la escena se puede observar a una joven situada en el centro de la composición, ricamente vestida. Esta aparece sosteniendo una espada en alto con su mano derecha, y con la otra mano sosteniendo la cabeza cortada de un hombre barbado. A su lado y en penumbra, una mujer más mayor aparece ayudándola, vestida de manera más humilde. Unas colgaduras en la parte superior izquierda sitúan la escena en una tienda, lo cual se estable por la narración del relato bíblico que describe la historia de Judith y Holofernes.

Esta describe en el libro bíblico de Judith, perteneciente al Antiguo Testamento, la historia de esta viuda hebrea, en plena guerra de Israel contra el ejército babilónico, erróneamente denominado asirio. De bellas facciones, alta educación y enorme piedad, celo religioso y pasión patriótica, Judith descubre que el general invasor, Holofernes, se ha prendado de ella.

Acompañada de su criada, la viuda desciende de su ciudad amurallada y sitiada por el ejército extranjero y, engañando al militar para hacerle creer que está enamorada de él, consigue ingresar a su tienda de campaña.

Una vez allí, en lugar de ceder a sus reclamos galantes, lo embriaga. Cuando Holofernes cae dormido, Judith le corta la cabeza, sembrando la confusión en el ejército de Babilonia y obteniendo de este modo la victoria para Israel. Se trata de un tema frecuente en la historia del arte a partir del barroco, principalmente.

Si bien en época barroca se buscó expresamente el dramatismo y la plasmación cruenta de la historia, y de ahí que se escogiera generalmente el momento de la decapitación, en época neoclásica se prefiere una estética más atemperada y épica, tal y como aquí vemos.

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“Lesbie” cuadro de Louis Hector Leroux

Lesbie cuadro LOUIS HECTOR LEROUX

Cuadro de Le Rourx – Lesbie

Características cuadro Luis Hectort Le Roux “Lesbie”

Pintor:

Luis Hector Le Roux

Fecha/lugar creación:

S.XIX

Título pintura:

“Lesbie”

Material:

Óleo sobre lienzo.

Medidas:

176 x 101 cm; 202 x 131 cm (marco).

Otros datos:

Presenta un parche al dorso. Firmado en el ángulo derecho “Hector Leroux”.

 

Sobre el pintor Le Roux

En esta escena el autor representa a una mujer de pie, que tapa su rostro con las manos. Adoptando una actitud de dolor, provocada por la muerte del gorrión que se encuentra en la zona inferior izquierda del lienzo. Debido a la iconografía, y al nombre que aparece en la esquina superior izquierda, la escena representa el poema que Catulo le dedicó a su amante Clodia. Bautizada en la ficción como Lesbie, debido a la pasión que tanto Catulo como ella compartían por la poeta de Lesbos, Safo. Esta llora desconsolada por la muerte del pajarito. Lo cual ha sido interpretado como una metáfora de la relación del poeta Catulo, con Clodia. 

Como entrenador de pelucas, trabajó brevemente en esa profesión en su lugar de nacimiento al mismo tiempo que tomaba un curso de dibujo en la escuela de arte de la ciudad y ganó todos sus premios de arte. Estos premios le valieron a Leroux una pequeña beca para ir a París a estudiar más, y entró en la École nationale supérieure des Beaux-Arts en 1849.

Estudió en el estudio de François-Édouard Picot, produciendo copias de ilustraciones y obras de museo para complementar su obra. ingresos. Ganó el segundo premio en el Premio de Roma en 1857, permaneciendo en Roma desde entonces hasta 1874. Poco después de su llegada a Roma, el estado francés le encargó que produjera una copia pintada del Amor Sagrado y Profano de Tiziano, mientras que más tarde también produjo copias.Para la manufactura de los gobelinos.

Viajó desde Roma al resto de Italia, a Grecia, Asia Menor, Turquía y Egipto, haciendo viajes de vuelta ocasionales a París.

A partir de 1863, pintó casi exclusivamente temas clásicos, junto con temas históricos o bíblicos ocasionales. Su hija Laura Leroux también fue pintora.

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“Retrato de caballero” cuadro de Phillipe Champaigne

Cuadro “Retrato de caballero” de Champaigne

Características pintura de Phillipe Champaigne “Retrato de caballero”

Pintor:

Phillipe Champaigne

Fecha/lugar creación:

Francia, S. XVII

Título pintura:

“Retrato de caballero”

Material:

Óleo sobre lienzo pegado a tabla.

Medidas:

41,5 x 33,5 cm; 60 x 52 cm (marco)

Otros datos:

 

Sobre el pintor Champaigne

En esta obra el autor retrato a un caballero, en primer plano sobre un fondo neutro. Monumentalizando así el busto. La obra destaca por la sobriedad, tanto en la ornamentación que acompaña al retratado, como en su vestimenta y gesto.

Es esta atmosfera la que invita al espectador a prestar atención al rostro, sus facciones y a aquello que quiere trasmitir. Por lo que se intuye, que la intención del autor se fundamenta en la captación del carácter y la psicología del personaje.

Phillipe Champaigne fue un pintor de la época del barroco francés nacido en Brabançon, uno de los mayores exponentes de la escuela francesa. Fue miembro fundador de la Académie de peinture y de sculpture en París, la principal institución de arte de Francia en el siglo XVIII. Champaigne produjo una gran cantidad de pinturas, principalmente obras religiosas y retratos.

Influido por Rubens al principio de su carrera, su estilo se volvió más austero. Phillippe de Champaigne sigue siendo un pintor excepcional gracias al brillo de los colores en sus pinturas y la fuerza severa de sus composiciones.

Representó a toda la corte francesa, a la alta nobleza francesa, a la realeza, a los altos miembros de la iglesia y al estado, a los parlamentarios y arquitectos, y a otras personas notables. Su retrato del poeta Vincent Voiture se creó alrededor de 1649 como el frontispicio de las obras publicadas de Voiture (publicadas póstumamente en 1650). El retrato es muy inusual, ya que Champaigne lo modificó más tarde como un retrato de una figura religiosa, San Luis (Rey Luis IX), para permitir que la hija de Voiture la acompañara cuando ingresara en un convento. Al representar sus rostros, se negó a mostrar una expresión transitoria, en lugar de capturar la esencia psicológica de la persona.

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Dama Egipica pintura de Carl Nys

Dama Egipcia - Carl Nys

Cuadro Dama Egipcia de Carl Nys

Características pintura de Carl Nys – Dama Egipcia

Pintor:

Carl Nys

Fecha/lugar creación:

S. XX

Título pintura:

“Dama Egipcia”

Material:

Óleo sobre lienzo.

Medidas:

N/S

Otros datos:

 

Sobre el pintor Carl Nys

Tenemos que hablar respecto a esta pintura del orientalismo, una corriente artística dada en el siglo XIX que se interesa por el Próximo y Medio Oriente, donde se representan determinados aspectos de las culturas orientales en Occidente por parte de escritores, diseñadores y artistas, que terminaron por convertirse en tópicos estereotipados. 

La campaña napoleónica en Egipto y Siria, la guerra de la independencia de Grecia, la guerra de Crimea y la apertura del canal de Suez contribuyeron a aumentar el interés por un exotismo profusamente documentado. 

En el romanticismo hubo una seducción por el oriente que cumplía con el mismo alejamiento de la realidad que el historicismo medievalista.  Washington Irving en Granada generó el tópico del exotismo español. Hay que citar las traducciones del Kama Sutra y Las Mil y una noches también para entender este movimiento.

Se pueden encontrar representaciones de “moros” y “turcos” en otras etapas artísticas desde el medievo, pero en el siglo XIX es cuando el orientalismo se torna en un tema. Destacan las representaciones de todo tipo de escenas inspiradas en escenarios de los países árabes del norte de África y Oriente Medio. Tanto en los paisajes como en los interiores se acentuaban los aspectos exóticos y sensuales, con fantásticos colores de ropajes y carnaciones seductoras, destacando escenas de baño y harenes que permitían representaciones de odaliscas en posturas comprometidas. Se valoraba el color, la textura y el exotismo. La sensualidad se veía aceptable en el exótico oriente. Este estilo tuvo su momento álgido en las Exposiciones universales de París de 1855 y 1867.

Pintores orientalistas destacados fueron: Jean Auguste Dominique Ingres, Eugéne Delacroix, Théodore Chasséireau, Eugéne Fromentin, Jean-Léon GérômeLéon BellyWillen de FamarsTestas, Gustave Guillaumet o Alexandre Roubtzoff. En España el principal ejemplo fue Mariano Fortuny que viajó a Marruecos donde quedó impresionado del pintoresquismo que veía. 

Las obras orientalistas se concretan en las culturas islámicas, hebrea y otras de origen semita, ya que eran las que visitaban los viajeros. La sensualidad puede verse en las odaliscas en un harem, recostadas de manera prototípica. Los europeos no tenían realmente tanto contacto con este mundo. 

La presencia europea en Egipto atrajo un número importante de viajeros occidentales al Oriente, de los que muchos capturaron sus impresiones a través de la pintura y el grabado. El gobierno francés publicó una edición de 24 volúmenes llamada Descripción de Egipto, en la que se ilustró fotografía, vida silvestre, flora y fauna, arquitectura monumental del antiguo Egipto, y población.

En esta pintura de Carl Nys vemos a una dama egipcia recostada en un gran salón con una vestimenta pintoresca, donde llama la atención los senos descubiertos, mientras juega con dos gatos blancos hay un tercero que nos mira. Al lado está la cesta vacía donde reposan estos animales domésticos, que tenían gran importancia en el Antiguo Egipto. La dama inclina la cabeza, y también deja ver uno de sus pies pese a la sandalia que lleva. Destacan las calidades de las telas, contexturas bien diferenciadas, aspecto que hemos dicho que buscaban estos pintores orientalistas. 

Al fondo se ve una columna, pinturas egipcias, una escultura de un personaje frontal y dos esculturas también de gatos, una abierta, lo que podría ser un ataúd, donde se muestra que está siendo pintada, posiblemente por esta dama. 

Esta pintura nos lleva a un mundo imaginario que buscaban estos pintores, muy estereotipado, colorido y sensual, en el que predomina una calma y sensualidad que nos invita a sentarnos junto la dama.

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Serenata cuadro de Adolphe Leleux

Serenata cuadro de Adolphe Leleux3

Cuadro Serenata de Adolphe Leleux

Características pintura “Serenata” de Leleux

Pintor:

Adolphe Leleux

Fecha/lugar creación:

1843

Título pintura:

“Serenata”

Material:

Óleo sobre lienzo.

Medidas:

N/S

Otros datos:

Apodo “Leleux le breton”

 

Sober el pintor Adolphe Pierre Leleux

Adolphe Pierre Leleux, nace el 15 de noviembre de 1812 en París y muere en la misma ciudad el 27 de julio de 1891. Es pintor y grabador, hermano mayor del también pintor Armand Lelux

Tenemos que decir que es un pintor autodidacta, que expuso en el Salón de París desde 1835. En este primer año, presenta escenas de la campiña de Picardía. En el género del grabado es formado en el estudio de Alexandre Vicent Sixdeneirs, aunque decidió dedicarse principalmente a la pintura en 1837. 

Descubrió Bretaña en 1838 y realiza muchas escenas de género inspiradas en el campo bretón, lo que le otorgó el apodo de “Leleux le breton”. En 1847 realizó una estancia en Constantino (Argelia) con Edmon Hédouin (pintor y grabador). Su inspiración luego se extenderá a Argelia, España, Morvan o los Pirineos. Una curiosidad es que en 1848 conoció al pintor Charles Chaplin, especialista en escenas de género y en la representación de mujeres. también era amigo de Théophille Gautier (poeta, novelista y crítico de arte) y Gérard de Nerval (escritor y poeta). Se considera un pintor realista post-romántico.

En colecciones públicas podemos encontrar obras en el Museo de Bellas Artes de Dijon, en el Quimper Museum of Fine Arts o en el Museo de arte e historia de Cognac. Los títulos de Salida de posada en Vendéeuna fiesta de bodas en BretañaDía de mercado en FinistéreLa depilación del trigo en Argelia El asalto de los chouans nos evocan a la temática referida.

 

Información y análisis el cuadro “Serenata” de Leleux

Hablemos del realismo que practica el pintor, un movimiento pictórico dado en Francia a mediados del siglo XIX, su mayor representante en Gustave Courbet. Destaca en este estilo la crudeza. Se suelen identificar los principios estéticos del realismo pictórico con los del realismo literario contemporáneo, en el que destaca Honoré de Balzac. Destaca el compromiso con las clases bajas y los movimientos políticos de izquierda. Su estética se basa en la representación directa de la realidad

Entendían que no hay temas banales, así que cualquier cuestión puede ser objeto de interés pictórico. Importa más la forma en que se representa la imagen que su desarrollo narrativo. La realidad no es una copia o imitación, pero si debe ajustarse a cierta verosimilitud. No se podía idealizar. En el romanticismo había idealización y evasión, aquí no, y se centran en temas de la vida cotidiana. 

Vemos en la pintura un tema de la vida cotidiana, de esas clases más bajas, del campo, y mostrándose con realismo como es esta serenata, tocada por instrumentos de cuerdas, algunos de cuerda frotada y otros punteada. 

Se abre una puerta de madera, donde se ve el celaje, vegetación y dos personajes al fondo oscuros, y sobre esta, en unos escalones se disponen estos músicos, algunos tocando, una mujer una pandereta, y otros cantando, aunque también hay algunos que no cantan, incluso vemos un personaje que se lleva algo a la boca, y un niño con un perro que parece estar pasando por ahí y que mira y escucha. Al fondo a la derecha se ven dos campesinos con una cabra en lo que parece ser su puerta. A la izquierda vemos ropa, sombrero y una vara de un personaje que se la ha desprendido de estos objetos en el momento de cantar.

Destacan los escorzos de los personajes, así como su iluminación, de tonos ocres, verdes y azules que resaltan con un blanco muy intenso. 

La sensación es que estamos viendo un momento puntual de una realidad de una manera muy real representado, como se prentendía con este estilo surgido en Francia que se extenderá por más países.

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